Argentina y su poder blando: la contracultura más influyente del planeta

El reciente Mundial 2026 reavivó una disputa de narrativas. Frente a las acusaciones de racismo impulsadas por los imperios coloniales, la cultura argentina se erige como un "soft power" genuino e incontrolable. Datos, historia y una política de asimilación cívica única en el mundo que desmienten el relato hegemónico y explican por qué somos la contracultura más influyente del planeta.

El reciente Mundial 2026 reavivó una pregunta de fondo: ¿de dónde saca Argentina su influencia global si no tiene ni el poderío económico ni el aparato diplomático de las grandes potencias? La respuesta está en un concepto que Joseph Nye acuñó a fines de los 80: el soft power, la capacidad de un país de influir en el mundo por atracción y no por coerción. En términos simples, el arte de lograr que otros quieran lo que vos representás, sin gastar un dólar en eso.

El caso argentino rompe el manual clásico. No tenemos Hollywood, no tenemos un aparato estatal de diplomacia cultural como Corea del Sur con el K-pop. Lo que tenemos es pasión genuina, incontrolable, y una cantera de figuras que el mundo adoptó como propias.

La diplomacia de los botines

Más allá de exportar talento individual, el fútbol argentino genera un nivel de identificación emocional transnacional poco común. El mejor ejemplo reciente es la "Scaloneta". La aprehensión de los símbolos argentinos en Bangladesh e India demuestra cómo un fenómeno popular logra una penetración cultural que la diplomacia tradicional tardaría décadas en construir, generando una simpatía masiva que abre puertas políticas y comerciales.

El rol de Leo Messi como figura argentina es, junto a Maradona, una de las mejores representaciones del país en el extranjero. Ser el mejor futbolista de la historia, junto a su ejemplo de disciplina, humildad y lealtad, lo hace más “exportable” institucionalmente. Su reciente despedida mundialista, llevando a su selección a la final de la Copa del Mundo con un nivel futbolístico increíble a sus 39 años, denota que aún en la derrota el ámbito internacional lo trata con cariño y reconocimiento, algo que trasciende el resultado deportivo y deja el ejemplo a miles de personas.

Messi minutos después de perder la Copa del Mundo 2026, contemplando a la hinchada argentina mientras llora. Foto: Stephanie Scarbrough - AP.

Messi minutos después de perder la Copa del Mundo 2026, contemplando a la hinchada argentina mientras llora. Foto: Stephanie Scarbrough - AP.

Messi minutos después de perder la Copa del Mundo 2026, contemplando a la hinchada argentina mientras llora. Foto: Stephanie Scarbrough - AP.

Diego Maradona, siendo predecesor de Messi, no fue solo un jugador, sino un símbolo político: su gran partido frente a los ingleses en el 86´ haciendo un gol con la mano a la potencia que ocupa las Islas Malvinas, junto al gol del siglo, lo convirtió en una figura de resistencia y lucha simbólica.

Su rol en Napoli, jugando en el olvidado sur de Italia en contra los clubes grandes del norte italiano, llenó de orgullo a una zona desfavorecida y por lo tanto logró un culto semejante a una religión por parte de los napolitanos.

El nuevo altar de Maradona está en la vía Emanuele de Deo en Nápoles. Foto: Getty Images

El nuevo altar de Maradona está en la vía Emanuele de Deo en Nápoles. Foto: Getty Images

Es por esto que su figura ha sido representada y valorada por varios de los pueblos oprimidos del planeta, como en África, Asia o incluso en movimientos independentistas en Europa. Esto tiene que ver con el “pibe” que le ganó a las estructuras de poder (fue contra Inglaterra, fue contra la FIFA, hasta incluso contra su propio cuerpo).

“En cada beso y cada abrazo encontré un amigo”, describió emocionado Maradona luego de una visita solidaria en Sudáfrica, 2010. Foto: EFE.

“En cada beso y cada abrazo encontré un amigo”, describió emocionado Maradona luego de una visita solidaria en Sudáfrica, 2010. Foto: EFE.

Argentina tiene fuentes inagotables de expansión cultural

El Papa Francisco también es otra figura importantísima en la historia argentina, debido a su rol poco ortodoxo y revolucionario dentro de la iglesia católica, ya que siempre puso como protagonista a los más pobres del mundo. Su bondad, humildad y acción se complementan con los roles de Messi y Maradona, demostrando que el ser argentino es también pensar en el de al lado.

El Papa Francisco en Asunción en 2015. “El Papa de los pobres”. Foto: CNS.

El Papa Francisco en Asunción en 2015. “El Papa de los pobres”. Foto: CNS.

Otro grande para el mundo es René Favaloro, el creador del bypass coronario que estandarizó la técnica sin cobrar patentes, lo que salvó y salva a millones de vidas a diario. René dedicó su vida a la medicina social, el humanismo y la democratización del acceso a la salud de excelencia, priorizando siempre a su país por sobre el éxito económico individual.

En esa misma línea, Ernesto el “Che” Guevara, fue un argentino que encarnó la palabra revolución a la perfección. Símbolo de resistencia mundial frente a la colonización, es otra forma de demostrar que el argentino está del lado de los que sufren opresión.

