Durante los meses de invierno, Bariloche se transforma en uno de los centros turísticos más concurridos del país. Sus paisajes de montaña, sus lagos de origen glaciar y la variedad de actividades al aire libre la convierten en una opción elegida por miles de visitantes cada año. Sin embargo, más allá de los circuitos tradicionales, existen rincones que escapan al radar del turismo convencional y que preservan intacta la esencia natural del sur argentino.
Uno de esos lugares se encuentra dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, una vasta área protegida que supera las 700 mil hectáreas y que guarda, entre sus senderos y bosques, verdaderos tesoros naturales. A escasos 35 kilómetros del centro de Bariloche, se abre paso un lago que combina aguas serenas, entorno agreste y un acceso relativamente sencillo.
Su nombre es Lago Guillelmo, y si bien no figura entre los destinos más visitados de la región, ofrece una alternativa distinta para quienes buscan naturaleza en estado puro.
La zona sufrió el impacto de incendios forestales en años recientes, lo cual limitó su desarrollo turístico. Aun así, conserva un atractivo intacto para quienes desean alejarse de los circuitos más transitados.
Lago Guillelmo
Alfredo Leiva
Dónde queda Lago Guillelmo
El Lago Guillelmo se encuentra en el sector sur del Parque Nacional Nahuel Huapi, próximo a la pequeña localidad de Villa Mascardi, y muy cerca del trayecto que conecta Bariloche con El Bolsón por la Ruta Nacional 40. El acceso al lago está ubicado a poco más de 35 kilómetros del centro barilochense, lo que permite una escapada corta para disfrutar de sus aguas claras y su entorno silencioso, alejado del bullicio turístico.
Se trata de un lago de origen glaciar, ubicado a una altitud de aproximadamente 850 metros sobre el nivel del mar, cuyas costas son frecuentadas por pescadores y excursionistas. Su ubicación estratégica lo convierte en una parada habitual para quienes emprenden travesías hacia el sur andino.
Lago Guillelmo (Río Negro)
Wikipedia
Qué puedo hacer en Lago Guillelmo
El Lago Guillelmo es ideal para quienes buscan un contacto más íntimo con la naturaleza. Debido a su bajo perfil turístico, es común encontrar sus costas prácticamente desiertas, lo que permite disfrutar del silencio, del canto de las aves y de un entorno de vegetación nativa sin interrupciones.
Una de las actividades más populares en la zona es la pesca deportiva, especialmente de truchas y otras especies salmonídeas, para lo cual se requiere contar con el permiso correspondiente emitido por la administración de Parques Nacionales. Además, el lago es apto para la práctica de kayak, stand up paddle o simplemente para navegar a remo y recorrer su superficie sin alterar la quietud del lugar.
También es posible acampar tanto de manera libre como en áreas habilitadas, con la opción de utilizar servicios básicos en campings cercanos. Es un punto estratégico para quienes hacen trekking por la zona, ya que forma parte de algunos senderos de baja y media dificultad que cruzan el Parque Nacional Nahuel Huapi. La flora del lugar, compuesta por coihues, cipreses y lengas, crea un ambiente ideal para caminatas y observación de aves.
Cómo llegar a Lago Guillelmo
El acceso al Lago Guillelmo desde San Carlos de Bariloche es sencillo. El trayecto comienza tomando la Ruta Nacional 40 en dirección sur, pasando por el Lago Gutiérrez y el Lago Mascardi. A lo largo de aproximadamente 38 kilómetros, el camino atraviesa paisajes de gran belleza hasta llegar a la entrada del parque donde se encuentra el lago.
El recorrido se puede realizar en vehículo particular en unos 45 minutos. En temporadas altas también es posible acceder mediante servicios de excursiones o vehículos contratados. Para quienes elijan llegar en bicicleta o caminando, es recomendable tener en cuenta la altitud, el clima cambiante de la región y llevar agua, protección solar y calzado adecuado.
Aunque no cuente con cartelería abundante ni servicios turísticos desarrollados, el Lago Guillelmo representa uno de esos paisajes donde la Patagonia se muestra sin adornos, auténtica y salvaje. Una joya escondida al alcance de quienes se animan a ir un poco más allá.