El mejor momento para podar una planta de romero: pocos lo sabían

Es una de las aromáticas más comunes en cualquier huerta, jardín o balcón, pero no todos saben cuidarla correctamente. Qué recomiendan los expertos.

El romero es una de las plantas aromáticas más conocidas y es perfecta para tener el jardín, la huerta o incluso el balcón. Además de aportar sabor a las recetas de cocina y ser beneficiosa para la salud si se utiliza en infusiones, es fácil de cuidar porque requiere poco riego, aunque es importante podarla.

Se trata de una planta decorativa y con un aroma agradable, pero tiene tendencia a crecer bastante y, por eso, es clave controlar su tamaño de manera periódica. La poda ayuda a estimular su crecimiento, mantener su forma compacta, evitar que se "pele" en la base y ventilar las partes internas.

Los expertos advierten que nunca se debe eliminar más de un tercio de la masa vegetal de la planta, ya que eso puede debilitarla en exceso. Además, señalan que la época del año es clave: existe un momento indicado para podar una planta de romero y que lo aproveche al máximo.

romero

Cuándo es el mejor momento para podar una planta de romero

Según especialistas en jardinería, el mejor momento para podar una planta de romero es a finales de la primavera o principios del verano, después de que hayan pasado la floración y las heladas. En cambio, hay que evitar hacerlo a finales del verano o en otoño, porque eso puede afectar la forma en que la planta se prepara para el invierno y, en consecuencia, la siguiente floración.

La clave es cortar las ramas muertas justo por encima de la sección dañada y hacerlo con cortes limpios, para lo cual se debe utilizar una tijera de jardinería previamente desinfectada. También es importante eliminar las ramas demasiado largas o que crecen hacia adentro o hacia abajo, para "ordenar" y mejorar la forma de la planta.

Una vez que esté podado, hay que recordar que el romero no tolera el exceso de agua. Hay que regarlo poco y siempre en la base de la planta, nunca en las ramas. Lo normal es hacerlo cada 10 días, cuando el sustrato se vea seco, aunque la frecuencia depende del clima de cada región.