- Mar del Sur está ubicado a 17 kilómetros de Miramar y conserva playas amplias y poco intervenidas.
- El pueblo nació a fines del siglo XIX con la idea de competir con Mar del Plata como destino turístico.
- El histórico Hotel Boulevard Atlántico volvió a convertirse en uno de los grandes atractivos del lugar.
- La tranquilidad, los acantilados y el contacto con la naturaleza lo transformaron en una escapada buscada por quienes quieren evitar las multitudes.
Mar del Sur es uno de esos rincones de la Costa Atlántica que todavía conserva el ritmo pausado de los antiguos balnearios bonaerenses. A apenas 17 kilómetros de Miramar, este pequeño pueblo combina playas extensas, acantilados y una historia marcada por un ambicioso proyecto turístico que nunca llegó a concretarse.
A fines del siglo XIX, sus impulsores soñaban con convertirlo en una versión rival de Mar del Plata. Técnicos alemanes eligieron la zona por las condiciones naturales de su costa y por el potencial de crecimiento que ofrecía el lugar. Sin embargo, la crisis económica de 1890 frenó la expansión ferroviaria y el tren nunca llegó hasta allí. El aislamiento que en ese momento representó un problema terminó siendo, con el paso de las décadas, uno de sus principales encantos.
El símbolo más visible de aquella época es el Hotel Boulevard Atlántico, una construcción inaugurada en 1888 que supo recibir a integrantes de la aristocracia argentina. El edificio atravesó incendios, saqueos y años de abandono, mientras crecían las leyendas sobre pasadizos y apariciones entre sus paredes. En los últimos años, parte de su estructura fue restaurada y hoy funciona como punto gastronómico y atractivo histórico para quienes visitan la zona.
Mar del Sur - Hotel abandonado
Cómo es la escapada que tiene mucha tranquilidad y es ideal para disfrutar de la playa
Lejos del movimiento constante de otros destinos de la Costa Atlántica, Mar del Sur mantiene un perfil sereno incluso durante las temporadas altas. Sus playas abiertas permiten largas caminatas frente al mar, mientras que los acantilados y arroyos que desembocan en el océano forman paisajes muy buscados por pescadores, fotógrafos y turistas que priorizan el contacto con la naturaleza.
Las calles tranquilas y la baja densidad poblacional también ayudan a sostener una experiencia distinta a la de los centros turísticos más concurridos. Entre historias de naufragios, construcciones antiguas y el sonido permanente del mar, el pueblo encontró en la calma el rasgo que hoy lo distingue dentro de la provincia de Buenos Aires.