La matriz jurídica de esa identidad

Esto no es casualidad ni un relato lindo, sino que tiene una base concreta: el artículo 20 de la Constitución Nacional, que extiende los beneficios de la libertad "para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino". Esa apertura jurídica temprana construyó un país de asimilación rápida, y no fue solo letra: se forjó en el campo de batalla, con figuras como María Remedios del Valle, mujer afroargentina nombrada Capitana del Ejército por Belgrano, y Juana Azurduy, líder guerrillera nombrada Teniente Coronela. La independencia argentina fue, desde el arranque, una construcción mestiza.

María Remedios del Valle junto a Manuel Belgrano en el actual billete de 10.000.

María Remedios del Valle junto a Manuel Belgrano en el actual billete de 10.000.

El argentino es, por lo tanto, la mezcla de todas esas naciones que encontraron un refugio seguro para su trabajo y realización como seres humanos. Quizás es eso lo que hace a la Argentina grande, empática y siempre del lado de los más desfavorecidos. Quizás es eso lo que nos hizo parir a Messi, Bergoglio, Maradona, Eva Perón, Favaloro, Mercedes Sosa, el Che Guevara, entre otros.

Argentinos afrodescendientes tomando mate. Fuente: Caras y Caretas.

Argentinos afrodescendientes tomando mate. Fuente: Caras y Caretas.

¿Quién le debe una disculpa a quién?

Quienes no ocupan el lugar de la periferia global suelen señalar el gol con la mano a Inglaterra, o la personalidad de los jugadores argentinos, como algo deplorable y salvaje. Es el rol de siempre: América Latina como los "violentos", los que todavía tienen que pedir perdón -como se le exigió a la Argentina en este mundial-.

Resulta curioso este discurso internacional contra Argentina, presente en redes sociales y hasta en conferencias de prensa de jugadores europeos. América Latina siempre debe pedir perdón, como si fuéramos los que todavía no aprendimos, los maleducados del escenario internacional. En el fondo, nos quieren hacer creer que no aprendimos bien de quienes nos "educaron" a través de la colonización. Pero la realidad es otra: quienes deberían pedir perdón al mundo son ellos.

La colonización de África, Asia y América no fue un hecho menor. Sin embargo, estas organizaciones deportivas prefieren borrar el pasado con un discurso prolijo y amable. Por suerte, los argentinos -y el resto del tercer mundo- conocemos de historia.

Tras la Conferencia de Berlín (1884-1885), Europa se repartió toda África, con la excepción de Etiopía y Liberia. Fuente: Wikipedia

Tras la Conferencia de Berlín (1884-1885), Europa se repartió toda África, con la excepción de Etiopía y Liberia. Fuente: Wikipedia

El verdadero prontuario colonial

El Imperio Británico colonizó más de 50 territorios y sus políticas causaron decenas de millones de muertes, entre ellas las hambrunas en India, que cobraron entre 1,5 y 3 millones de vidas. España, por su parte, colonizó la mayor parte de América, Filipinas y zonas de África: el colapso demográfico indígena derivado de la conquista, las enfermedades y el trabajo forzado se estima entre 10 y 50 millones de personas, y ya en la era contemporánea el Estado español participó financiera y militarmente en la Guerra de Irak.

Francia, con más de 20 países colonizados en África y el Sudeste Asiático, dejó millones de víctimas a lo largo de los siglos -solo en la Guerra de Argelia se calculan hasta 1,5 millones de muertos- y mantuvo un rol activo financiando e interviniendo militarmente en naciones africanas y en Libia. Bélgica, con el dominio del Congo, Ruanda y Burundi, protagonizó una explotación del caucho que masacró a un estimado de 10 millones de personas.

Las milicias belgas les cortaban las manos como castigo a los nativos del Congo. Fuente: BBC.

Estados Unidos, finalmente, cimentó su hegemonía interviniendo directa e indirectamente en decenas de países periféricos: la Guerra de Vietnam (2 a 3 millones de muertos), las invasiones de Irak y Afganistán, y el respaldo a dictaduras latinoamericanas suman, en conjunto, millones de víctimas.

Conclusiones

Lo curioso es que Argentina tiene un soft power de potencia mundial, pero no está institucionalizado. No existe una estrategia de Estado que capitalice sistemáticamente el "efecto Messi/Maradona" en turismo, inversión o posicionamiento diplomático. Es un activo que existe a pesar del Estado, no gracias a él.

Por eso el soft power argentino es genuino, espontáneo, y nace de lo más profundo de la argentinidad. ¿Qué sería de nuestro país si pudiéramos enmarcar ese poder blando dentro de una planificación estatal real? ¿Hasta dónde podríamos llegar si a esa pasión la acompañara desarrollo y crecimiento económico? Quizás sea momento de tomar ese mismo rasgo pasional que nos caracteriza y volcarlo también a la política nacional e internacional.

Es así que quienes ejercen el poder mundial a través del hard power buscan quebrar el soft power argentino instalando el discurso de que somos nosotros los racistas. Pero, como repasamos en esta columna con hechos comprobados e historia mediante, quienes discriminan por color de piel, religión o nacionalidad son, precisamente, quienes hoy señalan a los argentinos.

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