El Cabildo de Buenos Aires es una imagen clásica de cada 25 de Mayo, por haber sido el eje de los acontecimientos que derivaron en la creación del primer gobierno patrio y el inicio de la ruptura con España. Sin embargo, en los últimos dos siglos sufrió numerosos cambios que alteraron su estructura hasta llegar a la versión actual, que recrea la de 1810 aunque en menor tamaño.
Demoler, recortar, reconstruir: cómo cambió el Cabildo desde 1810 hasta hoy
En dos siglos, el edificio pasó por demoliciones parciales, estilos importados de Europa y un intento de reconstrucción histórica para llegar a su forma actual, una versión reducida de la original.
El edificio actual, de dos plantas, se inauguró en la década de 1740, luego de que una construcción anterior en el mismo lugar se derrumbara por falta de mantenimiento. Buenos Aires todavía era un puerto marginal del Virreinato del Perú, por lo que prima la austeridad en su diseño en comparación con edificios de la misma época en Perú o Bolivia, donde la riqueza minera dio origen a un estilo más cargado.
El cabildo era el órgano de gobierno local del sistema colonial español. Sus funciones abarcaban la administración de los bienes de la ciudad, el control de precios y abastecimiento, la supervisión de obras públicas, la recaudación de impuestos locales y la justicia de primera instancia.
En momentos de crisis, el cabildo podía convocar un cabildo abierto, una asamblea ampliada con vecinos notables. Fue exactamente lo que ocurrió en Buenos Aires en mayo de 1810, cuando el cabildo abierto del 22 de mayo derivó en la Revolución de Mayo y la formación de la Primera Junta.
Las modificaciones que sufrió el Cabildo desde 1810
La foto más antigua del Cabildo original es un daguerrotipo tomado en 1852 por el fotógrafo norteamericano Charles Fredricks. Puede verse en la torre el viejo reloj, de origen español y colocado en 1763, además del Escudo Nacional en la fachada. Se cuentan cinco arcos a cada lado del eje central. También puede apreciarse la cercanía de la Pirámide de Mayo, hoy en el lado opuesto de la plaza.
Esa estética no duraría mucho. En 1860 llegaron los primeros cambios en la torre: el reloj fue reemplazado por uno adquirido en la casa inglesa Thwaites & Reed, lo que implicó modificar las ventanas. El reloj español, en tanto, pasó a la Parroquia Nuestra Señora de Balvanera, en Bartolomé Mitre y Azcuénaga, donde luego fue sustituido y se le perdió el rastro.
Para entonces, la institución cabildo ya no existía desde hacía varias décadas y el edificio servía para funciones relacionadas con la administración de justicia.
Hacia 1870, al igual que en lo poblacional, en lo arquitectónico Buenos Aires buscaba dejar atrás la aldea hispánica y abrirse a expresiones de otras partes de Europa. Pedro Benoit, arquitecto a cargo de la catedral de Mar del Plata y parte del equipo que diseñó la ciudad de La Plata, extendió varios metros la torre, a la vez que se añadieron decoraciones inspiradas en los palacios italianos en la fachada, lo que fue un notable cambio en la fisonomía del edificio.
Esto no iba a prolongarse mucho en el tiempo, ya que la alta torre se reveló demasiado pesada para la estructura, que comenzó a deteriorarse, por lo que se mutiló tanto la extensión de Benoit como la torre original, lo que dejó a un edificio rectangular. Poco después, perdería su simetría: la apertura de la Avenida de Mayo, inaugurada en 1894, obligó a recortar tres arcos del lado norte.
Así se mantuvo por algunas décadas, aunque no sin dificultades: hacia 1905, muchas eran las voces que pedían su demolición para terminar de cortar con el pasado, pero resistió. La apertura de Diagonal Sur en la década del 30 llevó a cortarle tres arcadas del lado sur y a dejar una terminación en ochava en ese extremo.
En 1940, todo cambió. De la mano del arquitecto Mario Buschiazzo, se buscó barajar y dar de nuevo e intentar retrotraer al Cabildo, dentro de lo posible, a su estado de 1810, aunque en una versión reducida, con cinco arcadas en lugar de las once originales. Como modelo se utilizó principalmente una acuarela pintada en 1829 por el ingeniero italiano Carlos Enrique Pellegrini, padre de quien fuera presidente entre 1890 y 1892. Recuperó su color blanco, se quitó la ornamentación italianizante de la fachada y se restauró la torre, más pequeña para que no quedara desproporcionada con los lados más cortos.
Y así llegó hasta nuestros días. Hoy, alberga al Museo Histórico Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo y sigue siendo testigo de los vaivenes de la plaza, convertido en símbolo de una identidad nacional que, al igual que el propio edificio, fue tomando forma a través de sucesivas capas, reformas y reconstrucciones.
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