Vuelve una de las historias más entrañables. Disney y Pixar regresan a los cines con Toy Story, la franquicia que empezó en 1995, iconizó a personajes como Buzz Lightyear y Woody, y revolucionó la animación. Ahora, en su quinta entrega vuelven a poner a los juguetes a la pantalla, pero frente a los cambios de la infancia moderna: la tecnología.
En esta nueva entrega, la historia sigue a Jessie, Woody, Buzz y el resto de sus compañeros enfrentando a una amenaza sin precedentes: los dispositivos electrónicos. Los problemas comienzan cuando Bonnie –personaje que se introdujo en la tercera parte y que cobró relevancia en la cuarta– recibe un Lilypad, es decir, una tableta inteligente con forma de rana que reemplazará a los juguetes tradicionales, por lo que deberán luchar por la atención de la niña en un mundo ya casi del todo absorbido por las pantallas.
La quinta entrega retoma la franquicia siete años después y pone como conflicto a la tecnología, una problemática actual, aunque ya bastante debatida.
Más allá de la discusión sobre si es necesaria su existencia o no, Toy Story 5 funciona como película. La animación vuelve a demostrar por qué Pixar sigue siendo uno de los "peces gordos" dentro del género. La historia, además, es sumamente entretenida y a la vez, emotiva. Un acierto muy grande es haber introducido como conflicto a la tecnología –aunque no es una problemática tan nueva–. Y otro fue darle más protagonismo a Jessie, uno de los personajes más queridos de la saga, para que Woody actúe más como un personaje secundario. En definitiva, es una buena continuación, ya que venía de una cuarta entrega que no traía nada nuevo ni disruptivo luego del gran cierre que tuvo la tercera.
Ahora sí: ¿era necesaria? Porque, aunque la película consigue justificar mejor su presencia que su antecesora, es inevitable hacerse esta pregunta. Por supuesto que Disney no es el único estudio cinematográfico que tiene este "fetiche": el "problema" se encuentra en muchas franquicias que se siguen expandiendo después de décadas, películas icónicas que vuelven con secuelas, live-actions y remakes de clásicos.
Entonces, ¿hasta dónde puede seguir expandiéndose el universo de Toy Story? El debate ya no pasa por su calidad –porque la mayoría de ellas son buenas, sí–, sino por la necesidad de seguir regresando a un mundo que ya tenía un cierre perfecto. Y eso fue hace más de una década, con su tercera parte (hasta el mismísimo Quentin Tarantino había avalado esto cuando dijo en el podcast de Bill Maher, en 2024, que con Toy Story 3 "acabaron la historia de la forma más perfecta posible").
Y sí. Toy Story 3 cerraba con la despedida de Andy de sus juguetes, el niño que ellos habían visto crecer. No solo cerraba una historia, sino también una etapa de la vida. Era un final hermoso, conmovedor y sumamente humano. Esos juguetes que lo habían acompañado durante toda su vida tenían que aceptar la realidad: su dueño había crecido y era momento de dejarlo ir. Como así también nosotros a la franquicia.
Para muchos espectadores, la despedida de Andy y sus juguetes en Toy Story 3 representó el cierre perfecto.
Pero no. Nueve años más tarde llegó la cuarta parte con una nueva dueña, se sumaron personajes y la historia continuó. Claramente, la justificación de darle continuidad es que Toy Story es una de las franquicias más rentables de toda su historia. Según un informe económico que compartió Disney, la saga generó alrededor de u$s16 mil millones en ingresos durante los últimos 30 años (esto no solo incluye la taquilla de las cintas, sino también merchandising, licencias, contenido para streaming, videojuegos y juegos en sus parques temáticos). En cuanto a las películas, solo sus cuatro primeras recaudaron más de u$s3.000 millones en los cines de todo el mundo.
Los números lo explican bastante. La tercera entrega se convirtió en la primera cinta de Pixar en superar la barrera de los u$s1.000 millones y la cuarta hizo prácticamente lo mismo al llegar a los u$s1.070 millones. Y eso fue casi diez años después. Por lo que, lejos de mostrar signos de agotamiento, la franquicia siguió creciendo. Así que por supuesto, la nostalgia vende… incluso después de haber tenido un final que muchos consideraban definitivo, perfecto.
Entonces, probablemente haya más historias de este universo –de hecho, en una entrevista con ScreenRant, su director Andrew Stanton dejó abierta la puerta a esta posibilidad–. La quinta fue una apuesta que salió bien, porque pone sobre la mesa un conflicto muy actual, pero, ¿qué más habrá para contar sin desgastar la calidad de la saga de ahora en más?