La leyenda de Garrafa: José Luis Sánchez, del potrero a la eternidad
Hace 20 años fallecía José Luis Sánchez, tras sufrir un accidente. Un jugador exquisito, con un talento formado en las canchitas del conurbano. Brilló en Laferrere, El Porvenir y Banfield para ganarse la admiración de los amantes del fútbol. Su vida estuvo llena de mitos: bailó a la Selección argentina y Bilardo lo bajó de Boca porque lo vio llegar en moto a una práctica.
El 10 y la pelota, la imagen que mejor retrata su vida.
Gambetas, pisadas, tacos, amagos y lujos. Un artista del engaño. O un ilusionista. Ese fue José Luis Sánchez, más conocido como “Garrafa”. El tipo que nunca dejó de jugar a la pelota. Probablemente, el último exponente del potrero bonaerense. Lleno de coraje y de descaro. A 20 años de su muerte, su aura se mantiene latente en la memoria popular y futbolera.
Dueño de una zurda mágica, que generaba la sensación de que siempre guardaba el preciso instante para realizar una jugada impredecible. Donde sea, José Luis mostraba sus trucos: en los campitos de las villas donde se formó, en las canchitas donde jugaba torneos con sus hermanos mellizos, o en los estadios del Ascenso y la Primera División en los que brilló. A lo largo de sus 31 años, lo sufrieron muchísimos rivales y a la vez, lo aplaudieron miles de personas.
Sánchez llevaba al verde césped la picardía que aprendió en los terrenos del conurbano. Pulió su talento de niño en el barrio La Jabonera de Tablada y luego pasó su adolescencia en la Villa Adriana de Laferrere, en el corazón de La Matanza. En esos terrenos con poco pasto, irregulares y con defensores salvajes, el 10 dominó la redonda, la acarició y protegió para abrirse camino en la vida, sin olvidar sus raíces.
Garrafa Sánchez en Laferrere
Los colores que más quiso: el verde y el blanco de la camiseta de Laferrere.
Divertido, calentón, sencillo y muy astuto. Fue en las calles de tierra de Lafe donde formó su personalidad y su grupo más cercano. Allí adquirió las mañas y la fuerza necesaria para afrontar la dureza cotidiana y el desafío de imponerse para juntar “la moneda”. Por eso, entre los años 80 y 90, cuando era un pibe con condiciones futbolísticas, acompañó a su padre en el reparto de tanques de gas en las humildes casas donde no había suministro de red. Y fueron esos instantes donde lo marcaron: recibió un apodo único y eterno, Garrafa.
Nacido el 26 de mayo de 1974, su carrera profesional comenzó en el Deportivo Laferrere. Debutó como lateral izquierdo, en un clásico contra Almirante Brown, y en poco tiempo monopolizó los elogios en la Primera B Metropolitana. Dueño de una exquisitez que no abundaba, en 1997 llegó a El Porvenir gracias a Ricardo Calabria, quien tras colgar el pito y las tarjetas del arbitraje se dedicó a la dirección técnica. La mudanza desde La Matanza a Gerli fue clave en su carrera: la rompió, se coronó campeón y subió a la B Nacional.
José Luis Sánchez El Porvenir
El Porvenir fue su trampolín: 28 goles en 53 partidos y el título en la B Metropolitana.
En la segunda categoría sus rendimientos fueron en alza. Volvió a ser figura en El Porve y le llegó la oportunidad de jugar en el exterior, en Bella Vista de Uruguay. Pero lejos estuvo de exponer su juego, él quería estar cerca de sus afectos, de Lafe, su barrio. Entonces, a mitad del 2000, Oscar “Cachín” Blanco, un mítico DT del Ascenso, lo contrató para Banfield. El Pelado potenció al Taladro, que buscaba volver a Primera tras el descenso de 1997. Y el 10 lo hizo posible: desparramó fútbol y desorganizó todas las estrategias de sus oponentes. Se coronó campeón en 2001 en la cancha de Quilmes en un equipazo, ya dirigido por Mané Ponce, en el que se destacaron Christian Lucchetti, Javier Sanguinetti, Carlos “Gato” Leeb y Rubén Forestello.
Garrafa era un atorrante. Irrumpió en Primera División y rompió todos los prejuicios que en ese momento pesaban sobre los futbolistas de las categorías menores de AFA. Es que jugaba con mucha valentía y, a la vez, con desparpajo. Jamás arrugó ante las patadas recibidas, siempre pidió la redonda para cuidarla y sacar a bailar a jugadores de Boca y River. No hacía diferencias. Entonces, cambió los comentarios peyorativos que descreían y marcaban que era “un jugador de la B” por elogios. Así, se afianzó en el máximo nivel del fútbol argentino.
