Los espacios porteños pensados para sostener la cultura y el Turismo
Es un ícono arquitectónico porteño reconvertido en un gran centro cultural con actividades gratuitas.
Ofrece propuestas de música, danza, artes visuales, gastronomía y programación para toda la familia.
Fue construido en 1916 como sede de la Ítalo Argentina de Electricidad, con diseño de Juan Chiogna. Su restauración y puesta en valor se concretaron en 2012, duplicando su superficie a 15.000 metros cuadrados.
Cuenta con espacios destacados como iUpiiiii para la primera infancia, la Calle Interna y la Plaza de la Usina para actividades al aire libre.
Buenos Aires alberga edificios que no solo marcan su identidad urbana, sino que también funcionan como escenarios vivos de la cultura y la vida social. Entre ellos, hay uno que se destaca por su valor arquitectónico, su historia ligada al desarrollo del país y una agenda que se renueva semana a semana con propuestas para el Turismo.
Este emblema porteño combina un diseño imponente con espacios pensados para la música, el arte, las exposiciones y los encuentros culturales. A lo largo del año, sus salas reciben conciertos, muestras, charlas y actividades gratuitas que lo convierten en un punto de referencia tanto para vecinos como para quienes lo descubren por primera vez.
Cuál es la historia de Usina del Arte, el edificio ideal para visitar en Buenos Aires
Usina del Arte
La Usina del Arte se consolidó como uno de los grandes símbolos arquitectónicos de la Ciudad de Buenos Aires y hoy funciona como un espacio cultural multifacético con una agenda diversa y abierta al público. Allí se desarrollan actividades gratuitas vinculadas a la música, la danza, las artes visuales, la gastronomía y propuestas pensadas especialmente para las infancias y las familias.
El edificio tiene un fuerte valor histórico: a comienzos del siglo XX fue la sede de la compañía Ítalo Argentina de Electricidad. Su construcción data de 1916 y estuvo a cargo del arquitecto italiano Juan Chiogna, quien imprimió un marcado estilo florentino, reconocible por el uso del ladrillo a la vista y su impronta industrial.
Luego de una ambiciosa obra de recuperación, el predio fue restaurado y revalorizado por el Gobierno en 2012. El proyecto tomó como referencia experiencias internacionales que transformaron antiguas construcciones industriales en centros culturales, preservando su identidad original y adaptándolas a nuevos usos artísticos y comunitarios.