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Esto le pasa al cuerpo si tomás agua sin tener sed: esto dice un especialista

El cuerpo cuenta con señales propias para regular los líquidos. Excederse también puede tener consecuencias.

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  • Tomar agua es un hábito esencial para el buen funcionamiento del organismo, pero no siempre surge la duda de si es conveniente hacerlo cuando no aparece la sensación de sed. Especialistas explican cómo actúa el cuerpo frente a esta práctica y en qué casos puede tener consecuencias.

    La sed es un mecanismo de control muy preciso que se activa cuando el organismo detecta una disminución de líquidos. El cerebro recibe esta señal a partir de sensores ubicados tanto en el sistema nervioso como en los vasos sanguíneos, que registran cambios en la concentración y el volumen de la sangre.

    A este proceso se suma la acción de los riñones, encargados de regular la eliminación de orina para conservar el agua necesaria. Este equilibrio interno permite entender por qué, en general, el cuerpo sabe cuándo necesita hidratarse y cuándo no.

    Qué le pasa al cuerpo si tomás agua sin tener sed

    En personas sanas, tomar agua sin sentir sed no representa un inconveniente en situaciones habituales. Pese a eso, los especialistas advierten que el problema puede aparecer cuando se consumen grandes cantidades en un período muy corto de tiempo.

    Este exceso puede derivar en sobrehidratación, una condición que diluye el sodio presente en la sangre y provoca hiponatremia. Según los expertos, este cuadro se observa con mayor frecuencia en deportistas que realizan actividades de resistencia prolongadas, especialmente en contextos de altas temperaturas o elevada humedad.

    La causa principal está asociada a la ingesta de grandes cantidades de agua sin reponer las sales minerales que se pierden a través del sudor. Cuando esto ocurre, el cuerpo puede manifestar señales claras de desequilibrio, como dolores de cabeza intensos, náuseas, vómitos y, en situaciones extremas, convulsiones.

    Aun así, hay casos en los que no conviene esperar a sentir sed. Quienes realizan ejercicio intenso durante mmucho tiempo necesitan una hidratación planificada para evitar descompensaciones. Algo similar sucede con las personas mayores, ya que con el paso del tiempo la percepción de sed puede disminuir, lo que incrementa el riesgo de deshidratación, sobre todo en verano.

    También requieren atención especial los niños pequeños, en particular si tienen cuadros de fiebre, vómitos o diarrea, así como las mujeres embarazadas o en etapa de lactancia, debido a sus mayores demandas de líquidos.

    Por último, los especialistas aclaran que la recomendación general de tomar dos litros de agua por día es solo una referencia. La cantidad adecuada varía según cada persona y su alimentación, ya que frutas y verduras aportan una porción importante de líquidos al organismo.

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