Buenos Aires es una ciudad obsesionada con las líneas rectas. Su cuadrícula, heredada de las leyes de Indias, impone una geometría implacable de manzanas cuadradas. Es por esto que las pequeñas desviaciones llaman tanto la atención, ya que usualmente guardan una historia detrás que justifica esa excepción que confirma la regla. Una de ellas es el Barrio Butteler, que contiene a una curiosa calle en forma de X.
El pasaje Butteler: la curiosa calle en forma de X que rompe la cuadrícula porteña
Entre Parque Chacabuco y Boedo, una misteriosa calle guarda como un cofre la tranquilidad de la vida de décadas atrás, en un rincón donde los adoquines no perdieron la batalla contra el asfalto.
Quien camine por el cruce de Cobo y Avenida La Plata y decida desviar la mirada hacia el interior de la manzana, se encontrará con un portal al pasado, dentro de un cofre de quietud barrial de esa que escasea cada vez más. Un lugar donde el asfalto le cede el paso al adoquín y el ruido de los colectivos se apaga de golpe.
En esa manzana, un pasaje, dividido extrañamente en cuatro partes que nacen en cada esquina y se unen en el centro, conforma uno de los rincones más peculiares de la ciudad. En el medio se ubica la plazoleta Enrique Santos Discépolo, aunque todos la conocen como Butteler, nombre de la curiosa arteria. Aunque está en Parque Chacabuco, tiene una fuerte asociación con Boedo y con la hinchada de San Lorenzo.
Una herencia de principios de siglo
Para entender el origen de este laberinto en miniatura hay que viajar a 1907. En aquel entonces, Azucena Butteler, una mujer de la alta sociedad porteña, donó esta manzana de tierra con una condición estricta: que se construyeran allí casas higiénicas y dignas para los obreros de la zona.
La tarea recayó en la Municipalidad, que en 1910 inauguró este complejo de 64 casas idénticas, con sus fachadas de estilo neoclásico y sus techos altos. Al diseñar las calles en forma de cruz diagonal, lograron optimizar el espacio para que cada vivienda tuviera luz natural y ventilación, rompiendo con el hacinamiento de los antiguos conventillos. La arteria y luego el barrio tomaron el nombre de la benefactora.
La numeración también es muy particular ya que al ser una calle en forma de X la numeración va del 1 al 99 en sentido contrario a las agujas del reloj. Comienza en la esquina de Zelarrayán y Avenida La Plata y avanza por la vereda derecha para luego retornar por la izquierda tras haber dado toda la vuelta a los brazos de la equis.
Hoy, el pasaje Butteler es un milagro arqueológico que permite asomarse a cómo era la vida porteña pocas décadas atrás. Tranquilidad, vida barrial, charlas entre vecinos y chicos jugando en la plaza, mientras que son pocos los autos que molestan al adoquinado con su paso, en un rincón que es testigo de una ciudad que alguna vez se pensó a escala humana y con dignidad para los trabajadores.
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