Garrafa Sánchez 2001
Garrafa festeja el ascenso de Banfield con Forestello, quien convirtió muchos goles en el Taladro y El Porvenir gracias al 10.
Un loco con una gran coherencia: vivió cómo y dónde quiso. Jamás cambió su forma de ser. Si hasta festejó el ascenso con El Porvenir con la camiseta de Lafe. Sólo a Garrafa se le podía permitir semejante cosa. Un distinto que, en 2005, mientras se mantenía en pleno auge y había jugado la Copa Libertadores, decidió volver al equipo de sus amores, Deportivo Laferrere. Lo primero para él siempre fue su familia, los amigos, el barrio y el club.
El 8 de enero de 2006, tras pasar algunos días internado luego de un accidente que sufrió con su moto, falleció José Luis Sánchez. Apenas tenía 31 años, en poco tiempo había dado muchísima felicidad a los amantes del fútbol y todavía tenía mucho para dar. Fue un golpe tremendo para el mundo del fútbol. Aquella jornada le dio lugar a la leyenda de Garrafa, el último jugador de potrero.
José Luis en una de las tribunas del estadio de El Porvenir a fines de los 90.
La historia del 10 tiene varios capítulos que lo transforman en una leyenda. Uno de ellos, del cual no hay registros fílmicos, asegura que durante una tarde febrero de 1998, en el predio de la AFA en Ezeiza, Garrafa bailó a la Selección argentina que dirigía Daniel Passarella. Apenas tenía 23 años, pero debido a su falta de cabellera parecía mucho más grande.
Antes del Mundial de Francia 98, la Albiceleste enfrentó a El Porvenir, a puertas cerradas. En los medios de comunicación se informó un triunfo de Argentina por 4-2 contra el elenco de la B Metropolitana, pero en realidad el mito establece que ganó el equipo de Gerli 3-1 con un gol de Sánchez y dos asistencias suyas. ¿Qué pasó? El cuerpo técnico del Kaiser difundió un falso resultado para evitar las críticas.
Los defensores de la Albiceleste no podía frenar a Garrafa. Cuentan que Marcelo Gallardo preguntó “¿quién es este viejo?” y que el propio Diego Simeone, incrédulo, consultó, “¿quién carajo es este pelado?”. "Mientras José tuvo aire, ¡el baile que le pegó a los jugadores de la Selección! Era increíble la facilidad con la que gambeteaba al Cholo o quien se le pusiera adelante. Una cosa fuera de lo común", relató Calabria en la película El Garrafa (2012).
Los penales, un sello del potrero
José Luis también patentó una manera de ejecutar los penales. Una marca registrada que lo identificó a lo largo de su carrera. Pero el origen de la ejecución está en los interminables y bravos campeonatos nocturnos jugados en los kilómetros matanceros, donde ganó títulos y dinero. El “Loco” miraba al arquero en la carrera hacia la pelota, de golpe frenaba, y esperaba que se tirara para luego tocar la pelota hacia el otro palo. Era invencible y a lo largo de su trayectoria, apenas falló uno en la B Nacional contra Quilmes.
Cuando Bilardo le bajó el pulgar a Garrafa Sánchez
Bilardo en Boca
El Doctor decidió no fichar a Garrafa Sánchez.
Arriesgaba dentro y fuera de la cancha. Al 10 le encantaban las motos y la velocidad. Como hacía con la pelota también se animaba a realizar locuras con las dos ruedas. Una situación que, según contó el propio Garrafa, lo privó de llegar a Boca cuando Carlos Bilardo era el técnico en 1996.
"Resulta que yo iba en moto a las prácticas. En ese momento, Boca se entrenaba en Ezeiza, y yo desde Laferrere no tenía otra forma de llegar que no fuese en mi moto, una CBR 600. Como me habían advertido que podía no caer bien lo de la moto, yo llegaba muy temprano, antes que todos los demás, y la dejaba escondida. Un día se me hizo tarde, y en el camino me crucé con Bilardo y Pumpido. Era muy joven y me manejaba con esa espontaneidad. La sensación que me quedó es que, si era por mis condiciones, hubiera podido jugar tranquilamente en Boca", le contó Sánchez al diario Olé.