La Ciudad de México se encuentra a 2.240 metros de altura sobre el nivel del mar. Una característica que encierra dificultades para las personas que habitan en localidades sobre el llano: los índices marcan una inferior presión atmosférica, menor contenido de oxígeno y de la densidad del aire. A los deportistas extranjeros les resulta un rival extra al momento de competir. Por ello, resulta imperioso realizar un proceso de adaptación para lograr resultados positivos. Y ese fue el caso de Diego Armando Maradona en la Copa del Mundo de 1986, en la que fue la figura del torneo y levantó el mítico trofeo de la FIFA.
La capital mexicana había tenido dos grandes competencias deportivas que servían de antecedentes sobre el clima en el Distrito Federal. Los Juegos Olímpicos de 1968, en el que se batieron récords de salto en alto y en largo, Tommie Smith logró la plusmarca en los 200 metros libres y Jim Hines bajó los 10 segundos en los 100 metros. Además, en el territorio azteca se jugó el Mundial de 1970 en el que brilló Brasil, liderado por Pelé. Sin embargo, el dato que inspiró la preparación del Pelusa no tuvo nada que ver con el fútbol, sino con el ciclismo.
El hombre en cuestión es Francesco Moser, un ciclista italiano campeón del mundo de pista en 1976 y de ruta en 1977, que es considerado como el pedalista que cambió a su deporte. El antes y el después fue el 19 de enero de 1984, en el velódromo CDOM al aire libre de la Ciudad de México, donde batió el récord de la hora de la leyenda belga Eddy Merckx desde 1972. ¿Cómo logró semejante hito en la altura del DF? Llegó un mes antes de su proeza, se amoldó a la hipoxia –baja concentración de oxígeno- y quedó en la historia.
Francesco Moser, ciclista italiano.
¿Cómo se conectan las trayectorias de Moser y Maradona? A través de Fernando Signorini, el preparador físico que comenzó a trabajar con el oriundo de Villa Fiorito 1983 mientras se encontraba en Barcelona. El “Profe” formó parte de la mesa chica del 10. Fue quien logró interpretar los momentos personales y deportivos del 10, sumado a que entendió que México 1986 era la oportunidad de llegar a la cima tras un paso difícil en España 1982, donde se despidió del torneo con una expulsión contra Brasil.
“Llegué a Diego después de la gravísima lesión que tuvo el 24 de septiembre de 1982 contra Athletic Bilbao. A él se le ocurrió ofrecerme esa descabellada idea de ser el primer preparador físico personal de un futbolista. Comenzamos a trabajar y lo primero que le dije es que si él realmente quería que lo ayudara, que tenía que conocer sus temores, proyectos y la familia”, le describió el PF a C5N sobre el inicio de la relación con Maradona, que tenía como gran objetivo ganar el Mundial.
“En febrero de 1986 me llegaron una serie de informes sobre cómo había hecho Francesco Moser para batir el record de la hora en la Ciudad de México. Así que supuse que era una muy buena idea contactar a quienes habían estado a cargo de la preparación”, detalló Signorini, quien se comunicó con el médico Antonio Dal Monte, que se encontraba en Roma. A partir de ello, comenzó una rutina rígida: cada semana, luego de jugar con Napoli, Maradona y el Profe viajaban a la capital italiana para planificar la puesta a punto: “Se le practicaban una cantidad de pruebas para evaluar su condición y guiando los esfuerzos, pensando únicamente en el mundial. Eran controles de biomecánica, apoyo, volumen de oxígeno que podía consumir, en cuánto tiempo recuperaba, aprendió cómo iba a tener que respirar”.
Los días pasaban y se acercaba el Campeonato del Mundo. Cada entrenamiento en Nápoles, Diego sabía que tenía que dosificar los esfuerzos para llegar de la mejor manera al debut de Argentina contra Corea del Sur. “Yo le decía que ese Mundial se lo hicieron para él. Las condiciones en las que iba a jugar no eran posibles las marcas persecutorias que tanto daño te hicieron en el Mundial del 82, además tenía cuatro años de experiencia y estaba recuperado de la lesión. Pero le dejé en claro ‘te tenés que decidir que va a ser tu mundial’”.
En mayo de 1986, la Selección de Bilardo estaba envuelta en muchas críticas, por eso el Doctor tomó la determinación de arribar a México un mes antes del inicio. Fue un factor clave porque unió al plantel, le permitió adaptarse a la altura y le permitió a Maradona en convencerse: “Para mojarle la oreja y picarle el orgullo le decía que iba a ser su Mundial o el de Platini. También le mencionaba a Zico y a Rumenigge. Pero una vez allí, recuerdo que una mañana en el hotel que concentrábamos, me levanté y leí un diario que tenía una nota que le habían hecho. En un recuadro decía ‘Maradona abre el juego: "Seré la figura del Mundial'. Ahí dije listo, misión cumplida. Se hizo cargo y sentí que estaba todo preparado".
El resto de la historia es parte de las páginas doradas. Diego tuvo un torneo descomunal, excelente y como nunca se había visto a un futbolista ser tan determinante: cinco goles –entre ellos la Mano de Dios y el Gol del siglo a los ingleses-, gambetas, pases y un nivel extraordinario que le permitió a Argentina conquistar la segunda estrella. Fue hace 40 años, aunque su aura se mantiene latente.
La campaña de la Selección argentina en México 1986
Primera ronda
- Corea del Sur: 3-1 (Jorge Valdano -2- y Oscar Ruggeri).
- Italia: 1-1 (Maradona).
- Bulgaria: 2-0 (Jorge Valdano y Jorge Burruchaga).
Octavos de final
- Uruguay: 1-0 (Pedro Pasculli)
Cuartos de final
- Inglaterra: 2-1 (Maradona -2-)
Semifinal
- Bélgica: 2-0 (Maradona -2-)
Final
- Alemania: 3-2 (José Luis Brown, Jorge Valdano y Jorge Burruchaga)