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"Convertir Piedras en Esmeralda": los secretos de las calles que cambian de nombre en Buenos Aires

Hay arterias porteñas que tienen el superpoder de cambiar el nombre y reiniciar la numeración de las que las atraviesan, aunque se trata de una regla con innumerables excepciones.

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  • "¿Cómo se hace para convertir Piedras en Esmeralda? Cruzando Rivadavia". El chiste, más viejo que Juan de Garay, no habla de la habilidad para la alquimia del primer presidente argentino, sino de una característica clave de las calles de la Ciudad de Buenos Aires: su cambio de nombre y reseteo de numeración al cruzar ciertas arterias, una regla con innumerables excepciones.

    La más famosa es la mencionada Rivadavia: casi ninguna calle logra cruzarla sin sufrir una transformación. En algún momento, conocer el nombre de tal o cual vía a ambos lados era un valorado saber enciclopédico, patrimonio de taxistas, transportistas y otros amantes de la Guía Filcar. Con el advenimiento del GPS, parece ya no importar tanto.

    Ah, sí: las dos que atraviesan Rivadavia sin cambiar de nombre son General Paz y 9 de Julio. Por eso, el único edificio que formalmente tiene domicilio en la Avenida 9 de Julio, el del antiguo Ministerio de Obras Públicas, tiene el número 1925, con una numeración que comienza en la Avenida del Libertador.

    Por qué las calles cambian de nombre en Buenos Aires

    Tal como cuenta Alberto Piñeiro en su icónico libro Barrios, calles y plazas de la Ciudad de Buenos Aires, dos ordenanzas, de 1893 y 1904, dieron forma a la actual nomenclatura porteña, que había caído en el caos de las repeticiones con la incorporación de los antiguos partidos bonaerenses de Belgrano y Flores.

    La de 1904 "dividió la ciudad en seis polígonos cuya nomenclatura y numeración es particular a cada uno, con lo que se buscó eliminar el problema de las calles extremadamente extensas y la consiguiente dificultad que traería aparejado memorizar numeraciones tan grandes".

    Los polígonos aún subsisten y están comprendidos entre las siguientes calles:

    Es decir que además de la más importante, Rivadavia, hay otras calles cambianombres que resetean la numeración, como Río de Janeiro, Warnes, Dorrego y Caseros.

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    Cambios de nombre de las calles porteñas: las mil y una excepciones

    Existe un largo listado de anomalías que escapan a las reglas de la ordenanza y sus polígonos, todas por decisiones posteriores de unificaciones de nombre, cambios por solo algunas cuadras y otros homenajes.

    Un caso es Corrientes, que cruza Ángel Gallardo y Dorrego sin mosquearse y, finalmente, muere al llegar a Chacarita —vaya metáfora—. Esto se debe a que la ordenanza de 1893 la convertía en Triunvirato en el tramo entre Ángel Gallardo y Federico Lacroze, pero una norma posterior, de 1937, estiró el nombre de la provincia mesopotámica hasta la puerta del cementerio.

    Algo similar ocurre con Córdoba, que atraviesa indemne Dorrego y mantiene su nombre por un puñado de cuadras más, para cambiar de nombre al cruzar Lacroze, donde se transforma en Giribone.

    Palestina es otra salvedad. En 1995, por gestión de la embajada de ese país, se cambió el nombre a ocho cuadras de Rawson para poder conformar la esquina de Estado de Palestina y Estado de Israel, única en el mundo, con un mensaje de paz para una región que sigue convulsionada.

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