Un conmovedor sentimiento de dolor envuelve a la escena artística del oeste nacional tras conocerse la muerte de Golondrina Ruiz, una de las plumas y voces más representativas del folclore cuyano. El emblemático compositor, instrumentista y promotor cultural de la provincia de Mendoza falleció a los 78 años este lunes. Su legado musical constituyó una pilar fundamental en la consolidación del acervo popular, ganándose el respeto de colegas y seguidores de varias generaciones de artistas.
La triste confirmación de la noticia estuvo a cargo del subsecretario de Cultura provincial, Diego Gareca, quien resaltó públicamente la intachable carrera del referente y su inestimable aporte a lo largo de los años para nutrir la identidad cuyana. Por intermedio de sus canales, el funcionario formalizó el pesar institucional y transmitió el pésame a los seres queridos del creador. En su sentida despedida pública, la autoridad sintetizó el sentir de la comunidad con una frase rotunda: “La cultura está de luto”, concluyendo su homenaje con un afectuoso “Hasta siempre, Golo”.
El imborrable impacto de su legado se extiende a través de sus creaciones poéticas, composiciones folclóricas y múltiples iniciativas de fomento cultural que moldearon el perfil artístico de la región. Su partida generó una inmediata oleada de homenajes y mensajes de condolencias en redes por parte de músicos, poetas e instituciones del ámbito popular. De esta forma, Cuyo despide a uno de sus baluartes más entrañables, cuya obra continuará sonando como símbolo indiscutido de la tierra mendocina.
Quién era Golondrina Ruiz
Rafael Ricardo “Golondrina” Ruiz nació en la localidad mendocina de Tunuyán en 1947 y supo forjar una trayectoria artística que abrazó la música, las letras, la puesta en escena y la gestión pública. A lo largo de los años se consolidó como una figura de enorme peso regional, desempeñándose con soltura como poeta, dramaturgo, intérprete y realizador escénico.
Entre los hitos más emblemáticos de su recorrido figura una legendaria travesía emprendida entre 1976 y 1982, período en el cual recorrió 14 provincias argentinas a lomo de caballo y con su guitarra como única compañera. Aquella extensa vivencia itinerante, fundada en el intercambio directo con las comunidades locales, forjó de manera definitiva su impronta estética y alimentó la sensibilidad que más tarde plasmaría en sus diversas creaciones.
Su figura quedó inmortalizada principalmente por su destacado vínculo con la Fiesta Nacional de la Vendimia. Tras firmar el libreto en 2003 y asumir la dirección general en 2005, tuvo a su cargo en 2020 la conducción del espectáculo “Sinfonía azul para el vino nuevo”, un imponente despliegue escénico que congregó a más de mil artistas en las tablas del Frank Romero Day.
En julio de este mismo año coronó su faceta literaria con la presentación de su primer libro, titulado “El yantar de los cantares”, una compilación de relatos inspirada en aquellos viajes ecuestres y en los recuerdos de los caminos transitados por el territorio nacional. Así se despide un verdadero baluarte de la cultura popular, cuya obra permanecerá como un testimonio invalorable de la identidad y el folclore argentino.