La pérdida del control: el Gobierno y una agenda que ya no ordena

La semana que pasó fue crítica para la gestión libertaria por la pérdida de un activo fundamental: el dominio de las discusiones públicas. La mezcla de mezquindad política con negación de la realidad, mala gestión y una corrupción creciente explica el momento político.

La semana que pasó fue crítica para el Gobierno por la pérdida de un activo fundamental para la gestión libertaria: el dominio de las discusiones públicas. No es la primera vez que sucede en estos dos años de gestión y probablemente no sea la última, pero nunca había estado tan en consonancia con una situación social y económica que es cada vez más complicada.

La velocidad con la que el Gobierno perdió el capital político obtenido en las últimas elecciones es sorprendente, sobre todo si se toma en cuenta que se vio más reflejado en la calle que en el palacio. En efecto, la aprobación de la reforma laboral y, antes, del Presupuesto fue un gran triunfo sustentado en acuerdos de cúpula más que en preocupaciones sociales reales. Lo llamativo es que esa pérdida de encanto de la narrativa parece trasladarse a todos los aspectos.

Como primer ejemplo podemos tomar el bochornoso video difundido en conmemoración del aniversario número 50 del golpe militar. El audiovisual, de más de una hora, buscaba reinstalar la teoría de los dos demonios, como ya ha sucedido en años anteriores. Pero, en esta ocasión, ni siquiera sirvió para provocar o para generar discusiones acaloradas. Fue ignorado casi por completo y no formó parte del debate.

Es más, las visualizaciones cayeron casi un 90% en relación con materiales similares de los dos años previos. Ni siquiera a los propios les importó lo que opinara el Gobierno acerca de la última dictadura. Mientras tanto, la movilización fue masiva en grado extremo y transversal, contradiciendo la prédica oficial de que sólo el kirchnerismo y la izquierda marchan.

Algo parecido sucedió con el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), que mostró una mejora intermensual del 0,4% e interanual del 1,9%. El ministro Luis Caputo y su equipo fueron a los programas de televisión y stream amigos a difundir esta buena nueva, pero eso no tuvo ningún efecto en una arena pública monopolizada por las discusiones sobre el derrumbe del consumo, el cierre de empresas y las pérdidas de puestos de trabajo.

El dato vinculado al poder adquisitivo tampoco ayudó a esparcir el optimismo oficial. Según lo publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), los ingresos formales crecieron en promedio un 2% mensual, frente a un aumento de precios del 2,9%. La caída explica, en parte, la baja en el consumo, el cierre de empresas y -sobre todo- la degradación en la estima social de la figura del presidente Javier Milei y su gestión.

Según una encuesta de la consultora brasileña Atlas Intel, la percepción sobre la situación económica muestra un deterioro marcado: el 74% de los argentinos califica como negativa la situación del mercado laboral, mientras que un 65% tiene la misma visión sobre la economía en general. En línea con ese clima, el pesimismo también impacta en el consumo: el 57,2% anticipa que reducirá sus compras en los próximos meses.

En este contexto, la desaprobación del Presidente sube por tercer mes consecutivo y alcanza el 61,6%, el nivel más alto desde el inicio de su gestión. En paralelo, la aprobación cae a su piso, ubicándose en 36,4%. Asimismo, la valoración negativa de la gestión crece por segundo mes y ya supera el 57,4%. Los números son dramáticos, pero no definitivos, y en el Gobierno hay confianza en que se pueden revertir "cuando el crecimiento llegue a otros sectores", pero las herramientas y la voluntad para que eso suceda no parecen estar a la vista.

Las investigaciones por el caso $LIBRA y el affaire Adorni también han mostrado la falta de control sobre la agenda que sufre el Gobierno hoy. El propio jefe de Gabinete creyó que su arma más eficaz en los tiempos de vocería serviría para frenar el escándalo. Pasó todo lo contrario. El ministro se mostró nervioso, profundamente agresivo con los periodistas que le preguntaron y no aclaró nada.

Más allá del respaldo que sigue teniendo, está claro que es un "tocado". Si se sostiene por más tiempo que Diego Spagnuolo, Demian Reidel y José Luis Espert es porque Karina Milei suele defender mejor a los suyos que su hermano. Y también porque buscar reemplazante para Manuel Adorni implicaría profundizar una interna con otros sectores del Gobierno. Hoy, el horno no está para esos bollos.

Ni siquiera la extraordinaria noticia que trajo la decisión de un Tribunal de alzada norteamericano en torno a la expropiación de YPF trajo un cambio en la tendencia de la que hablamos. Aunque supone un gran alivio para el Gobierno -y para la Argentina toda- el Presidente desaprovechó la oportunidad de recuperar una agenda positiva en su intento de confrontar con el kirchnerismo. Esa idea de "resolvimos lo que se había hecho mal" se da de bruces con la decisión de la Justicia de los Estados Unidos, que dictaminó que la recuperación estuvo bien hecha, algo sostenido por los estudios de abogados contratados por nuestro país a lo largo de cuatro gestiones distintas. La mezcla de mezquindad política con negación de la realidad, mala gestión y una corrupción creciente explica el momento político. La base material, más temprano que tarde, se termina imponiendo al campo simbólico.