"En Israel hubo torturas y simulacros de fusilamiento", denunció uno de los capitanes de las flotillas que fueron a Gaza

La Flotilla Global Sumud, liderada por la activista sueca Greta Thunberg, fue un actor clave para lograr la paz entre Israel y Hamás. Entre los 480 tripulantes se encontró Carlos 'Cascote' Bértola, capitán del Estrella y Manuel, uno de los 50 barcos que navegó por el mar Mediterráneo durante más de un mes.

El acuerdo alcanzado entre el Estado de Israel y Hamás para terminar la guerra en Gaza, que había comenzado el 7 de octubre de 2023, fue posible - en parte - por la participación de la Flotilla Global Sumud que pretendía llevar medicinas, agua y alimentos a los miles de civiles palestinos que padecían el asedio militar constante y la utilización del hambre como instrumento bélico. Entre los 480 activistas que participaron de esta misión humanitaria se encontró Carlos 'Cascote' Bertola, un argentino que designado como el capitán del Estrella y Manuel, uno de los 50 barcos que intentaron llegar a la Franja. "Hoy, la resistencia está en la paz", aseguró en un diálogo exclusivo con C5N.

'Cascote' Bertola tiene 51 años y sus padres militaron en Montoneros, hasta que fueron asesinados por la última dictadura cívico-militar, en 1977. En aquel entonces, él tenía tres años y fue obligado a reconocer los cuerpos muertos de sus progenitores. Durante un mes estuvo desaparecido porque se lo había apropiado una familia de militares. Luego, fue devuelto a sus abuelos que lo terminaron de criar. Su propia historia personal fue clave para forjar a un hombre que hoy tiene dos hijos y una "compañera", como él mismo se refiere a ella, que busca "hacer la revolución" que soñaron sus padres.

Bertola fue jefe de asesores de Fernanda Raverta en el Ministerio de Desarrollo Comunitario de la Provincia de Buenos Aires y después estuvo al frente de la Secretaría de Pesca Artesanal. 'Cascote' también es un referente de la Corriente Nuestra Patria, pero a principios de los 2000 fue una de los actores más activos de Quebracho. Con el tiempo, se formó en la náutica porque cree que es una herramienta para proteger los ríos y el mar argentino. Este aprendizaje lo llevó a ser uno de los 480 activistas que formaron parte de la Flotilla Global Sumud.

"Estaba en Venezuela como veedor de las últimas elecciones y una mujer de Siria escuchó que le contaba a una persona que estoy creando una escuela popular de náutica. Entonces, me dijo que necesitaban capitanes para llevar la ayuda humanitaria a Gaza. Después hicimos una videollamada y a los tres días me sumé porque no hay muchos militantes que sepan navegar", contó sobre cómo se sumó a una de las acciones no violentas más relevantes del último tiempo, al igual que las resistencias activas y pacíficas de Martin Luther King, en Estados Unidos, o Gandhi, en la India.

En una entrevista exclusiva con C5N, 'Cascote' contó cómo fue participar de esta misión por la que se consiguió la paz en Medio Oriente, su detención en aguas internacionales y las torturas que recibieron en una prisión de máxima seguridad en Israel.

Embed - Carlos Bertola on Instagram: "La @globalsumudflotilla sigue navegando hacia Gaza Pese a que fue una noche sin ataques seguimos en estado de alerta porque las amenazas por parte del regimen sionista de Israel continúan y se profundizan. Nos escoltan dos buques de la marina italiana y española. Dos Estados que decidieron proteger a sus ciudadanos que forman parte de esta acción humanitaria. La "comunidad internacional" parece empezar a dimensionar recién ahora los horrores que hace décadas ejecuta Israel contra la población palestina. Nos escoltan a nosotros pero quienes necesitan ser protegidos hace tiempo son los palestinos y palestinas. Esperamos llegar a Gaza y que esto siente un precedente, pero no alcanza si no se frena el genicidi y eso depende de la acción de los gobiernos del mundo. Sigamos exigiendo respuestas concretas. Hasta que Palestina sea libre desde el río hasta el mar "

¿Qué balace haces de la acción de la Flotilla Global Sumud?

El balance es altamente positivo. Fue un éxito. Me acuerdo de Thiago (Ávila) -uno de los organizadores-, cuando nos abrazamos en Jordania y me decía 'Ganamos, Cascote. Ganamos'. Un nivel de alegría enorme, no solo porque estábamos libres. También por lo que se había gestado en las movilizaciones de todo el mundo. Aportamos al proceso de paz y generamos consciencia en el mundo sobre el genocidio que sucedía en Gaza. Yo le doy una vuelta de rosca más, que tiene que ver con lo que están haciendo los malos del mundo en Gaza.

¿A quiénes te referís con los malos del mundo?

