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Así es Garzón, el pueblo uruguayo con 200 habitantes que recuerda a La Toscana

Más allá de su tamaño, ofrece una propuesta que combina naturaleza, gastronomía y cultura, convirtiéndose en una opción ideal para una escapada diferente.

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  • Garzón es uno de esos lugares que parecen detenidos en el tiempo y que, sin embargo, logran captar la atención de viajeros de todo el mundo. Con apenas unos 200 habitantes, este pequeño pueblo del departamento de Maldonado, en Uruguay, se transformó en un destino cada vez más buscado por quienes quieren escapar del ruido y descubrir rincones con identidad propia. Sus calles tranquilas, sus construcciones de baja altura y su entorno natural invitan a una experiencia distinta, más pausada y auténtica.

    El crecimiento del interés por Garzón no fue casual. En los últimos años, su nombre empezó a circular con fuerza en guías de viaje y recomendaciones de Turismo, sobre todo por su estética cuidada y su atmósfera rural que recuerda a ciertos paisajes europeos. La comparación con La Toscana italiana no es exagerada: colinas suaves, viñedos, caminos de tierra y una vida que transcurre sin apuros construyen un escenario que seduce tanto a visitantes locales como extranjeros.

    Cómo es Garzón, el pueblo destacado de Uruguay con aires europeos

    En diciembre, Uruguay fue escenario de la octava edición de Campo, el festival impulsado por la fotógrafa estadounidense Heidi Lender, que durante tres jornadas reunió a más de 20 artistas de distintos países (como Estados Unidos, Singapur, Corea del Sur y Brasil) y convocó a alrededor de 6.000 personas.

    El evento tuvo como sede a Garzón, un pequeño pueblo que parece detenido en el tiempo. “A simple vista parece un pueblo cualquiera, pero no lo es: están pasando cosas muy interesantes y tiene un aura especial”, explicó Lender.

    Durante décadas, el ritmo del lugar lo marcó el tren. Hasta la década de 1950, Garzón vivía un momento de prosperidad gracias a un molino de trigo y llegó a tener unos 2.000 habitantes. Hoy, según el último censo, apenas viven allí 178 personas, aunque entre sus vecinos aparecen figuras destacadas, como John Pearse, sastre de los Rolling Stones, o la artista francesa Marie Ducaté, que incluso tiene su propio museo en el pueblo. Quien primero puso a Garzón en el radar fue el chef argentino Francis Mallmann, que abrió su restaurante hace ya 20 años.

    Lender llegó casi por casualidad hace 14 años, se enamoró del lugar, compró una casa y creó una organización sin fines de lucro con la idea de “darle a otros artistas la posibilidad de crear en esta tierra mágica”. Su proyecto incluye residencias artísticas, el festival y la futura construcción de un campus diseñado por el arquitecto uruguayo Rafael Viñoly.

    El corazón del pueblo es la plaza principal, donde están la iglesia, la municipalidad, el club social, un antiguo almacén reconvertido en tienda de diseño, el restaurante de Mallmann, un museo-café abierto por dos de sus hijas y varias galerías que funcionan en temporada. Alrededor, apenas unas pocas manzanas de casas; después, el campo y las sierras.

    El artista uruguayo Mauro Arbiza vende allí sus esculturas desde hace nueve años y recientemente inauguró su propia galería frente a la plaza. “Mucha gente con alto poder adquisitivo que veranea en Punta del Este viene un día a la Bodega Garzón o a lo de Mallmann a almorzar o cenar”, cuenta.

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