El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reafirmó este lunes su intención de tomar el control de Groenlandia, alegando “motivos de seguridad nacional”. La declaración reaviva una disputa geopolítica con Dinamarca y la Unión Europea, tras la decisión del mandatario de avanzar en una estrategia de anexión sobre el territorio ártico, cuya posición estratégica considera vital para la defensa estadounidense.
La tensión diplomática escaló tras la designación del gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial para Groenlandia. Ante esta medida, la cancillería danesa convocó de urgencia al embajador estadounidense para expresar su rechazo, mientras Trump insiste en que la isla es un objetivo prioritario. Por su parte, Landry fue explícito al asegurar que trabajará para que el territorio termine convirtiéndose en “parte de Estados Unidos”.
Durante una conferencia en Florida, el mandatario aclaró que su interés no es meramente económico: “Necesitamos Groenlandia por motivos de seguridad nacional. No por los minerales”. Trump justificó su postura denunciando una supuesta incursión de potencias extranjeras en la región. “Si mirás Groenlandia, si recorres su costa de punta a punta, vas a ver barcos rusos y chinos por todas partes”, afirmó sin presentar pruebas adicionales.
El presidente también cuestionó los derechos históricos de Dinamarca sobre la isla, minimizando su presencia de tres siglos. “Dicen que Dinamarca estuvo ahí hace unos 300 años con un barco. Bueno, estoy seguro de que nosotros también estuvimos allí con barcos. Así que habrá que averiguarlo”, sostuvo el republicano, en una interpretación histórica que fue rechazada de inmediato por especialistas y funcionarios del bloque europeo.
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Lejos de buscar una salida negociada, el mandatario norteamericano endureció su discurso frente a la negativa danesa. “La necesitamos para la seguridad nacional. Tenemos que tenerla”, subrayó. El gobierno danés, que ejerce la tutela sobre la isla, mantiene su postura de que el territorio no está en venta.
Este movimiento se inscribe en una política exterior de alta confrontación que marcó el regreso de Trump al poder. La pretensión sobre Groenlandia se suma a la reciente presión sobre los aliados de la OTAN para quintuplicar su gasto en defensa, los ataques a Venezuela y las polémicas referencias a Canadá.