La escalada entre Irán y Estados Unidos sumó este domingo un nuevo capítulo de alta tensión, luego de que el presidente Donald Trump amenazara con destruir instalaciones energéticas iraníes si no se restablece la libre circulación en el estratégico estrecho de Ormuz.
"Si Irán no abre completamente, sin amenazas, el estrecho de Ormuz, dentro de las 48 horas siguientes desde este preciso momento, Estados Unidos atacará y destruirá sus diversas plantas de energía, ¡comenzando por la más grande!", manifestó el presidente de los Estados Unidos en las últimas horas.
Desde Teherán, la respuesta no tardó en llegar. Voceros militares advirtieron que cualquier ataque contra su infraestructura tendrá consecuencias directas sobre objetivos energéticos y tecnológicos vinculados tanto a Washington como a Israel en la región. La advertencia incluyó posibles acciones sobre instalaciones clave, en un mensaje que eleva el riesgo de un conflicto de mayor escala.
"Tras las advertencias previas, si el enemigo vulnera la infraestructura energética y de combustible de Irán, toda la infraestructura energética, de tecnología de la información y de desalinización perteneciente a Estados Unidos y al régimen sionista en la región será atacada", prometió el gobierno de Estados Unidos.
El trasfondo del cruce es el control del estrecho de Ormuz, un corredor vital por donde circula una porción significativa del petróleo global. En los últimos días, Irán restringió de forma casi total el paso de embarcaciones, en especial aquellas asociadas a países considerados enemigos, lo que impactó de inmediato en los precios internacionales de la energía.
Mientras tanto, autoridades iraníes sostienen que la vía marítima no está completamente cerrada, aunque sí condicionada para determinados buques. En paralelo, desde Washington se impulsa la conformación de una fuerza naval internacional para garantizar la seguridad de la navegación, una iniciativa que, por ahora, no logró respaldo unánime de potencias clave.