El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur aprobado este jueves en el Senado, reconfigura el mapa mundial y promete mejorar las relaciones entre los 31 países que integran los dos bloques. Pero, ¿quiénes son los ganadores y quiénes pierden tras el entendimiento?
Acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur: quiénes ganan y quiénes pierden
Tras aprobarse en el Senado, el entendimiento todavía no entra en vigencia ya que deberá ratificarse en el parlamento de la Unión Europea y en el Congreso de cada país integrante del Mercosur.
La puesta en marcha del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur implicará una reducción progresiva de aranceles, es decir, de los impuestos que se aplican a la importación de bienes, y una mayor apertura de mercados entre ambos bloques. El objetivo central es facilitar el comercio y ampliar el acceso recíproco para productos y servicios, aunque el impacto será desigual según los sectores y los países involucrados.
En la actualidad, el Mercosur mantiene aranceles elevados, que en algunos rubros alcanzan hasta el 35%, como en el caso de autopartes y automóviles. También existen barreras altas para la importación de maquinarias, productos farmacéuticos y químicos, lo que encarece costos y limita la competencia.
Con el acuerdo, Europa aparece entre los principales beneficiados: sus exportadores industriales y de servicios accederán con menos trabas al mercado sudamericano y, además, las empresas europeas podrán participar en compras públicas dentro del Mercosur, un punto clave del entendimiento.
Sin embargo, no todos los sectores europeos celebran el acuerdo: la apertura genera preocupación entre productores agropecuarios, especialmente de carne y azúcar, que enfrentarán una mayor competencia sudamericana. El tratado contempla mecanismos de resguardo: si un sector sensible se ve seriamente perjudicado, podrán suspenderse de manera temporal las preferencias arancelarias.
Del lado del Mercosur, los grandes ganadores serían los agroexportadores y sectores estratégicos como el litio, además de industrias que podrían abaratar costos al importar maquinaria y tecnología europeas. En contraste, las industrias protegidas por altos aranceles aparecen como las más expuestas, ya que deberán competir con productos europeos que, en sus países de origen, muchas veces reciben subsidios o ayudas estatales.
La gran incógnita que atraviesa el debate es cómo y a qué velocidad se abrirán las aduanas. El ritmo de desgravación arancelaria y los plazos de implementación serán determinantes para medir el impacto real del acuerdo y para definir si la apertura se convierte en una oportunidad de desarrollo o en un desafío difícil de absorber para los sectores más vulnerables.
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