Los sitios de Turismo en CABA que no te podés perder
El Pasaje General Paz es un pasaje peatonal privado en Colegiales, construido en 1925 por el ingeniero Pedro A. Vinent.
Tiene un estilo ecléctico, con puentes, balcones y arcos que conectan dos cuerpos de edificio y le dan una fisonomía muy particular.
El complejo cuenta con 57 departamentos y un patio central que recuerda, por sus detalles, a un patio andaluz. Está decorado con macetas, plantas ornamentales, mayólicas y bancos.
En los años 60 fue escenario de una historia insólita: un hombre con problemas psiquiátricos se instaló allí creyendo que podía convertir metales en oro y provocó un pequeño incendio.
En pleno corazón de la Ciudad de Buenos Aires existe un rincón que parece detenido en el tiempo y que sorprende incluso a quienes caminan todos los días por la zona sin notarlo. Se trata de un pasaje que, con su arquitectura, su trazado y su atmósfera particular, invita a imaginar cómo era la vida porteña en otras épocas. En este caso, su estilo y su historia lo convirtieron en uno de esos lugares que suelen llamar la atención de fotógrafos y curiosos de Turismo porteño.
Este tipo de espacios urbanos funcionan como pequeñas cápsulas históricas dentro de la ciudad moderna. Entre edificios, oficinas y avenidas ruidosas, estos pasajes ofrecen una pausa visual y cultural que conecta con el pasado. Así, a pesar de estar ubicado en un área céntrica y muy transitada, logra conservar un aire íntimo y casi secreto.
Como es el Pasaje General Paz y por qué es ideal para visitar en Buenos Aires
-Pasaje General Paz en Colegiales - Turismo
El Pasaje General Paz se encuentra en el barrio porteño de Colegiales y es una calle peatonal privada que atraviesa un conjunto habitacional compuesto por dos bloques, con accesos por Ciudad de la Paz 561 y Zapata 552.
El proyecto fue ideado en 1925 por el ingeniero Pedro A. Vinent, quien además fue su dueño, y la obra estuvo a cargo de la empresa Gustavo Taddía. El edificio tiene cuatro pisos, terraza y un estilo ecléctico muy particular: sobre el pasaje, en el segundo y tercer nivel, se extienden pequeños puentes que se ensanchan en forma de balcones y conectan ambos cuerpos, formando arcos sinuosos que le dan una identidad visual única.
En total, el complejo alberga 57 departamentos construidos sobre un terreno de 25 metros de frente. Más que un pasaje tradicional, el espacio se asemeja a un gran patio central, con canteros simples en el medio, pilares revestidos con mayólicas y algunos bancos adosados a las paredes, detalles que le aportan un aire lejano y andaluz. A esto se suman macetas con plantas ornamentales tanto en el centro como en los edificios laterales, además de otras que cuelgan desde los balcones y refuerzan su atmósfera pintoresca.
El lugar también guarda una historia tan curiosa como inquietante. En la década de 1960, uno de los departamentos fue ocupado por un hombre excéntrico, conocido por los vecinos como Schmidt, que decía ser científico. Durante los primeros días se lo vio entrar con cajas pesadas y un guardapolvo blanco, pero pronto comenzó a recluirse y a generar preocupación por los ruidos y olores extraños que salían de su vivienda. Hasta que un día, del departamento empezó a salir una humareda blanca y espesa: Schmidt, fuera de sí, aseguró haber logrado su objetivo, aunque pidió que lo dejaran solo. Finalmente intervino la policía y se supo la verdad: el hombre se había escapado del Hospital Borda, había dejado su medicación y, en medio de un brote psicótico, creía que podía convertir metales en oro. Su intento de “alquimia” terminó en un pequeño incendio y con él de regreso a una institución psiquiátrica.