Ángel Di María encabezó la visita que una delegación de Rosario Central le hizo al Patón Bauza en su casa de Ecuador, en un encuentro lleno de afecto y memoria que conmovió a todo el mundo canalla. El exjugador de la Selección argentina estuvo acompañado por Marco Ruben, Jeremías Ledesma, Jorge Broun y el presidente del club, Gonzalo Belloso, quienes se acercaron al histórico entrenador en la previa del partido ante Independiente del Valle por la Copa Libertadores.
El encuentro tuvo un marco emotivo particular, ya que Bauza padece una enfermedad neurodegenerativa y está radicado en Ecuador junto a su familia. La visita no fue solo un gesto de cariño, sino también un homenaje concreto, ya que la delegación le llevó la Copa Argentina que el propio técnico conquistó en 2018, una plaqueta y camisetas titulares y suplentes con su nombre y número.
El club lo comunicó en sus redes sociales: "Tras nuestra llegada a Ecuador nos abrió las puertas de su casa y, junto a su familia, compartimos un momento muy especial. Le llevamos la Copa Argentina, una plaqueta y camisetas de Central. Te amamos para siempre, Patón."
El vínculo entre Di María y Bauza va más allá de lo institucional. El Fideo fue dirigido por el Patón en ocho partidos de la Selección argentina en 2016, durante las Eliminatorias Sudamericanas para el Mundial Rusia 2018, lo que le da al reencuentro una dimensión personal que va más allá de los colores del club.
El paso del Patón Bauza por Rosario Central
Edgardo Bauza es una de las figuras más importantes en la historia de Rosario Central, tanto por su etapa como jugador como luego entrenando al primer equipo. Debutó como futbolista en el club en 1977 y se transformó rápidamente en un símbolo por su liderazgo, su solidez en la defensa y una capacidad goleadora inusual para un defensor al haber convertido casi 80 goles en más de 300 partidos.
Como jugador, Bauza fue parte de dos títulos que marcaron la historia del club, al ganar el Nacional 1980 y el torneo 1986/87. Su identificación con el club fue tan profunda que con el tiempo regresó como director técnico, y fue en ese rol donde escribió uno de los capítulos más importantes al romper la sequía de más de dos décadas sin títulos nacionales al quedarse en el 2018 con la Copa Argentina.
Este logro lo consiguió en su segunda etapa en el conjunto rosarino, ya que lo había dirigido entre 1998 y el 2001, etapa en donde llegó a semifinales de la Copa Libertadores.