La Buenos Aires de finales del siglo XIX y principios del XX, aquella capital de "el granero del mundo", quería demostrar que estaba a la altura de las grandes urbes europeas, y dedicó varios esfuerzos en esa empresa. Uno de los máximos exponentes de esa vocación es la estación Retiro de la actual Línea Mitre. Este domingo 2 de agosto, el edificio, que supo ser una de las terminales ferroviarias más grandes el planeta, cumple 111 años.
La historia empieza en 1897, cuando un incendio destruyó la vieja Estación Central del Ferrocarril Central Argentino y dejó a la compañía sin cabecera digna de una ciudad en plena expansión. Recién en 1908 se presentó el proyecto definitivo, a cargo de un equipo íntegramente británico: los arquitectos Eustace Lauriston Conder, Roger Conder y Sydney G. Follett, junto a los ingenieros Reginald Reynolds y Charles Dudley, todos radicados en el país y con experiencia previa en obras ferroviarias.
Una estructura traída pieza por pieza desde Inglaterra
La construcción arrancó en junio de 1909 sobre el solar de la Avenida Ramos Mejía, y cada una de las piezas metálicas de la estación fue fabricada en el Reino Unido y montada en seco en Buenos Aires, una hazaña logística para la época. La masa de hierro ronda las 8.000 toneladas, distribuidas en dos naves paralelas de 250 metros de largo que cubren los andenes. Durante décadas, fue la obra de ingeniería estructural más importante de Sudamérica.
El resultado combina dos almas bien distintas. El frente, con sus ventanales altos, sus confiterías y el imponente gran hall de acceso, responde al academicismo francés, la estética que por entonces dominaba los edificios públicos porteños. El sector de andenes, en cambio, es puro funcionalismo industrial con hierro y vidrio, los materiales que la Revolución Industrial había impuesto en las grandes estaciones europeas.
La obra estuvo lista hacia 1914, pero la ceremonia formal de apertura se hizo recién el lunes 2 de agosto de 1915. A las tres y media de la tarde llegó el presidente Victorino de la Plaza, acompañado por varios de sus ministros, y el representante del Ferrocarril Central Argentino le entregó una llave de oro fabricada especialmente para la ocasión, con la fecha grabada. Con ella, el presidente abrió el portón principal. Después, la comitiva subió a un tren hasta Colegiales, cantó el Himno Nacional a la vuelta y cerró la jornada con discursos, entre ellos el del arquitecto Carlos Pearson, administrador general de la compañía.
El paletón de la llave tenía una forma que aun hoy llama la atención: una sauvástica, símbolo religioso de la India muy parecido, aunque invertido, a la esvástica luego utilizada por el nazismo, lo que despertó algunas teorías conspiracionistas que caen por su propio peso ya que lejos estaba aquella Argentina de los ideales de un Adolf Hitler que para ese entonces era apenas un soldado austríaco en la Primera Guerra Mundial. El patrón se repite también en los frisos de las paredes del hall de la estación, y se vincula con el bienestar y la buena suerte.
La llave inaugural de la estación Retiro, con sauvástica en el paleón.
AGN
Dos edificios en uno: academicismo francés e industria inglesa
Retiro, al igual que otras grandes estaciones ferroviarias, es hogar de dos arquitecturas distintas bajo un mismo techo. El hall central, la galería de carruajes y el sector de boleterías fueron pensados con las finas terminaciones del academicismo francés, con simetría estricta, columnas, cúpulas y un óvalo de boleterías que simula un edificio independiente dentro del edificio. Los interiores, con más de 20 mil metros cuadrados de cielorraso, estuvieron revestidos con mayólicas de la firma británica Royal Doulton e iluminados con artefactos que imitaban antorchas de estilo florentino y arañas monumentales. Solo el hall y el patio de carruajes suman 6.650 metros cuadrados, una superficie que demandó 4.800 toneladas de cemento y 10 millones de ladrillos.
El despampanante lujo del hall de la Estación Retiro.
Ministerio de Transporte
El otro cuerpo, el de los andenes, responde a una lógica completamente distinta: es hierro y vidrio, la estética de la Segunda Revolución Industrial que en Europa ya habían adoptado las grandes terminales ferroviarias. Ahí están esas dos naves paralelas de 250 metros que permiten espacios sin columnas internas, bañados de luz cenital. El plan original de Conder incluía una tercera nave y un edificio adicional sobre la actual Avenida del Libertador, pero el estallido de la Primera Guerra Mundial impidió completarlo tal como estaba proyectado.
Un edificio que todavía se está terminando de recuperar
Retiro pasó por años de deterioro: sobre el final del siglo XX llegó a estar en estado de abandono, mientras se discutía incluso reemplazarla por una terminal completamente nueva. Entre 2000 y 2001 se hicieron las primeras reparaciones generales, pero después el edificio volvió a quedar sin intervenciones de fondo hasta que, en 2014, arrancó el plan de restauración más ambicioso, con una inversión inicial de 650 millones de pesos: en 2016 se completó la fachada y la entrada de carruajes, y en 2018 terminaron los trabajos sobre los techos externos y la cúpula central, que hoy lucen en un característico color plateado.
La renovación siguió por partes: en junio de 2023 se inauguraron las obras de nivelación de andenes para los nuevos trenes eléctricos en cuatro de las ocho plataformas, y desde 2021 avanza un plan de modernización financiado con un crédito del Banco Mundial de casi 350 millones de dólares, que incluye la renovación integral de la playa de vías de ingreso a la estación, sin intervenciones desde 1915, además de mejoras en el señalamiento y la electrificación. Según un informe del organismo difundido a fines de 2025, esa obra de ingreso llegó a un 87% de avance físico. En paralelo, buena parte de los techos de la llamada nave oeste ya fue restaurada, mientras que la nave este, la que cubre los servicios urbanos eléctricos, todavía espera su turno.
Cada detalle de la Estación Retiro es un canto a la Belle Époque.
Metro
Para la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, Retiro es "la culminación del proyecto de tendido de los ferrocarriles" que había arrancado a mediados del siglo XIX, la red que permitió distribuir tanto a los inmigrantes que llegaban por millones como a la producción agropecuaria que salía hacia el puerto. No es casual que se la considere un símbolo de la llamada Generación del 80 y de la fe ciega en el progreso que caracterizó a esa Argentina agroexportadora.
Hoy, más de un siglo después, Retiro sigue siendo la terminal del Ferrocarril Mitre y una de las estaciones más transitadas del país, con millones de pasajeros al año que cruzan a diario ese gran hall pensado para otra época. El Área Retiro fue declarada Lugar Histórico Nacional y, en 1997, la propia estación fue reconocida como Monumento Histórico Nacional. Entre el ruido de los trenes que llegan y parten, sobrevive intacta esa estructura de hierro inglesa que, 111 años después de la llave de oro y el Himno Nacional, sigue recibiendo a miles de personas que pocas veces reparan en el lujo que los rodea.