La crisis habitacional en Argentina cruzó una línea roja. Tener trabajo o una jubilación ya no es garantía de mantener un techo bajo la política económica de desregulación y ajuste de Javier Milei. Lo que antes era una problemática ligada a la vulnerabilidad social extrema, hoy se transformó en un fenómeno masivo que los especialistas denominan "desalojo económico": familias de clase trabajadora y jubilados que, de un día para el otro, se quedan en la calle al no poder afrontar los altísimos costos de los alquileres.
El diagnóstico oficial ya le pone números a esta tragedia. El Primer Relevamiento Nacional de Personas en Situación de Calle, finalizado en abril de 2026 por el Ministerio de Capital Humano (en cumplimiento de la Ley N° 27.654), identificó a 9.421 personas en situación de calle en 19 jurisdicciones del país.
El dato más revelador del impacto reciente de las políticas económicas es que el 60% de ellos quedó en esa situación en los últimos dos años, coincidiendo con la escalada inflacionaria y la pérdida del poder adquisitivo. Además, el informe destaca que el 83% son varones.
Personas en situación de calle en la recorrida de Amigos en el camino
Personas en situación de calle en la recorrida de Amigos en el camino.
Imagen mejorada con IA/Redes sociales
Historias con nombre propio: el mapa del desalojo
Esta realidad no se reduce a estadísticas; se traduce en vidas rotas a lo largo y ancho del territorio nacional. En la Ciudad de Buenos Aires, el caso de Ernesto Kenny, un jubilado con discapacidad desalojado de su departamento en Recoleta por no poder pagar el alquiler ni las expensas, expone la desprotección total de los adultos mayores. En el conurbano bonaerense, a Guillermo Thot lo desalojaron en Temperley del taller donde trabajaba y vivía con cinco mascotas, también por falta de pago.
El drama se federaliza con crudeza en las grandes ciudades del interior como Rosario, donde una familia de cuatro (Adrián, Sabrina, su hijo de 15 años y el abuelo de 70) vivieron un mes entero bajo un árbol en una plaza céntrica, frente a la Maternidad Martin, tras quedarse sin empleo y ser expulsados del mercado inmobiliario.
En Neuquén, el periodista Juan Manuel Curcho (movilero de LU5 AM) fue testigo el pasado 20 de mayo de la marginalidad extrema: mientras tomaba imágenes de la basura en la zona oeste de la capital provincial, descubrió a dos adultos jóvenes viviendo y durmiendo dentro de un caño pluvial de desagüe.
La familia de Rosario durmió un mes en una plaza: “No queremos que llegue la noche”.
La familia de Rosario durmió un mes en una plaza: “No queremos que llegue la noche”.
Redes sociales
"El volumen de gente es abrumador": el panorama desolador que enfrentan los voluntarios
La Asociación Civil sin fines de lucro Amigos en el Camino funciona como una red de contención que asiste a 1.200 personas en situación de calle desde hace 14 años, y hoy está "desbordada".
Mónica De Russis, directora ejecutiva, remarcó a C5N que trabajan de forma independiente, sin subsidios estatales y sin apoyo de partidos políticos o instituciones religiosas. "El riesgo de quedar en situación de calle crece segundo a segundo. Hay gente que tiene uno o dos trabajos y no le alcanza si está pagando un alquiler. Cada vez se va achicando más y llegan con un estado de depresión grande a pedir ayuda. Es abrumador", afirmó.
La activista aseguró que la demanda telefónica y por WhatsApp es incesante: "No damos abasto con todo lo que tenemos. El volumen de gente que vemos en situación de calle, más todos los que están en riesgo de estarlo, es abrumador".
La titular de la ONG describió la disyuntiva a la que se enfrentan miles de argentinos: "No comen, porque la plata es para la comida o para el alquiler y las expensas. Hay personas que con mucha vergüenza te llaman, te escriben o se acercan en las recorridas para pedirte ayuda. Es muy angustiante todo. Ni hablar de los jubilados...".
Amigos en el Camino: cómo ayudar
El drama de los inquilinos
De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional Inquilina, el mercado inmobiliario desregulado generó una transferencia de ingresos brutal y, como consecuencia, 1 de cada 3 inquilinos destina entre el 60% y el 100% de sus ingresos netos exclusivamente a pagar el techo.
Estas personas quedan expuestas a que cualquier imprevisto, como una enfermedad o el aumento del transporte, los empuje a la calle. Con contratos que imponen aumentos cada tres o cuatro meses, una presión que soporta el 70% de los encuestados, la estabilidad habitacional desapareció, según la organización Inquilinos Agrupados.
Para no perder la vivienda, las familias entran en un círculo vicioso de endeudamiento:
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El 70.9% de los inquilinos hoy tiene deudas.
El 53.2% se endeuda para poder comprar alimentos.
El 38.9% recurre al endeudamiento para pagar el alquiler.
Estos números determinan un ajuste alimentario: el 65.1% debió recortar comida. Casi el 30% de los inquilinos realiza solo una o dos comidas al día, una cifra que trepa dramáticamente al 41.7% en el caso de los jubilados.
Las zonas más críticas del país
El fenómeno del desalojo económico golpea con diferente intensidad, marcando a algunas provincias como puntos calientes de expulsión de las viviendas por falta de pago: al tope de los inquilinos que se mudaron por no poder pagar el nuevo monto del alquiler está Neuquén, con el 33.3%; le sigue Córdoba, con 23.1%; la Provincia de Buenos Aires, con 20.2%; Santa Fe, con 11.9%, y la Ciudad de Buenos Aires, con 9.4%.
La situación en Neuquén es la más alarmante: uno de cada tres inquilinos se vio obligado a rescindir o dejar su hogar por la imposibilidad de costearlo, duplicando la media nacional del deterioro habitacional. Hay personas, aún con una familia constituida, que vuelven a vivir con sus padres, otros familiares, amigos, y otras que no tienen esta contención y se van a la calle.
Javier Milei logró cambiar el paradigma de que los argentinos más vulnerables, las personas de los sectores más postergados, históricamente son quienes se quedan en la calle. Hoy está siendo habitada por familias trabajadoras que, a pesar de tener jornadas laborales completas, hasta tres trabajos cada uno, ven cómo la brecha entre sus salarios y los precios de los alquileres convierte al derecho a la vivienda en un privilegio.