Salta no solo es reconocida por sus vinos, sus ferias de artesanías o su arquitectura colonial. La provincia guarda rincones menos difundidos que sorprenden incluso a los viajeros más experimentados. Entre ellos, hay dos sitios que despiertan asombro por su geografía imponente y por la conexión íntima con la historia y la cultura ancestral.
Viajar a Salta: las dos cuevas maravillosas que impactan a todos
Paisajes rojizos, arte rupestre y un silencio atrapante convierten a estas cuevas en destinos imperdibles para quienes viajan al norte argentino.
Explorar las Cuevas de Acsibi es tarea sencilla: algunas requieren largas caminatas y otras demandan un recorrido en vehículo 4x4. Sin embargo, el esfuerzo vale cada paso. La recompensa es un paisaje que parece sacado de otro planeta y una herencia cultural que todavía late en las paredes de piedra.
No se trata solo de ver formaciones geológicas o pinturas antiguas. Estos espacios transmiten una energía especial, difícil de describir. Quienes llegan hasta allí suelen coincidir en que el viaje no termina en la foto, sino que deja una sensación de desconexión del mundo urbano que se extraña al volver.
Cuevas de Acsibi
Ubicadas a unos 15 kilómetros de Seclantás, en pleno Valle Calchaquí, las Cuevas de Acsibi son uno de esos paisajes que obligan a detenerse y contemplar. Para llegar, el camino se traza por la mítica Ruta Nacional 40 y luego por la Provincial 33, atravesando parajes donde el tiempo parece detenido.
El acceso es organizado por la Finca Montenieva, que ofrece traslados en camionetas 4x4 hasta un punto de inicio. A partir de allí, hay que calzarse las botas y caminar durante varias horas. No es un paseo exprés: es una experiencia de inmersión en un escenario de rocas rojizas con formas caprichosas, donde el silencio se vuelve protagonista.
Entre los atractivos del recorrido, además de las formaciones, aparecen animales autóctonos y una flora adaptada al clima seco. Muchos recomiendan llevar una buena cámara porque la luz, en distintos momentos del día, pinta el lugar con tonos imposibles de reproducir con palabras. Es un destino ideal para quienes buscan aventura y calma en partes iguales.
Cuevas Pintadas de Guachipas
A unos 30 kilómetros del pueblo de Guachipas, estas cuevas son un verdadero museo al aire libre. Para llegar hay que tomar la cuesta del Cebilar, un camino de cornisa que exige precaución, pero que regala vistas espectaculares. El recorrido termina en el paraje Las Juntas, donde se encuentran las famosas Cuevas Pintadas.
El sitio fue considerado sagrado por las tribus originarias y todavía conserva esa atmósfera especial. Las pinturas rupestres, protegidas con estructuras para evitar daños, muestran escenas de la vida cotidiana: desde guerreros y ceremonias hasta animales como suris, jaguares y llamas. Se cree que fueron realizadas sobre formaciones del período cretácico, lo que aumenta su valor histórico.
Quienes hacen el recorrido suelen quedar impactados no solo por las representaciones, sino también por la cercanía con la historia prehispánica que transmiten. En apenas tres horas de caminata, se puede acceder a un relato visual que sobrevivió siglos en medio de un paisaje de areniscas rojas. La visita es gratuita y combina naturaleza, arqueología y aventura en una misma jornada.
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