La Paternal festeja sus 122 años mientras se renueva buscando mantener su esencia

Nacido a través de un trámite burocrático y una empresa de seguros, el barrio resiste al boom inmobiliario con sus casas bajas y veredas arboladas, con cada vez más locales gastronómicos que buscan cambiarle la cara.

Hay barrios porteños que nacen de una batalla, de una donación caritativa o de una epidemia. La Paternal nació de un trámite: el 12 de julio de 1904, el entonces Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico accedió a rebautizar la estación Chacarita por el nombre de una compañía de seguros que estaba levantando casas para obreros en la zona. Ese gesto burocrático y gris es la partida de nacimiento de un barrio que hoy, 122 años después, mantiene su esencia mientras busca aires de renovación.

Chacras, jesuitas y dos colonizaciones fallidas

Hacia 1767, estas tierras pertenecían a los jesuitas, hasta que el Estado se las confiscó. En 1827, Bernardino Rivadavia intentó fundar allí el pueblo de Chorroarín con colonos alemanes, un experimento que se apagó casi sin dejar huella. Seis años después se probó de nuevo, esta vez con familias llegadas de las Islas Canarias, expertas en agricultura. Tampoco prosperó del todo, pero dejó campo fértil para lo que vendría.

Recién en 1855 los terrenos pasaron a manos de Juan Farías, administrador de la Chacarita desde tiempos de Rosas, y por ese camino que él transitaba, la hoy Avenida Warnes, comenzó a tejerse el mapa del barrio. Cuando en 1887 el ferrocarril inauguró allí la estación Chacarita, con vías especiales para bodegas de vino, nadie imaginaba que en menos de veinte años una aseguradora le iba a robar el nombre.

Un barrio con un puente como centro

A diferencia de otros barrios, La Paternal no tiene una plaza como corazón, sino un puente, que sirve como referencia para cualquier dirección. La obra, sobre la Avenida San Martín, nació porque a principios de siglo XX los tranvías se amontonaban ante las barreras del ferrocarril y, aunque se aprobó su construcción en 1914, la Primera Guerra Mundial la postergó una década entera. Recién se inauguró en 1926.

Ese puente, rebautizado en 1994 en honor a Julio Cortázar (vecino del barrio, que lo inmortalizó en Rayuela), funciona como nudo que une dos mitades que crecieron distintas: la tranquila zona de La Isla, que fue testigo de los vaivenes del Albergue Warnes; y la Avenida San Martín, la arteria comercial y social donde alguna vez hubo cines, glorietas con orquestas y confiterías que hoy sobreviven casi como reliquias, como la centenaria Confitería Fierro.

El puente sobre Avenida San Martín en 1937.

El puente sobre Avenida San Martín en 1937.

Diego Armando Maradona y La Paternal, un amor eterno

El barrio también fue cuna del fútbol que después se hizo leyenda: Argentinos Juniors se instaló definitivamente en La Paternal en 1925. Aunque luego el trazado de los límites barriales dejó a la cancha en Villa General Mitre, el vínculo del Bicho con La Paternal sigue intacto.

Medio siglo después, un adolescente de apenas quince años llegado de Villa Fiorito debutó en su Primera División. Se llamaba Diego Armando Maradona, y el club le alquiló una casa en Villa del Parque para que viviera con su familia. Hoy, el barrio le rinde homenaje con infinitos murales que remiten a la que muchos vecinos recuerdan como su mejor época, cuando todavía era un desfachatado Pelusa.

Diego Maradona sigue vivo en los murales de La Paternal.

Diego Maradona sigue vivo en los murales de La Paternal.

Un barrio que envejece sin perder su pulso

Las bodegas con vías propias para el vino de Mendoza y San Juan ya no existen. El arroyo Maldonado, que supo darle al barrio su costado más periférico, corre entubado desde 1929, invisible bajo la Avenida Juan B. Justo. Los cines desaparecieron, el lechero y el afilador ya no recorren las calles pregonando su oficio, y buena parte de la industria que supo emplear a generaciones enteras se apagó hace décadas.

Y sin embargo, La Paternal insiste. Sigue siendo un barrio de casas bajas y veredas arboladas donde caben tanto el repuesto de auto como el verso de tango, donde Mirtha y Silvia Legrand jugaban de chicas y de donde Pappo Napolitano se negó siempre a mudarse, aunque la fama se lo hubiera permitido.

Hoy, resiste al boom inmobiliario que todo lo demuele y recibe a nuevos locales gastronómicos que ya desbordan a los vecinos Villa Crespo y Chacarita.

Los festejos por los 122 años de La Paternal

Pese a que el aniversario es el 12 de julio, en esta ocasión se celebra el sábado 18 desde las 12 en la esquina de Álvarez Jonte y Linneo. Habrá festejo con música y feria gastronómica.

Esta actividad está organizada por distintos colectivos vecinales, nucleados en República de La Paternal Cumple. Esta celebración se orienta a los artistas locales y también la posibilidad de compartir una comida comunitaria y vincularse entre vecinas y vecinos.

Se presentarán en el escenario Alaya Cumbia, Los Notables 122, Los Insaciables de La Paternal, La Planta de Odin, Los Vatos de Mota, Viejo Barro Blues y Los Belsunce. Todo estará coordinado por El Poeta de La Paternal.

En paralelo se desarrollará una feria de gastronomía, con comidas al paso. También tendrá su puesto Naoj Tatoo, que realizará tatuajes.

Formarán parte del festejo: Club Conjura, La Escuela de Mi Barrio, La China Casa Cultural, Biblioteca Popular Florencio Sánchez, La Gran Paternal, Yoli Taller, Casa Cultural Chassa, Paternal Cultura, Acercándonos Red, CeSAC Nº 22, La Paternal No Olvida y Todo Paternal.