Creyó que era sinusitis repetida pero un diagnóstico le cambió la vida: la emocionante historia de un niño que quería ser estrella del deporte

La noticia impactó no solo en su círculo íntimo, sino también en la comunidad que lo había visto crecer y destacarse en el deporte.

  • Nacho, con 12 años, fue al médico por una supuesta sinusitis antes de un viaje deportivo y un estudio reveló un aneurisma grave y peligroso.
  • El diagnóstico llegó de manera inesperada, ya que no tenía síntomas, y cualquier golpe podía poner su vida en riesgo.
  • Tras varias consultas, fue operado con un stent en Rosario en una intervención compleja y muy costosa.
  • Un control posterior mostró una complicación, pero su propio cuerpo generó una circulación alternativa que resolvió el problema.
  • Con el tiempo, Nacho pudo volver al deporte y hoy es profesor y entrenador de básquet.

La historia de un niño que soñaba con convertirse en una estrella del deporte conmovió a miles de personas luego de que su vida diera un giro inesperado por un diagnóstico médico que nadie veía venir. Lo que comenzó como una serie de episodios de sinusitis repetida, aparentemente inofensivos y tratados como un problema de salud común, terminó revelando una condición mucho más compleja.

Durante meses, los síntomas se repitieron sin levantar mayores alarmas, hasta que una consulta más profunda cambió por completo el panorama. A partir de ese momento, el camino del pequeño y de su entorno se llenó de estudios, tratamientos y decisiones difíciles, pero también de gestos de fortaleza y una madurez inesperada para su edad.

Qué descubrieron en el joven que parecía tener una sinusitis repetida

Nacho Guzmán

Nacho Guzmán llevaba una vida feliz y activa. A los 12 años había sido convocado para integrar la selección de básquet de Entre Ríos que viajaría a La Rioja, un logro que lo llenaba de orgullo. Por esos días tenía la nariz muy congestionada, algo que en su familia ya asociaban con la sinusitis recurrente que solía aparecerle. No se sentía mal, pero dos días antes del viaje sus padres decidieron llevarlo al médico para ver si podían aliviarle las vías respiratorias y que pudiera jugar más cómodo. El profesional, pensando que tal vez necesitaba un antibiótico, pidió una tomografía solo como estudio de control. Nadie imaginaba lo que estaba por aparecer.

Desde chico, Nacho había sido muy claro con lo que quería. A los seis años empezó a jugar al básquet y al fútbol al mismo tiempo, pero un par de años después decidió dedicarse solo al básquet: un mal episodio en una cancha de fútbol lo había convencido de dejar ese deporte.

Esa misma tarde en que su papá, Gabriel, volvió con él a la clínica creyendo que todo se resolvería rápido, recibieron una noticia devastadora: el estudio mostraba un aneurisma gigante en la carótida oftálmica izquierda. Era una dilatación grave y poco frecuente que, si se rompía, podía ser mortal. Para confirmarlo, pidieron más estudios. Gabriel consultó a un neurólogo amigo, llamó a su esposa e intentó explicar lo que estaba pasando, todavía sin poder creerlo: su hijo no tenía ningún síntoma. La sinusitis había quedado en segundo plano; lo que habían descubierto de casualidad podía costarle la vida en cualquier momento. A solo 48 horas del viaje, estaban paralizados por el miedo.

La resonancia confirmó el diagnóstico y los médicos fueron contundentes: cualquier golpe podía ser fatal. En Paraná les dijeron que no había solución con una cirugía tradicional y los derivaron a Rosario, al especialista Sergio Petrochelli, quien los atendió incluso siendo fin de semana y les habló de una alternativa: la embolización endovascular con un stent. El problema era el costo, tan alto que la madre de Nacho se desmayó al escucharlo. Sin embargo, en un gesto que la familia nunca olvidó, en el sanatorio les aseguraron que el stent se colocaría y después verían cómo pagarlo.

La operación se realizó y, tras siete horas, los médicos confirmaron que había salido bien. Lo más duro vino después: dejar el deporte. Meses más tarde, un control reveló que la arteria se había cerrado por completo, algo que podía haber sido fatal, pero el cuerpo de Nacho había creado una circulación alternativa que resolvió el problema de manera inesperada. El aneurisma ya no existía. Fue, para ellos, un milagro.

Con el tiempo, Nacho volvió de a poco a las canchas. Hoy, con 26 años, es profesor de educación física y entrenador de básquet.