En la era de Javier Milei los salarios mínimos apenas cubren los servicios básicos y la alimentación. Según el Indec, una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.605.497 para no ser pobre en agosto 2026. Ese valor incluye alimentos, transporte, salud, educación, vestimenta y otros bienes esenciales. Y si se tiene en cuenta que el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) quedó fijado en $376.600 en agosto 2026, la cosa se pone aún más difícil de sostener.
En ese contexto, también entra la economía de las mascotas o lo que hoy se conoce como Pet Economy. Una economía relativamente nueva que está ganando cada vez más terreno en esta región del continente debido a una transformación silenciosa pero profunda en la estructura socioeconómica y cultural de los hogares argentinos. Según un último informe difundido por la red Mascotear, 8 de cada 10 familias convive con al menos una mascota en su casa, convirtiendo a la Argentina en el país con mayor cantidad de mascotas por habitante en el mundo. Nos siguen México, Rusia y Estados Unidos y, junto a Brasil, encabezamos el ranking regional con un gasto promedio de u$s420 por mascota.
El mercado mascotero ya representa medio punto del PBI argentino y en 2025 movilizó cerca de u$s3.200 millones —unos 5 billones de pesos— en alimentos, servicios y atención veterinaria. En el país se estima que conviven más de 19 millones de perros y gatos, y solo en la Ciudad de Buenos Aires el número de animales de compañía duplica al de chicos menores de 14 años, revelando un cambio profundo en la estructura familiar y económica de los hogares urbanos donde el 96% de los tutores considera a su mascota como un integrante más de la familia o “hijo”.
El gasto mensual por mascota oscila entre $70.000 y $100.000, si todo va bien. Pero, en tiempos de crisis económica, ¿qué pasa con las mascotas? “Ellos también son parte del presupuesto familiar y están dentro de la planificación mensual”, explicó Daniela de Boedo, jefa de hogar multiespecie a C5N. Si bien, para algunos el cuidado de los animales sigue siendo una prioridad, para otros, aunque les pese, solo pueden destinarles los pesos que sobran, si es que sobra. “El aumento constante de los precios nos lleva a recortar en otras cosas para la familia, pero tratamos de priorizar la buena calidad en alimentos para evitar enfermedades”, sostuvo.
La calidad del alimento no se resigna
El cuidado animal compite con rubros esenciales en un contexto donde el salario mínimo no cubre ni un cuarto de la canasta básica. Para no resignar calidad en alimentos, las familias se la rebuscan para que los peludos reciban los nutrientes esenciales. Recurren a la cocción casera y al fiel y querido freezer o bien, “compramos en una farmacia veterinaria para reducir costos y pagarlos con tarjeta en dos cuotas”. explicó Daniela.
En ese mismo sentido, Pablo – dueño de Pet Sullivan en Almagro- confirmó que, si bien bajó la venta en el último mes, “no se ve que elijan alimentos o medicamentos más baratos.” Asimismo, Daniela que es tutora de 3 perros y cuatro gatos relató: “Sí tuvimos que recortar en suplementos de colágeno que necesita uno de los perros, priorizando el medicamento más importante”.
Atención veterinaria
“Si el problema no es tan grave, no lo traen”, relató el veterinario Cristian Zagonell (MP 8172) en relación a las consultas veterinarias que en los últimos meses bajaron su frecuencia. “Vienen a aplicar las vacunas no en las fechas de vencimiento, sino uno, dos o tres meses después.” En ese sentido, el especialista explicó que muchos tutores eligen las fechas donde tienen promociones y descuentos con los medios de pagos como tarjetas y billeteras virtuales. “Aprovechan los días de descuento en tarjetas (cuotas sin interés) para venir a hacer consultas no urgentes y aplicar vacunas”, sostuvo.
Sin embargo, resignar las consultas puede implicar consecuencias graves o fatales para estos miembros de la familia. “Aumentaron las urgencias porque la gente no puede costear un tratamiento”, explicó Zagonell a C5N y agregó: “Los tratamientos más afectados son los oncológicos, traumatológicos y metabólicos (diabetes, hipertiroidismo).”
