¿Viralidad o manipulación?: quién estuvo detrás de la brutal campaña antiargentina en redes durante el Mundial

“El país más racista de la Tierra”, escribió el reconocido actor afroamericano Samuel L. Jackson para pedir que nadie hinchara por Argentina en la final del Mundial. Fue uno de los efectos más resonantes de un fenómeno sin precedentes: la brutal estigmatización de todo un país durante la Copa del Mundo, en una campaña que mezcló fake news, IA y usinas propagadoras de mensajes de odio.

Hubo un momento, mientras promediaba el reciente Mundial, en que muchos usuarios de redes sociales –tanto en Argentina como en muchos lugares del planeta- comenzaron a tener la sensación de que algo extraño estaba pasando. Por encima de las esperables chicanas, posturas y debates futboleros, la conversación comenzó a estar dominada por críticas furibundas contra la Selección y la sociedad argentina, en un arco de indignación viral que comenzó con una falta de Messi contra un jugador argelino en el segundo partido de la Copa y terminó con la aparente certeza de que este país del fin del mundo es el “más racista de la Tierra”.

La forma en la que la Argentina se convirtió, en apenas poco más de un mes, en el gran villano global es algo que no solamente dispara las alarmas por la velocidad e intensidad que cobran los discursos de odio en las redes sociales, sino que viene levantando serias sospechas de la existencia de una campaña orquestada que amplificó largamente los alcances de ese discurso.

Aunque hay diversas teorías, hasta el momento no existe evidencia pública que permita afirmar la existencia de una operación organizada. Sin embargo, el volumen de contenidos, la sincronización de mensajes y la reiteración de muchos relatos están poniendo bajo la lupa un proceso que se extendió durante buena parte del torneo y continuó incluso después de la final disputada frente a España.

El odio digital fue 14 veces mayor que en Qatar 2022

La magnitud del asedio algorítmico contra el seleccionado argentino se evidencia en los reportes del propio Servicio de Protección en Redes Sociales (SMPS) de la FIFA. De acuerdo con el balance publicado al cierre de la competición, la infraestructura digital de defensa escaneó más de 53 millones de publicaciones y comentarios dirigidos a delegaciones, futbolistas y cuerpos técnicos.

La escala no tiene precedentes: el sistema detectó y clasificó más de 7 millones de mensajes potencialmente dañinos o abusivos, lo que representó un incremento de catorce veces en comparación con los registros de la Copa del Mundo de Qatar 2022. La FIFA no detalló quienes fueron los destinatarios de todo ese hate, pero cualquiera que haya tenido un celular en la mano en los últimos 30 días sabe que Argentina está, con mucha diferencia, en lo más alto de ese oscuro podio.

Por otro lado, el Observatorio Europeo de Medios Digitales (EDMO) reveló que las interacciones dirigidas a la comunidad argentina mostraron patrones inusuales de viralización. La velocidad de propagación de etiquetas descalificatorias y contenidos amenazantes superó los promedios estándar de la conversación orgánica en redes, activando alertas sobre una más que probable intervención de comunidades digitales organizadas dedicadas a la polarización dirigida.

La cronología de una campaña que fue copando la Copa del Mundo

El fenómeno comenzó a percibirse con fuerza desde la fase de grupos, aunque alcanzó una dimensión mucho mayor durante los “mata a mata”. Cada victoria argentina iba acompañada de una rápida proliferación de publicaciones que cuestionaban decisiones arbitrales y machacaban ante las audiencias globales la idea de que la Selección estaba siendo ayudada por la FIFA, sentando las bases de una deslegitimación que iba continuar con acusaciones bastante peores a medida que el equipo fue llegando a las instancias finales.

Las casi inocentes “batallas” entre fans de Messi y de Ronaldo, y hasta las discusiones sobre las decisiones arbitrales fueron sepultadas hacia la parte final del Mundial por algo mucho peor: toneladas y toneladas de contenidos al servicio de una cruzada masiva y de una intensidad pocas veces vista en redes sociales para instalar el concepto de que Argentina es un país extremadamente racista.

Algunos videos de repudiables hinchas argentinos durante partidos con equipos brasileños, la burla de un argentino contra Speed (que parodió los gestos habituales del influencer, pero se presentó como que lo trataba de mono) y hasta el festejo Topo Gigio-Riquelme de Enzo Fernández ante Inglaterra se presentaron como pruebas irrefutables del desprecio argentino a las personas de raza negra.

Insólitamente, este tsunami ya estaba desatado cuando llegaron las semifinales, que Argentina compartió con España, Francia e Inglaterra, las tres naciones que -junto con Portugal- literalmente inventaron el comercio transatlántico de esclavos africanos y que en la actualidad atraviesan complejos escenarios de xenofobia, con habituales estallidos contra inmigrantes y agendas políticas marcadas por el descontento con los extranjeros.

En la final del torneo, el clima ya se volvió irrespirable. Poco antes del partido, el prestigioso actor afroamericano Samuel L. Jackson publicó (y luego borró) un mensaje en sus redes sociales en el que llamaba a ir en contra de la Selección de Scaloni, afirmando que "Argentina es el país más racista del mundo". Una afirmación delirante que solo puede entenderse en el contexto de la campaña que venía martillando esa idea durante las semanas previas.

Apenas cinco días antes de esa publicación de Jackson, un agente de la policía migratoria estadounidense (ICE) había matado a tiros a Johan Sebastián Durán Guerrero, un conductor de aplicación colombiano de 26 años, y prácticamente no pasa semana en la que se registre violencia policial contra afroamericanos.

La Copa del Mundo como gran escenario de la manipulación informativa

Investigaciones publicadas en revistas académicas como Tripodos, basadas en las taxonomías de Claire Wardle y Hossein Derakhshan sobre la contaminación de la información, demuestran que los macroeventos deportivos se convirtieron en laboratorios predilectos para el despliegue de discursos de odio y estrategias de polarización artificial. El estudio de casos previos revela que el fútbol, debido a su capacidad para movilizar identidades nacionales y tensiones históricas, ofrece un terreno fértil donde la impunidad del anonimato en plataformas tradicionales facilita la propagación de narrativas difamatorias y teorías de la conspiración.

Analistas en ciberseguridad complementan este marco advirtiendo sobre la mutación del ecosistema de amenazas. Reportes de firmas globales como Fortinet e Intel 471 describieron el entorno del Mundial 2026 como el espacio de ciberataques más complejo de la historia del deporte, detectando la intervención de más de 13.000 a 19.000 dominios fraudulentos y aplicaciones maliciosas creadas desde inicio de año.