Hay sectores que tienen un gran poder en el planeta y desarrollan la tesis que, en un mundo multipolar y con una China avanzando, hay que activar el poder nuclear, llevarnos a una tercera guerra mundial y conservar el poder de lo que quede. Esa idea tiene cada vez más fuerza y en Israel está presente. Gaza es su laboratorio. Si pueden matar a millones de personas, de ahí en adelante pueden hacer lo que quieran con cualquier pueblo. Hay que ponerle un freno. Por eso es tan importante lo que hizo la Flotilla porque este escenario global es peligroso y la resistencia está en la paz. Tenemos que abrazar la paz.

¿Cómo fueron los más de treinta días de navegación en el Mediterráneo?

Muy intensos. Estuvo lleno de problemas y enojos propios a la convivencia, pero que escalan, como dos mecánicos que se pelearon porque rompieron un motor de barco; una mujer que tenía que armar los botiquines de las embarcaciones y los 25 médicos que había le pedían cosas diferentes, cada uno en un idioma diferente. Esto fue una crisis, hubo gente llorando. Todo era un problema: qué se come, cuándo se come, que tal capitán es machista; soy hindú y me discriminan. En Túnez nos tiraron una bomba incendiaria y hubo mucha gente que se bajó de la misión. Pero las crisis, que hubo miles, se superaron porque había un objetivo claro y más importante: llegar a Gaza. Hubo un momento de mucha tensión porque se había bajado del barco un coordinador, un francés que había protagonizado varias peleas. Había quedado todo bastante raro. Entonces, por esos días cumplía años Sofi, una catalana, y le hicimos un festejo sorpresa. Le cantamos el feliz cumpleaños en los diferentes idiomas de los tripulantes. Ese fue un momento muy lindo. Cuando me tocó a mí lo canté con la marcha peronista.

¿Tuviste dificultades para la navegación?

Cien mil dificultades tuve. Dos o tres veces estuvimos a punto de hundirnos y quedarnos fuera de la misión. En un momento choqué una piedra enorme en una bahía de Grecia y otra vez nos quedamos sin motor porque se había roto la refrigeración. El mecánico hizo magia y lo arregló. Si hay que navegar desde Barcelona hasta Gaza, la otra punta del Mediterráneo, ya es un desafío mismo aunque se vaya a hacer turismo y se prepara con meses de antelación. Acá lo hicimos con 50 barcos, con gente que no se conocía y en una semana. Desde lo logístico, fue una locura. El desafío náutico fue monstruoso. Encima, nos tiraron con drones.

¿Cómo fue el momento de la intercepción de la Armada israelí?

Fue furo. Primero porque tardó mucho tiempo. Empezó a las once de la noche y terminó a las cuatro de la mañana. Era toda una complicación para ellos porque éramos 50 barcos y les resultó dificil frenarnos a todos porque nos desparramábamos. Nos tiraban agua y rompieron todo el instrumental. Hasta que se puso muy denso porque teníamos dos barcos de guerra muy cerca, uno de cada lado, que nos apuntaban con reflectores y gritaban que frenemos porque nos hundían. De repente, se acercaron las lanchas, nos apuntaron con las miras láser y nos quedamos con las manos levantadas. Antes, habíamos tirado todos los cuchillos para que no haya confusiones. Era lo que usábamos para cocinar, nada raro, si esto era una acción pacífica. La Armada de ellos fueron muy profesionales e imaginos que ellos deben estar enojados que los manden a detener civiles, cuando están preparados para ir a una guerra. Ellos, bien; en Israel se puso más denso.

¿Qué pasó en Israel?

Cuando nos bajaron del barco, en Israel, nos sentaron a todos con las manos atadas a la espalda y teníamos al ministro de Seguridad Nacional israelí (Itamar Ben Gvir) gritándonos terroristas, mientras nos filmaba. Todos gritaban Palestina libre y ahí cobramos como loco, porque ese tipo de acción de odio hace que las fuerzas se pongan más duras. A un turco de la Flotilla le quebraron un brazo. Yo tengo trombosis crónica y tengo que tomar un anticoagulante. Cuando entramos a la cárcel, me tiraron todos los medicamentos.

Estuvieron seis días detenidos en la prisión de máxima seguridad de Ktzi'ot, en el desierto de Néguev, y trascendieron versiones que recibieron maltratos y hasta torturas, ¿esto es cierto?

A Thiago le hicieron simulacro de fusilamiento. Una noche, lo llevaron al medio del desierto y lo hicieron caminar mientras le apuntaban con las miras láser en la espalda. A Greta (Thunberg) y él, que eran los referentes, los sacaron a interrogarlos 50 veces y al resto nos sacaron una sola vez. De los seis días que estuvimos detenidos, dos no nos dieron de comer, y cuando nos daban era muy poquito. Estábamos hacinados apropósito porque eramos 16 en una celda de ocho y había celdas que estaban vacías.

¿Cómo es una cárcel de máxima seguridad de Israel?

Tiene paredones muy grandes, parecida al penal de Ezeiza. Los pabellones están a los costados y, una al lado de la otra, las celdas. En el medio hay un patio, al que nunca nos llevaron para caminar o ducharnos. Al lado de la reja había un televisor que tenía puesto un documental del ataque de Hamás del 7 de octubre que nos repitieron en loop los seis días. Estábamos separados, así que no nos cruzamos con el resto de los presos.

