¿Por qué la ex Alemania Oriental hoy vota a la ultraderecha?

A más de tres décadas de la reunificación de 1990, la fractura estructural entre el Este y el Oeste dictó el histórico triunfo de la ultraderechista AfD en Sajonia-Anhalt. Al rozar la mayoría absoluta con casi el 44% de los votos, impulsada por el descontento migratorio y la crisis industrial, el resultado abre una crisis que sacude a todo el tablero político alemán.

El 6 de septiembre, en las elecciones de Sajonia-Anhalt, Alternativa para Alemania (AfD) arrasó con el 43,8% de los votos y 39 de los 83 escaños. Fue el mayor porcentaje para la extrema derecha en el país desde 1945, impulsado por una participación récord de casi el 78% que castigó de lleno al oficialismo.

El nacimiento de la AfD

La AfD nació en febrero de 2013 en la crisis de la deuda europea. Frente a los rescates financieros que impulsó Angela Merkel para evitar la quiebra de Grecia y los países del sur de Europa, un sector de la élite académica y financiera alemana denunció una violación a los tratados comunitarios y una "traición a la ortodoxia fiscal".

Así surgió AfD, como una nueva fuerza que exigía la disolución ordenada de la Eurozona y el retorno al marco alemán como moneda nacional. Su matriz era el ordoliberalismo clásico de posguerra: un libre mercado estricto que rechazaba socializar deudas ajenas y que rápidamente atrajo a votantes conservadores desencantados con el rumbo de Angela Merkel.

El trípode de poder

El éxito de la AfD se apoya en liderazgos tan contradictorios como efectivos. A nivel nacional, su copresidenta Alice Weidel personifica una paradoja andante: doctora en economía, abiertamente lesbiana, en pareja con una mujer de origen esrilanqués y con residencia compartida en Suiza. Lejos de restarle, su perfil cosmopolita es un activo táctico que otorga un "permiso psicológico" para que profesionales y votantes moderados elijan a la AfD sin sentir que apoyan a la ultraderecha.

Alice Weidel.

Alice Weidel.

En el polo ideológico duro opera Björn Höcke, el motor de las bases en el Este. Con una prédica nacionalista que desafía los consensos históricos de posguerra, Höcke fue recientemente multado por la Justicia tras utilizar en un mitin una consigna prohibida de las tropas de asalto (SA) nazis ("Alles für Deutschland").

Björn Höcke.

Björn Höcke.

Como puente entre ambos aparece el otro copresidente, Tino Chrupalla, un pintor artesanal de Sajonia. Chrupalla habla el lenguaje de la clase trabajadora del Este, conectando con el miedo a la desindustrialización, la suba de la energía y el olvido de Berlín, asegurando el anclaje popular del partido en la antigua RDA.

La crisis migratoria

Para el crecimiento del partido, el año 2015 marcó el punto de inflexión decisivo. La llegada de 1,3 millones de refugiados —principalmente de Siria, Irak y Afganistán— desbordó la acogida estatal, y la decisión de Angela Merkel de no cerrar las fronteras desató una profunda revuelta conservadora. Fue el combustible para que la AfD se transforme de un grupo de economistas anti-euro en un movimiento antiinmigración de masas.

A diferencia de aquella crisis inicial, la oleada de 2022-2024 impactó sobre un sistema administrativo exhausto. La llegada de más de un millón de refugiados ucranianos, sumada a nuevos flujos de solicitantes de asilo de Oriente Medio y África, llevó a los municipios al límite funcional de emergencia.

Pancarta de AfD en Turingia que dice

Pancarta de AfD en Turingia que dice "No hay lugar para hogares de asilo".

Con guarderías y escuelas sin vacantes, escasez crítica de viviendas y presupuestos locales desbordados, la queja municipal contra Berlín por la falta de recursos se trasladó a las urnas. Es así que la inmigración dejó de ser un debate abstracto y se convirtió en una disputa material por el acceso a los servicios públicos, consolidándose como el aglutinador electoral más potente del partido.

La guerra en Ucrania y el impacto en el bolsillo

La guerra en Ucrania a comienzos de 2022 aceleró el descontento al desnudar las fragilidades del modelo exportador alemán. Su prosperidad de posguerra dependía de tres pilares que estallaron a la vez: el paraguas de seguridad estadounidense, las exportaciones masivas a China y, sobre todo, la energía rusa barata.

Los gasoductos rusos llevaban gas a toda Europa.

Los gasoductos rusos llevaban gas a toda Europa.

Luego de las sanciones impuestas a Rusia, el corte del gas ruso desató un shock inflacionario, el temor a la desindustrialización —evidenciado en anuncios históricos como el cierre de plantas de Volkswagen— y la asfixia del poder adquisitivo en la clase trabajadora; factores que la AfD capitalizó de inmediato culpando a las sanciones y a la transición verde.

