De Donald Trump a Roberto Giordano: el escándalo Epstein no para de arrastrar a políticos, aristócratas y empresarios
La reciente desclasificación de archivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos pone nuevos nombres en la lista de clientes, cómplices y relaciones del pederasta que se suicidó en prisión hace poco más de seis años. Una trama que muchos quisieron cerrar por su vínculo con el poder global, pero sigue extendiéndose como una mancha de aceite.
La desclasificaciòn de miles de mensajes, audios e imágenes vuelven a impulsar el caso Epstein.
Cuando Jeffrey Epstein se ahorcó en su celda del Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, el 10 de agosto de 2019, un gran suspiro de alivio recorrió despachos de presidentes y expresidentes, palacios de aristócratas y oficinas de varios de los más poderosos empresarios del planeta.
Dentro del selecto club del 1% de los más ricos del mundo se encuentra buena parte de los señalados como partícipes de la red de tráfico sexual y pedofilia por la que Epstein acabó en prisión y la presunción general era que muerto el perro se acabaría la rabia. Acostumbrados, ya sea por cuna o por billetera, a salir ilesos de sus “deslices”, los clientes y cómplices del finado apostaron a que la investigación acabaría ahí, con el adiós de la cara más visible del esquema.
Pero la hipótesis no se cumplió: desde entonces, el caso Epstein no ha dejado de expandirse como una mancha de aceite, pegajosa y testaruda, que cada día enchastra a un personaje nuevo y supura episodios que denotan los escabrosos comportamientos de lo más selecto de la elite global.
Hace una semana, las alarmas de ricos y famosos comenzaron a sonar de nuevo, a partir de la publicación por parte del Departamento de Defensa de la mayor cantidad de documentos compartidos por el gobierno estadounidense desde que una ley ordenara su publicación el año pasado. Se trata, nada menos, que de tres millones de páginas, 180.000 imágenes y 2.000 videos.
Una lista negra que no deja de crecer
Tras la muerte del cabecilla y con su pareja y mano derecha, Ghislaine Maxwell ya condenada a 20 años de prisión, los focos de la investigación están ahora puestos en los clientes a los que Epstein proveía mujeres jóvenes, en muchos casos menores de edad, y en su red de cómplices y facilitadores.
La reciente publicación de los archivos clasificados sacó a la luz nuevas vinculaciones, como las de los magnates Elon Musk y Richard Branson, la princesa heredera de Noruega Mette-Marit, el expresidente colombiano Andrés Pastrana, Sarah Fergusson y hasta el peluquero argentino Roberto Giordano, entre muchísimos otros políticos y empresarios de distintos países del mundo.
Los archivos muestran la relación de estos personajes con Epstein a partir de correos electrónicos, fotos e intercambios financieros, y así se suman a una larga lista en la que ya estaban figuras de la talla de Donald Trump, Bill Clinton, Bill Gates, Woody Allen, el príncipe Andrés de Inglaterra y el reconocido teórico de izquierda Noam Chomsky, quienes vuelven a aparecer con sorprendente intensidad en los nuevos documentos
No todos los mencionados en los archivos de Epstein están necesariamente implicados en sus actividades criminales (Elon Musk, por ejemplo, le pide en un correo electrónico ser invitado a una de sus "fiestas salvajes", aunque aparentemente no terminó acudiendo), pero de una manera u otra la mayor parte de ellos y ellas parecen estar al tanto de su rol como proxeneta y omitieron denunciarlo, cuando no se beneficiaron activamente de sus servicios.
De financista a proxeneta: el camino de Jeffrey Epstein al centro del poder
Durante las décadas de 1980 y 1990, Epstein logró ocupar un lugar ambiguo en la alta sociedad de Estados Unidos y Europa: no era una celebridad en el sentido estricto, pero orbitaba alrededor de ellas; no era un magnate con un imperio visible, pero se presentaba como asesor financiero de patrimonios extraordinarios. Ese perfil —más insinuado que demostrado— fue parte de su estrategia. Antes de convertirse en un nombre asociado a la explotación sexual de menores, Epstein había construido una narrativa de sofisticación: un hombre con acceso a multimillonarios, académicos influyentes, políticos y miembros de la aristocracia.
Con el tiempo, se fue haciendo de propiedades icónicas por el papel que tendrían en los relatos de las víctimas y en la investigación: una mansión en Manhattan, una residencia en Palm Beach y una isla privada en las Islas Vírgenes de Estados Unidos, que aparecería repetidamente en testimonios y en el imaginario público del caso.
Cuando en 2008 aceptó un acuerdo judicial en Florida por delitos vinculados a prostitución, ese episodio no lo expulsó del todo de los ambientes de élite: según reconstrucciones periodísticas (como el muy buen documental de Netflix dedicado al caso) y documentos policiales posteriores, siguió relacionándose con figuras prominentes, aun después de aquella condena.
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Un esquema de captación y explotación de mujeres jóvenes
El núcleo de las acusaciones contra Epstein describió un patrón: jóvenes —en numerosos casos menores de edad— eran atraídas con promesas de dinero fácil, “masajes” y favores, para luego ser sometidas a abuso sexual y, en algunos relatos, empujadas a captar a otras víctimas. La acusación federal presentada en 2019 por la fiscalía del Distrito Sur de Nueva York sostuvo que, entre 2002 y 2005, Epstein explotó sexualmente a decenas de menores, con ayuda de empleados y asociados, y que algunas víctimas eran pagadas para reclutar a otras.