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Los padres de Bértola eran militantes de Montoneros y fueron asesinados durante la última dictadura cívico-militar.

Los padres de Bértola eran militantes de Montoneros y fueron asesinados durante la última dictadura cívico-militar. "Me obligaron a reconocer sus cuerpos. Yo tenía tres años", contó en un diálogo exclusivo con C5N.

¿Tuviste miedo durante la detención?

La preocupación más grande era que cambiaran las condiciones políticas y se les ocurriera dejarnos ahí un año. Yo estaba tranquilo porque conozco lo que es estar detenido. Pasé dos años y pico en Ezeiza por hechos ocurridos en el 2001, alguna otra noche cuando hicimos un piquete. Conozco los calabozos. El resto de la gente lo vivía con más nerviosismo porque nunca habían estado presos e intentaba tranquilizarlos. Me enojaba cuando algunos provocaban y se ponían a cantar "Palestina libre". Después, nos dejaban sin comer. Hay que entender que cuando estás presos, uno está en manos del enemigo; y el enemigo puede hacer con vos lo que quiera. Algunos, con una mirada más europea creían que no. Pero desde nuestra marginalidad latinoamericana, sabíamos qué batallas dar. En un momento no le daban insulina a uno de los presos y ahí hicimos un escándalo grande porque había una vida en juego.

Embed - Carlos Bertola on Instagram: "Horas decisivas en esta misión pacífica humanitaria. Nuevamente nos enfrentamos a las fuerzas israelíes que buscarán interceptar a la @globalsumudflotilla No saquen los ojos de la flotilla, no saquen los ojos de Gaza."

¿A vos te devolvieron los anticoagulantes para la trombosis?

Tres días después de que me los sacaran, me dieron unas pastillas de 10 miligramos. Era la mitad de lo que tomaba, pero servía. Cuando nos liberaron, me las tiraron de nuevo. En Jordania, lo primero que hicieron darme la medicación en el hospital y estuve bien de salud, incluso en el avión que es lo más peligroso.

¿Porqué te dicen "Cascote"?

Así me decían mis viejos cuando estaba en la panza de mi mamá. Decían que querían tener un hijo humilde como un cascote o gramilla si era nena.

¿Cuál es la historia de tus papás?

Mi papá era Puchi y mi mamá era Kily. Eran militantes de Montoneros. Cuando pasaron a la clandestinidad, se fueron a Bahía Blanca, donde yo nací. Después volvieron y se fueron al oeste, donde los agarran en una casa donde vivían varios. Ahí los asesinaron y me hicieron reconocer los cuerpos. Yo tenía tres años. Me entregaron a una familia militar que me tuvo un mes, hasta que llamaron a mi familia y me devolvieron. A mi me crio mi abuela.

¿Hay algo de la historia de tus padres que sea importante para vos hoy, como sumarte a la Flotilla Global Sumud?

Mis viejos combatieron a la dictadura y querían hacer la revolución en Argentina. Ese legado lo seguimos teniendo y hay un elaboramiento histórico que empezó con mis padres, pero sigue con mis hijos. Tenemos la certeza de que no nos van a poder vencer nunca. La resistencia siempre va a ser posible, como la demuestra el pueblo palestino, y en algún momento vamos a hacer la revolución. Creo profundamente en las construcciones colectivas y en la comunidad. Hay que armar una gran comunidad para ser felices sin que nadie se interponga y se entrometa en nuestras decisiones.

Los otros argentinos que participaron de la Flotilla Global Sumud

Además de Carlos 'Cascote' Bertola, hubo otros dos argentinos que participaron en la Flotilla Global Sumud que pretendía llevar ayuda humanitaria a los palestinos de Gaza. Uno de ellos fue Nicolás Marín, un joven fotógrafo submarino y embajador de Naciones Unidas. Sin embargo, él decidió bajarse de la misión después del ataque con drones en Túnez.

Otra de las argentinas que formó parte de la misión humanitaria fue Celeste Fierro, ex legisladora porteña por el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT). Ella llegó hasta el final y también permaneció detenida en la prisión de máxima seguridad israelí.

"Fue una experiencia muy importante haber participado en la flotilla. Junto a decenas de activistas nos propusimos el objetivo de romper el bloqueo sobre Gaza, abrir un corredor humanitario y fundamentalmente contribuir a la visibilización y la solidaridad internacional con el pueblo palestino desnudando la brutalidad de la política genocida del Estado de Israel, de su primer ministro Netanyahu y de la estrategia de limpieza étnica brutal en pleno siglo XXI. Esos objetivos se cumplieron", aseguró Fierro.

Embed - Cele Fierro on Instagram: "Nos motiva estar cada día más cerca de Gaza. Aunque eso significa estar en la zona roja que es donde el ejército israelí interceptó a flotillas anteriores. Por eso, no saquen los ojos de esta flotilla, sigan nuestro camino. Y si pasa algo, salgan a la calle en repudio."
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