Penitenciaría Nacional: la cárcel modelo que quedó en medio del barrio
La Penitenciaría Nacional se inauguró en 1877 sobre el camino del Chavango, la actual avenida Las Heras, en el predio que hoy también rodean Coronel Díaz, Juncal y Salguero. Fue el primer edificio proyectado específicamente para funcionar como cárcel en la Ciudad y se la pensó como prisión modelo, con talleres y disciplina. Allí se ejecutó a presos célebres como Severino Di Giovanni, y se asesinó a varios militares y civiles en los fusilamientos de junio de 1956, como el general Juan José Valle.
Se levantó en las afueras, sobre tierras de cultivo, pero la urbanización llegó rápido. Con el tiempo, la cárcel quedó en medio de un barrio en pleno crecimiento y terminó demolida cuando el desarrollo de la zona se volvió imparable. Según testimonios, los alrededores llegaron a conocerse como "la Tierra del Fuego", por la semejanza del edificio con el penal de Ushuaia.
La Penitenciaría Nacional de la actual avenida Las Heras.
Archivo General de la Nación
La demolición empezó en septiembre de 1961 y los muros, de siete metros de alto, cayeron con explosivos a partir de enero de 1962. Durante años el terreno quedó baldío; recién en la década del 80 se convirtió en el parque que hoy conocemos como Las Heras.
Debajo del césped, los cimientos de la Penitenciaría siguen enterrados. En 2020, arqueólogos excavaron en el parque para volver a mirar lo que quedó de la primera cárcel modelo del país.
El asilo de mujeres de San Telmo
Mientras los varones iban a Las Heras, las mujeres presas tenían su propia cárcel, en un edificio colonial. Sobre la calle Humberto Primo, los jesuitas empezaron en 1735 a construir un templo, un colegio y una casa de ejercicios espirituales.
La historia posterior del edificio es un resumen de la ciudad: fue depósito y cuartel durante las Invasiones Inglesas, hospital militar, hospicio de enfermos mentales y la llamada Penitenciaría de la Residencia, donde se alojaba a mujeres y deudores.
El 15 de enero de 1890 pasó a manos de las monjas del Buen Pastor, una congregación francesa con experiencia en institutos de detención femeninos, que quedó a cargo de la Cárcel de Mujeres y del Correccional de Menores. Según el Servicio Penitenciario Federal, por allí pasaron centenares de mujeres y niñas alojadas "en convivencia" por las más diversas causas.
El Museo Penitenciario Argentino, en Humberto Primo 378.
Truenito
Entre sus presas hubo nombres conocidos: la escritora Victoria Ocampo estuvo detenida allí en 1953, y en 1955 pasaron por el asilo 32 diputadas y senadoras del Partido Peronista Femenino.
En 1971, la fuga de un grupo de presas políticas volvió insostenible la administración religiosa. En 1974 las monjas dejaron el lugar, el Servicio Penitenciario Federal tomó el control y las mujeres fueron trasladadas a Ezeiza.
El 4 de diciembre de 1980 se inauguró en la planta baja el Museo Penitenciario Argentino Antonio Ballvé, que lleva el nombre de quien dirigió la Penitenciaría Nacional entre 1904 y 1909. Está en Humberto Primo 378 y guarda el archivo histórico del Servicio Penitenciario Federal.
Caseros: dos cárceles en Parque Patricios
En el predio que delimitan la avenida Caseros y las calles Pichincha, Pasco y 15 de Noviembre de 1889 funcionaron dos cárceles, una pegada a la otra. La más antigua, de fines del siglo XIX, nació como una institución de corrección para varones menores antes de convertirse en prisión de procesados. Se la conocía como Cárcel de Encausados.
La segunda, la que todos recuerdan, fue una torre inaugurada en abril de 1979, en plena dictadura. Ideada en 1960 por la Comisión Nacional de Construcciones Penitenciarias, se levantaba, con forma de H, como una mole de cemento en medio del barrio.
Se vació entre 2000 y 2001 y su destino se discutió durante años. Los vecinos habían luchado para sacar la cárcel del barrio, pero no hubo implosión: el Ministerio de Justicia desestimó la voladura a pedido del hospital Garrahan, que está a metros. A fines de 2002, la Legislatura porteña aprobó, con 39 votos a favor y uno en contra, la rezonificación que permitía demoler las torres y reciclar parte de los muros y las torretas de las esquinas.
La antigua cárcel de Caseros.
La torre desapareció tras años de trámites. En pie quedó el edificio viejo, con su anillo perimetral protegido patrimonialmente. Entre esas ruinas se llegó a filmar la serie El Marginal.
En 2019, el Gobierno porteño anunció que convertiría el edificio en la nueva sede del Ministerio de Economía y de la AGIP, con unos 4.700 trabajadores. En octubre de 2020, la Ciudad frenó el proyecto después de que la Nación cancelara el préstamo previsto.
Devoto, la cárcel que iba a ser hospital
El 2 de mayo de 1927 se inauguró en Villa Devoto una cárcel para contraventores y procesados que esperaban sentencia. Un decreto de 1923 había ordenado construirla en un terreno donado por la familia Visillac, donde en un principio iba a levantarse un hospital.
La idea era ubicarla lejos de las zonas urbanizadas. Casi cien años después, quedó rodeada de casas, en el predio delimitado por las calles Bermúdez, Nogoyá, Desaguadero y Pedro Lozano.
Su historia estuvo atravesada por los momentos más duros del país. El 25 de mayo de 1973, el día en que asumió Héctor Cámpora, salieron en libertad presos políticos de varios penales, entre ellos Devoto, en el episodio conocido como el Devotazo. El 14 de marzo de 1978, en plena dictadura, murieron unos 64 detenidos en la Masacre del Pabellón Séptimo, también llamada el motín de los colchones.
La historia de la Cárcel de Devoto llega a su fin.
SPF
Durante el terrorismo de Estado, unos 1.200 detenidos ilegales pasaron por el penal para ser "blanqueados", es decir, incorporados al sistema penitenciario legal. En abril de 2020, en plena pandemia, un motín dejó colgada una bandera con el mensaje "Nos negamos a morir en la cárcel".
El cierre estaba en los papeles desde 2018, cuando el Gobierno porteño anunció el traslado de los presos a Marcos Paz, con una mudanza prevista en principio para 2021, y que se inició a mediados de octubre de 2026.
Cinco cárceles, un mismo mapa
Varias de estas cárceles se pensaron para las afueras y la Ciudad terminó rodeándolas. Pasó con la Penitenciaría de Las Heras, con Devoto y, en cierta medida, con Caseros, en un barrio que históricamente fue periférico y que se llenó de edificios y de vecinos.
Hoy una es un parque, otra es un museo frente a la Plaza de Mayo, otra es un museo en San Telmo y otra es un predio que la Ciudad quiso transformar en oficinas. Paradójicamente, los lugares de encierro terminaron siendo espacios de paseo, estudio o memoria. La quinta, Devoto, está terminando de vaciarse. Ahora la pregunta es qué será de ella.