De acuerdo a la acusación, ese mecanismo combinaba dinero, coacción psicológica y un entorno diseñado para que las denunciantes se sintieran aisladas o descreídas si hablaban. El caso tomó forma pública, fundamentalmente, por el trabajo de periodistas que localizaron a decenas de mujeres y reconstruyeron cómo, durante años, los reclamos chocaron con decisiones judiciales y acuerdos que limitaron la exposición penal del financista.
En este aspecto, fue fundamental la valentía de Virginia Giuffre, la más conocida de las víctimas de Epstein, quien fue la primera en animarse en alzar la voz y destapar los horrores de su modus operandi. Virginia proporcionó información clave para poder condenar a Ghislaine Maxwell en 2021, ex pareja y socia de Epstein, y, tras publicar un libro en el que contaba su historia, se suicido en abril del año pasado.
Ghislaine Maxwell: la rica heredera que compartió el liderazgo de la red
Dentro de ese universo, Ghislaine Maxwell apareció como figura central. Hija del magnate de medios Robert Maxwell, Maxwell se movía con soltura en entornos de riqueza y estatus. La justicia estadounidense concluyó que, durante años, no fue una mera acompañante social: el veredicto contra ella estableció que ayudó a reclutar y facilitar el abuso de menores por parte de Epstein.
Los fiscales describieron una lógica de “doble llave”: Epstein como cabecilla principal y Maxwell como engranaje indispensable para acercar víctimas, generar confianza, normalizar situaciones y reducir resistencias. En el esquema presentado en juicio, Maxwell también habría contribuido a crear un clima de complicidad, con tareas que iban desde la logística hasta la manipulación emocional de adolescentes.
Maxwell y Epstein
Ghislaine Maxwell y Jeffrey Epstein
A diferencia de Epstein, cuyo caso penal quedó truncado por su muerte, Maxwell sí llegó a juicio y fue condenada. En diciembre de 2021, un jurado la declaró culpable de cargos vinculados a la captación y facilitación del abuso sexual de menores. En junio de 2022, fue sentenciada a 20 años de prisión.
Un historial judicial polémico: el acuerdo de 2008 y la caída en 2019
El caso Epstein tuvo un antecedente crucial: el acuerdo de 2008 en Florida, frecuentemente citado como un ejemplo extremo de negociación favorable para un acusado poderoso, algo que el sistema judicial de Estados Unidos permite con demasiada frecuencia.
En aquel momento, tras una acusación que partió de una investigación del diario Miami Herald, Epstein aceptó declararse culpable en un proceso estatal y evitar una acusación federal más amplia mediante un acuerdo de no enjuiciamiento que, según una investigación posterior del propio Departamento de Justicia, buscaba cerrar la pesquisa federal.
La vida y las actividades de Epstein continuaron siendo mas o menos las mismas hasta el 6 de julio de 2019, cuando fue arrestado y se formalizaron cargos federales por tráfico sexual de menores y conspiración. La acusación, presentada en Manhattan, describió el esquema de pagos y captación, y ubicó hechos tanto en Nueva York como en Florida
Epstein se declaró no culpable. La justicia federal le negó el arresto domiciliario, y quedó detenido en el Metropolitan Correctional Center. En paralelo, la causa activó expectativas sobre eventuales complieces: la pregunta no era solo si el financista sería condenado, sino qué parte de su red —empleados, facilitadores, contactos— podría quedar expuesta en un juicio completo.
Ese juicio nunca llegó. El proceso penal contra Epstein terminó abruptamente con su muerte bajo custodia. La determinación oficial del médico forense de la ciudad de Nueva York concluyó que se trató de un suicidio por ahorcamiento. El informe del Inspector General del Departamento de Justicia afirmó que no encontró evidencias que contradijeran la conclusión de suicidio, pero documentó fallas graves de supervisión y condiciones irregulares en la unidad donde estaba alojado.
El inesperado vínculo entre Epstein y Roberto Giordano
Para la Argentina, la desclasificación de los nuevos documentos del caso Epstein generó una una derivación inesperada: la mención del estilista Roberto Giordano, quién falleció en 2024.
De acuerdo con reportes oficiales incluidos en la documentación, Epstein habría realizado transferencias de dinero a Giordano hace casi dos décadas. En concreto, se mencionan diversos giros de montos que rondaban los 500 dólares en 2006, desde una cuenta del financista en JP Morgan hacia una cuenta bancaria del peluquero radicada en Punta del Este. Estos movimientos abrieron interrogantes entre los investigadores sobre el destino de los fondos y una eventual vinculación con la contratación de modelos menores de edad, algo que por el momento no está aclarado y solo es de una de las líneas que atraviesa la investigación.
Confirman que JEFFREY EPSTEIN transfirió dinero a ROBERTO GIORDANO
La relación aparece contextualizada dentro del circuito social del principal balneario uruguayo, donde Giordano era una figura central del jet set argentina y uruguaya a través de sus célebres desfiles de moda.
Además, correos electrónicos incorporados a la causa muestran intercambios entre Epstein y el ex primer ministro israelí Ehud Barak, en los que el financista señalaba su intención de viajar a Punta del Este antes de mantener un encuentro con el dirigente, lo que refuerza la presencia del empresario en la región durante esos años.