La reinvención de un clásico que se volvió una experiencia imperdible
La icónica hamburguesería porteña Williamsburg dejó atrás su etapa masiva para concentrarse en una sola sede en Palermo, con menú acotado, helados artesanales y una propuesta que combina música en vivo, deporte y cultura urbana.
En Williamsburg, la hamburguesa es el punto de partida.
Después de casi una década en el mapa gastronómico porteño, Williamsburg decidió hacer algo poco habitual: frenar. La marca, que supo multiplicar locales y convertirse en sinónimo de hamburguesas en Buenos Aires, eligió reinventarse y volver al origen, pero con una mirada más madura. Hoy funciona en una única sede en Paseo de la Infanta, Palermo, donde la propuesta ya no es sólo comer una burger, sino vivir una experiencia completa.
La nueva etapa se refleja en un menú acotado y preciso, centrado en tres hamburguesas —UNO, DOS y TRES— elaboradas con carne de Muge, panes de Kalis e ingredientes seleccionados. Menos opciones, más foco. Cada receta está pensada para que el producto sea protagonista, acompañada por papas fritas y bebidas que completan el combo. El cierre dulce también juega fuerte: los helados soft artesanales de pistacho y Snickers, desarrollados en colaboración con la heladería Kuono, llevan la lógica del helado gourmet al formato soft y se convirtieron en uno de los diferenciales más comentados del lugar.
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Pero Williamsburg va más allá del plato. En el patio trasero, una cancha de básquet desarrollada en asociación con Clutch —marca vinculada al universo urbano y deportivo— y sponsoreada por Adidas, funciona como punto de encuentro y escenario para activaciones. Las gradas integradas y el espacio abierto refuerzan esa idea de comunidad que atraviesa toda la propuesta.
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La música también ocupa un rol central. En la terraza elevada entre los árboles, con vista al tren y al movimiento de los bosques de Palermo, se desarrolla el Ciclo Tan Lelouch, una serie de sesiones en vivo que homenajean la sensibilidad espontánea del cineasta Claude Lelouch. Cada edición suma intervenciones artísticas distintas y performances en formato íntimo, donde el atardecer, la cercanía con el público y la identidad del espacio se funden en una misma escena.
En Williamsburg, la hamburguesa es el punto de partida. Lo que permanece es la sensación de haber estado en un lugar donde todo —la comida, la música, el deporte y el entorno— dialoga bajo una misma idea: quedarse un rato más.
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Dónde queda Williamsburg
Williamsburg se ubica en Av. del Libertador 3883, Paseo de la Infanta, Palermo.