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Confesó 79 ataques y fue descubierto por una carta: la historia del asesino serial conocido como el Vampiro de Düsseldorf

Él se convirtió en un desafío para la policía alemana y un punto de inflexión en la criminología moderna.

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  • La figura del llamado Vampiro de Düsseldorf vuelve a estar en el centro de la escena con la reaparición de documentos e investigaciones que profundizan en su temible historial criminal. Considerado uno de los asesinos seriales más perturbadores del siglo XX, su nombre sigue despertando inquietud y miedo.

    A medida que avanzaba la investigación en aquel entonces, surgieron pistas que parecían conducir a distintos sospechosos, pero ninguna encajaba del todo. Los ataques, que se multiplicaban con patrones similares, mantenían en vilo a toda una ciudad. El giro inesperado llegó cuando una simple carta abrió la puerta a la verdad.

    Quién era el Vampiro de Düsseldorf y cómo fue descubierto

    La historia de Peter Kürten suele contarse como la del “monstruo”, el “vampiro”, el asesino serial que estremeció a Alemania en los años ’20. Pero detrás de la fascinación morbosa con la figura del criminal queda invisibilizada la trama estructural que permitió que sus ataques contra mujeres y niños se prolongaran durante tanto tiempo.

    Mientras la prensa de la época lo convertía en un personaje casi literario, su violencia respondía al mismo entramado patriarcal que aún hoy sostiene la desigual valoración de las vidas femeninas y disidencias. Sus víctimas fueron, en su mayoría, mujeres que vivían en condiciones de vulnerabilidad, expuestas a un sistema que no las protegía ni escuchaba.

    La incapacidad de las autoridades para identificarlo durante meses tampoco puede leerse solo como una falla policial. Muchas de sus víctimas habían denunciado previamente situaciones de abuso o habían sido desestimadas por los médicos y funcionarios que minimizaban sus testimonios bajo estereotipos de género.

    La duda sistemática hacia las mujeres permitió que Kürten actuara con soltura. De hecho, aun cuando una sobreviviente aportó datos claves, su relato tardó en ser tomado con la seriedad que merecía.

    Durante 1929 y 1930 cometió una serie de ataques, violaciones y asesinatos que sembraron pánico en toda Alemania. Su modus operandi incluía apuñalamientos, estrangulamientos y agresiones brutales; obtenía placer al ver sangre, lo que le valió el apodo de Vampiro.

    El caso, convertido luego en un fenómeno mediático, también reflejó la tendencia histórica a centrar la atención en el agresor, su psicología y su pasado, mientras las víctimas quedaban relegadas a nombres en una lista.

    Revisar la historia del llamado “Vampiro de Düsseldorf” no es solo un ejercicio crítico, sino una forma de fortalecer la memoria colectiva y reconocer que la lucha contra la violencia de género implica también desmontar los relatos que la encubren o la convierten en espectáculo.

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