Aquí asoma lo que el Instituto Alemán de Investigación Económica bautizó como la "Paradoja de la AfD": mientras el programa oficial del partido promueve un liberalismo económico duro y el recorte del Estado de bienestar, su base electoral está compuesta por trabajadores precarizados y jubilados; paradójicamente, los sectores más vulnerables a las políticas de mercado que el propio partido defiende.

¿Por qué el epicentro del voto es la ex Alemania Oriental?

El arraigo de la AfD en la antigua República Democrática Alemana (RDA) hunde sus raíces en las heridas no resueltas de la reunificación de 1990. Para millones de orientales, el proceso no se sintió como una unión entre iguales, sino como una absorción económica por parte del Oeste que desmanteló el tejido productivo local y destruyó 2,4 millones de empleos.

Esa reconversión traumática desató un éxodo masivo hacia el Oeste, protagonizado sobre todo por jóvenes y mujeres con estudios terciarios. Municipios enteros de Sajonia-Anhalt, Turingia y Brandeburgo quedaron envejecidos, con una marcada sobre-representación de varones y una brecha salarial que aún hoy ronda entre el 15% y el 20% respecto al Oeste.

Como documenta el DIW Berlin, el mapa donde la AfD arrasa coincide quirúrgicamente con las zonas golpeadas por el vaciamiento demográfico y la falta de centros de decisión económica. Es así que el partido supo transformar esa sensación de "ciudadanía de segunda" en combustible electoral, presentándose como la única voz que defiende al Este frente al establishment de Berlín.

Votos a AfD en las últimas elecciones regionales (2022-2026).

Votos a AfD en las últimas elecciones regionales (2022-2026).

Algoritmos y provocación: la maquinaria digital de la AfD

Consciente del escepticismo en la prensa tradicional, la AfD montó sus propios estudios audiovisuales profesionales para hablarle al electorado sin intermediarios. La apuesta se tradujo en un dominio aplastante en plataformas de video corto como TikTok, lo que explica en gran medida su fuerte penetración entre los votantes jóvenes.

Visualizaciones por posteo en TikTok (2022-2023). AfD supera ampliamente al resto de los partidos.

Visualizaciones por posteo en TikTok (2022-2023). AfD supera ampliamente al resto de los partidos.

El partido no opera aislado, sino en simbiosis con un ecosistema digital de influencers, portales de la Nueva Derecha y activistas que saturan las redes con memes, discursos identitarios y piezas audiovisuales generadas con Inteligencia Artificial.

La clave de su viralidad es la "provocación calculada": sus dirigentes lanzan declaraciones intencionadamente disruptivas sobre migración o memoria histórica para forzar la condena pública del arco tradicional. Sin embargo, una investigación del Centro Europeo de Acción Digital demuestra que esta indignación moral del mainstream actúa como un megáfono gratuito: el algoritmo de las redes sociales premia el conflicto y la respuesta de los adversarios, multiplicando exponencialmente la visibilidad de la premisa original de la AfD.

Por eso, reducir su crecimiento a un mero "voto bronca" es un error de diagnóstico. De acuerdo con los análisis de la Fundación Friedrich Ebert (FES), el partido ya consolidó un núcleo de votantes por convicción.

Ejemplo de contenido hecho con IA por simpatizantes.

Ejemplo de contenido hecho con IA por simpatizantes.

El desenlace institucional: ¿por qué pueden llegar al poder?

En el sistema parlamentario alemán, el Canciller federal Friedrich Merz (Unión Demócrata Cristiana -CDU-) había asegurado que endurecer la postura económica y migratoria desinflaría a la AfD; sin embargo, el desplome de su partido en Sajonia-Anhalt desató una crisis de liderazgo que pone en jaque su continuidad y deja a su gobierno en una posición de extrema debilidad.

A esto se suma la trampa del "cordón sanitario", que amenaza con fracturar a la propia centroderecha. Mientras en el Este varios intendentes y legisladores provinciales presionan para dialogar con la AfD alegando que es inviable gobernar ignorando a casi la mitad de los votantes, la cúpula de Berlín insiste en el aislamiento total.

Friedrich Merz.

Friedrich Merz.

Asimismo, estudios del Centro de Ciencias Sociales de Berlín (WZB) revelan que en el ámbito distrital y municipal ya existen instancias donde fuerzas conservadoras cooperan con la AfD para aprobar normativas locales, lo que contribuye a la normalización gradual del partido en las estructuras de poder.

Hacia dónde va Alemania

Sajonia-Anhalt funcionó como un ensayo general que expuso la fragilidad del régimen político de posguerra. Si la AfD sigue ampliando sus bases y los partidos históricos continúan cayendo, las mayorías parlamentarias para sostener un gobierno estable se volverán impracticables.

Apalancada en las fracturas no cicatrizadas de la reunificación alemana y alimentada por la crisis europea, la AfD dejó de ser un fenómeno testimonial de protesta. Lentamente, la ultraderecha alemana transita de los márgenes contestatarios al centro de la toma de decisiones, redefiniendo el tablero político del país más poderoso del continente y encendiendo las alarmas en toda Europa.