En un hogar multiespecie como el de Karina de Almagro —dos adolescentes, tres perros, dos gatos y una rutina marcada por el rescate animal— la crisis obliga a reorganizar cada gasto sin resignar cuidados esenciales. Para abaratar costos, los pulguicidas y antiparasitarios dejaron de comprarse en veterinarias de barrio y pasaron a adquirirse directamente en distribuidoras del Conurbano bonaerense.
Lo mismo ocurrió con la castración del último rescate: “Nos movilizamos hasta una veterinaria que queda más lejos, pero atiende con prioridad a los rescatados y nos da un precio preferencial”, relató a C5N. De todos modos, debieron cubrir toda la medicación por lo que sostener la salud de los animales exige una ingeniería financiera cotidiana que ya no admite improvisaciones.
La atención veterinaria también se volvió un recorrido más largo y estratégico para Karina y su familia. Deben movilizarse hasta una clínica que queda lejos de su casa, pero que prioriza a los rescatados y ofrece un precio preferencial.
Atención gratuita en CABA
En la Ciudad de Buenos Aires, cuando la plata no alcanza pero el amor por los peludos sí, la red de atención veterinaria gratuita se vuelve un salvavidas. Los Centros Fijos de Atención Veterinaria de Animales BA —como el de Costanera Sur (Av. Tristán Achával Rodríguez 1550)- ofrecen consultas básicas, vacunación antirrábica y castraciones gratuitas para perros y gatos.
Estos operativos priorizan la salud pública y el bienestar animal, y son la opción más accesible para quienes necesitan resolver urgencias leves, controlar parásitos o avanzar con la castración sin pagar un peso. Las jornadas móviles, anunciadas en @bamascotas, también recorren los barrios con turnos gratuitos que se agotan rápido, pero que alivian muchísimo a las familias que no pueden afrontar una cirugía privada.
Para casos más complejos, el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur (Av. Díaz Vélez 4821) es otro punto clave: allí se atienden emergencias sanitarias vinculadas a zoonosis, se aplican vacunas y se realizan diagnósticos esenciales sin costo. No es un hospital veterinario integral, pero sí un lugar donde muchas familias encuentran respuestas rápidas cuando aparece un problema que no puede esperar.
Y cuando la situación requiere una consulta clínica más completa, el Hospital Escuela de la Facultad de Veterinarias de la UBA (Agronomía) ofrece atención a precios muy accesibles mediante un bono retributivo, con especialistas y programas de asistencia que permiten resolver patologías que exceden la atención gratuita de la Ciudad.
En un contexto donde cada gasto se piensa dos veces, estas opciones permiten que los cuidados esenciales —vacunas, castraciones, controles básicos— no queden relegados. Las jefas y jefes de hogar que sostienen familias multiespecie saben que la salud de sus animales es parte de la salud del hogar, y que acceder a estos servicios gratuitos o de bajo costo es una forma de seguir cuidando sin resignar lo que no se puede negociar: el bienestar de quienes nos acompañan todos los días.
Otros cuidados: peluquería y recreación
En CABA, donde la vida en departamentos impulsó un boom de paseadores matriculados, pet shops de cercanía y plazas con caniles, los cuidados “extra” —baño, peluquería, recreación, juguetes— fueron los primeros en caer cuando el bolsillo empezó a flaquear.
Pablo, de Pet Sullivan, lo ve todos los días: “Sí noto que ha bajado la frecuencia en la peluquería”. Y aunque los precios de accesorios, juguetes, comederos y literas se vienen manteniendo, la competencia de productos importados más baratos tensiona aún más el mercado: “Hoy tenés mucha competencia porque hay gente que trae cosas de afuera a un precio mucho más barato, entonces no tenés como un margen para poder competir”. En este paisaje, los paseos pagos también se reducen, y muchas familias reemplazan la recreación por rutinas caseras o salidas más cortas.
Los servicios como baños y peluquería quedaron completamente afuera. Daniela lo sintetizó sin rodeos: “Baños y peluquería fue algo que se dejó de lado”. Karina, jefa de hogar y rescatista, directamente asumió la tarea: “Los bañamos nosotros”. Son decisiones que hablan de una realidad extendida: los servicios que antes acompañaban el bienestar animal hoy quedan relegados porque la prioridad es sostener lo esencial —alimento, vacunas, antiparasitarios, urgencias— en un contexto donde “cada día se está haciendo más difícil pagar todo lo necesario para nuestros perros y gatos, así como para nosotros”.