La dificultad para dormir de forma continua es un problema que afecta a millones de personas en todo el mundo. Despertarse en mitad de la noche y no poder volver a conciliar el sueño es una de las formas más comunes de insomnio y suele estar relacionada con períodos de estrés, preocupaciones o malos hábitos de descanso.
Aunque muchas veces la primera reacción es recurrir a pastillas que ayuden a dormir y que se venden de manera libre, los especialistas advierten que estas soluciones rara vez ofrecen beneficios duraderos. Lo importante, según los expertos en sueño, está en incorporar rutinas saludables y en crear un ambiente adecuado que favorezca el descanso profundo.
La buena noticia es que pequeños ajustes en la vida cotidiana, como cambiar algunos hábitos antes de dormir o controlar factores ambientales, pueden marcar la diferencia. Adoptar estas medidas ayuda no solo a dormir mejor, sino también a mejorar la salud física y mental a largo plazo.
Insomnio
Evitar el sedentarismo y realizar ejercicio físico, incluso en rutinas breves que se adapten a los horarios personales, ayuda a disminuir significativamente el riesgo de enfermedades, molestias físicas e incluso situaciones graves como la muerte prematura
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Qué hacer si no podés dormir profundo
Para mejorar la calidad del descanso, los especialistas recomiendan comenzar por establecer una rutina relajante antes de acostarse. Tomar una infusión sin cafeína, darse una ducha tibia o escuchar música tranquila son prácticas que preparan al cuerpo para el sueño. También es importante evitar el uso de pantallas electrónicas como móviles, tablets o portátiles, ya que la luz que emiten interfiere con el ciclo natural del descanso.
La relajación del cuerpo cumple un papel central. Técnicas como el yoga suave o la relajación muscular progresiva ayudan a liberar tensiones acumuladas y facilitan que el organismo entre en un estado propicio para dormir. Además, es recomendable adaptar el dormitorio para convertirlo en un espacio destinado exclusivamente al descanso, por eso se recomienda mantener la luz y la temperatura en niveles adecuados, reducir ruidos y no realizar otras actividades en la cama, salvo dormir o tener intimidad.
Un consejo útil es retirar los relojes de la vista, ya que observar la hora durante un despertar nocturno genera ansiedad y dificulta volver a conciliar el sueño. También se aconseja limitar la cafeína después del mediodía y reducir el consumo de alcohol al menos cuatro horas antes de dormir, ya que ambas sustancias alteran la calidad del descanso. El tabaco, además de ser perjudicial para la salud, contiene nicotina, que también interfiere con el sueño.
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El ejercicio físico es un aliado importante, siempre que no se realice justo antes de acostarse, ya que la activación del cuerpo puede tener un efecto contrario. Mantener horarios regulares para ir a la cama y levantarse, incluso tras noches de mal descanso, ayuda a estabilizar el ciclo de sueño. En paralelo, evitar las siestas prolongadas durante el día permite llegar con mayor cansancio natural a la noche.
Si después de 20 minutos en la cama no aparece el sueño, lo ideal es levantarse y realizar alguna actividad tranquila, como leer un libro en otra habitación. Esto previene la asociación de la cama con la frustración de no poder dormir.
En algunos casos, detrás del insomnio puede haber causas médicas como apnea del sueño, síndrome de piernas inquietas, dolores crónicos o trastornos emocionales como la depresión. En estas situaciones, consultar a un especialista resulta fundamental para tratar el problema de raíz. El médico puede recomendar terapias específicas, apoyo psicológico o, en casos puntuales, la administración de medicación para normalizar el descanso.