La rescatista Agustina Volpato, conocida en redes por contar sus aventuras con zarigüeyas, viajó al refugio "El Montecito de Los Canichones" tras el fallecimiento de Eduardo "El Polaco" Groh Riemersma, quien dedicó más de 20 años de su vida a cuidar animales. A pesar de los 700 kilómetros de distancia y lo difícil, a nivel emocional, de regresar al refugio sin tener a su amigo al lado, pudo ayudar y compartir varios días con perros rescatados.
Para Agu, ser rescatista es un estilo de vida; no lo ve como un trabajo o una tarea, sino que ella elige involucrarse y no mirar para el costado. En su cuenta de X @aaguvolpato, comparte un pedacito de su rutina diaria sobre los rescates. "Me dan aviso, me los encuentro o por ahí veo alguna publicación y siento muchas ganas de involucrarme y ser parte", explicó.
Dar el paso e involucrarse es fundamental para cambiar la vida de cualquier animalito, por pequeño que sea: "Desde el lugar de cada uno, porque no es necesario salir y rescatar 100 perros, pero por ahí podés ayudar a castrar al perrito callejero que anda en tu barrio, podés castrar un gatito, podés ser hogar de tránsito, podés ayudar difundiendo las fotos, adoptando".
Imagen compartida por Agustina Volpato cuando llegó al refugio.
Durante los días que pasó en el refugio, Agu se dedicó a la "chapa y pintura para los canichones" de cara a la nueva jornada de adopción que están preparando. "Volver al Montecito fue muy sensibilizante", reflexionó, ya que desde que bajó del micro notó la ausencia de El Polaco, que siempre la esperaba en la terminal.
"Ni hablar cuando volví al refugio y ver todos los animales ahí. Fue muy emocionante. Muchos se acordaban de mí, me venían, me saludaban. Fue hermoso. Pero bueno, fue muy fuerte también", añadió. El Montecito va a continuar funcionando, aunque falte "el alma", como lo llamó Agustina a El Pola, pero a pesar de la tristeza que atraviesa, muchas personas quieren continuar su legado e impedir que se termine.
"Se está intentando acompañar a los perros de la mejor manera para que ellos no sientan la la ausencia, porque obvio que se dan cuenta. Y están mucho más atentos a sus estados de ánimo", añadió.
Agu no volvió sola y agrandó su "manada"
Agustina no se volvió sola en micro, sino que sus papás fueron a buscarla a Santiago del Estero: "Volverme a mi casa con seis canichones fue una locura". Desde El Montecito a Santa Fe son unas ocho horas de viaje, entre paradas y demás; sin embargo, no dudó en subir a seis perros, entre ellos dos que no pueden caminar, para cambiarles la vida.
A Canela la adoptó una amiga de ella, rescatista de toda la vida, "así que sé que está en excelentes manos". Frida, conocida por acompañar a El Polaco a las escuelas a educar y concientizar, se va a quedar con la manada de ella. La idea de viajar y poder dar en adopción perros rescatados es una misión que hacían con El Polaco: "Él viajaba a buscarme a mí y de paso me traía algunos perros para que los ubique. Así que continué con eso".
Mila, otra de las perritas, también consiguió una familia con la que Agu sabe que va estar muy bien. "Después está Inti, que es madre de una de las perritas que tengo acá en mi casa y Kila, que es otra hija de Inti. Así que en cierto modo reuní a la familia", contó. Y su propia manada no para de crecer.
"Y ni hablar de Cielo, que era la perrita más pegada al Pola. En este momento ella necesitaba estar en manada, estar con gente conocida y, bueno, se vino a casa conmigo", detalló. Apenas Cielo puso las cuatro patitas en su casa, se sintió parte de la familia.
"Así que acá estamos las cuatro junto a mi manada, que ya eran tres perros más. Así que somos siete y con una que estoy cuidando somos ocho perros, tres gatas y una humana", contó.
De izquierda a derecha ellas son Cielo, Inti y Frida.
Imagen compartida por @aaguvolpato.
La cuenta de El Montecito de los Canichones compartió una tierna publicación contando la nueva vida de Cielo a sus seguidores: "Hay historias que parecen escritas desde antes de que nosotros sepamos cómo iban a terminar. Y esta es una de ellas. Cielo fue, quizás, una de las que más sintió la partida del Pola. Ella tenía con él un vínculo muy especial. Después de que él ya no estuvo, la vimos triste, desorientada y sintiendo muchísimo su ausencia. Pero Cielo necesitaba algo más. Necesitaba volver a sentirse en casa. Y entonces apareció Agu. Agu nos dijo que necesitaba llevarse una parte del Pola con ella. Y, de alguna manera, sentimos que Cielo era la indicada".
La historia de El Pola, Agu y El Montecito está lejos de terminarse. Eduardo Groh Riemersma quiso cambiar la realidad de los perros que son rescatados, legado que tanto ella como los compañeros y amigos que lo conocieron van a seguir adelante, aportando cada uno un granito de arena para poder generar que la gente se involucre y sean solidarios con los más indefensos, luchando contra el maltrato y abandono.
Involucrarse y no mirar para el costado: entre historias de zarigüeyas y rescates
Agu se volvió viral hace unos años por rescatar a zarigüeyas bebés y la historia de Sia, la única que sobrevivió de la camada, ganó los corazones de miles de personas que hasta no sabían bien cómo eran las zarigüeyas.
Ella se convirtió, poco a poco, en una referente sobre zarigüeyas: comenzó a recibir más casos y adaptó algunas jaulas para poder cuidarlas desde que son pequeñas hasta que su liberación, ya que estos animales no son mascotas. Mirando hacia atrás, ahora Agu ve un cambio de conciencia grande entre quienes leen e interaccionan con sus posteos.
Antes, la gente no le daba importancia a ver una zarigüeya lastimada o al borde de la muerte, incluso las eliminaban pensando que portaban rabia o eran dañinas. Ahora, algunos están más permeables a recibir información y entender cómo y dónde viven, sus hábitos, y se preocupan por cada caso que ella comparte en redes.
"Recibo muchos mensajes que me dicen desde que ven mis publicaciones las ven de otra manera a las zaris, como con más empatía. Esa es la palabra que más que más suele aparecer en los mensajes. Como que las sienten más como un animal más cercano, como un perro o un gato, que como un bicho asqueroso que hay que eliminar", sentenció.
Sobre otros casos de animales domésticos como perros y gatos, Agu notó que hay un aumento en la necesidad de colaborar con lo que cada uno puede, dependiendo de la realidad de cada uno: "Hay gente que tiene tiempo pero no tiene dinero, hay gente que tiene dinero pero que no tiene tiempo".
Las redes sociales facilitan el estar en contacto, contar una historia y pedir que las personas colaboren, que se forme una red de ayuda. "Por ahí a la distancia te envían una ayuda económica o te ayudan con un traslado o con un hogar de tránsito, entonces es muy importante que cada persona que tenga ganas de sumar colabore con lo que pueda desde su lugar", cerró. Cualquier tipo de ayuda, aunque sea mínima, viene bien para poder salvar o cambiar una vida, por más peluda que sea.