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Butacas vacías: la historia de los cines porteños que cerraron sus puertas

En el Día Mundial del Cine, un repaso por aquellas salas de barrio que unieron a generaciones y forjaron la identidad de cada zona, además de formar amistades y parejas. Hoy, apenas un puñado sobrevive, mientras que otras se convirtieron en hipermercados o templos, cuando no fueron demolidas.

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  • Fábricas de ilusiones. Arcones de recuerdos de la infancia. Tesoros arquitectónicos. Buenos Aires ha hecho del cine una parte intrínseca de su vida cultural y no faltó barrio que tuviera el suyo, como epicentro de encuentros, risas y dramas. Con la excusa del Día Mundial del Cine, que se celebra cada segundo sábado de febrero, repasamos algunas de aquellas salas perdidas, tesoros que emocionaron a generaciones y hoy se reconvirtieron o cayeron bajo los golpes de la picota.

    En un principio, las películas se veían en teatros o cafés. Tal fue el caso de la primera proyección en el país: fue una producción de los hermanos Lumière en 1896, en el Teatro Odeón de Esmeralda y Corrientes, demolido en 1991. Poco después, en 1900, llegaría la primera sala creada ad hoc: el Salón Nacional, en Maipú entre Lavalle y Corrientes. Y enseguida empezaron a surgir por todas partes como hongos luego de la lluvia.

    Estos cines, con epicentro en la calle Corrientes pero con fuerte presencia en cada barrio, tendrían su época de oro en las décadas siguientes, con clásicos como los continuados (dos o tres películas proyectadas en loop desde la tarde hasta la medianoche), la autoridad ocasional del acomodador y la presencia de vendedores como el chocolatinero. Hacia fines de siglo XX, los cambios de hábitos y la irrupción de los complejos multisala, muchos ubicados dentro de los novedosos shoppings, les dieron el golpe de gracia a la mayoría. Algunos pasaron a ser templos religiosos o supermercados, mientras que otros terminaron demolidos.

    Cines porteños que ya no existen: por qué cerraron y qué pasó con sus edificios en Buenos Aires

    En un episodio de Los Simuladores, el personaje interpretado por Federico D'Elía, Mario Santos, pronuncia un monólogo sobre los '90, a la que califica de "la nueva Década Infame", que concluye con "Y perdimos el Cine Grand Splendid... una verdadera tragedia".

    Este lugar, hoy una librería perteneciente a una cadena, suele figurar entre las más hermosas del mundo en los rankings de internet. Pero su belleza no proviene tanto de su condición de local de expendio de libros como de su grandiosa arquitectura, con la firma de Rafael Peró y Manuel Torres Armengol, que lo pensaron como teatro y cine. Allí, el 12 de junio de 1929, se exhibió La divina dama, primera película sonora estrenada en Buenos Aires, entre otros hitos. Funcionó como cine hasta 1999.

    El Ateneo

    La despampanante vista del antiguo Cine Grand Splendid.

    El pulso del cine del centro porteño se sentía en Lavalle. José Díaz Diez, la cabeza detrás de la cuenta de Instagram @fotos.antiguas.ba, recordó en diálogo con C5N.com que "cuando era chico, en los '80, cuando mi abuela cobraba la jubilación me pasaba a buscar para ir al cine al centro, siempre a los de Lavalle, sobre todo al Monumental. Hace poco murió la que hacía la mamá de Mi pobre angelito, me acuerdo patente de que la vi ahí con mi abuela". Este cine, que contaba con una imponente sala, fue inaugurado en 1931, sobrevivió hasta 2000, y luego fue reabierto. Es el último sobreviviente de las multitudinarias noches de neón de "la calle de los cines", que hoy recuerda a sus joyas perdidas como el Luxor, Ambassador, Trocadero, Paramount, Atlas o Iguazú con placas en el suelo.

    calle de los cines Lavalle ciudad autonoma de Buenos Aires 1985 neon peatonal

    Los neones de Lavalle, una postal que quedó en el recuerdo de miles de porteños.

    Boedo fue otro centro neurálgico del cine porteño, con nueve salas en un puñado de cuadras. Aunque no llegué a conocerlo en su función original, mi favorito es el Select, en Boedo 875. Su edificio, que hoy alberga a un supermercado, todavía mantiene un mascarón decorativo que evoca a un perturbador payaso, como recuerdo de la pulsión artística que se vivió allí. Abrió en 1920 bajo el nombre "La Alegría", y funcionó hasta 1960.

    Pablo Gabriel Fernández, a cargo de @pablofe70, otra de las cuentas de redes sociales amantes de la ciudad, mencionó a otras dos salas boedenses: "Los Andes, donde ahora hay un supermercado; y Cuyo, que hoy es un templo evangélico". "Iba en los '80 cuando empecé a salir solo a ver continuado cuando había películas dos por uno, qué sé yo. Fuimos como 70 pibes del secundario a ver La noche de los lápices cuando se estrenó. Imaginate, con el regreso de la democracia hacía muy poquitos años", repasó.

    Cine Select Boedo payaso mascarón Ciudad Autónoma de Buenos Aires

    El payaso sigue observando el movimiento de avenida Boedo desde el antiguo Cine Select.

    Los cines de mi infancia fueron los de Corrientes, y tengo un especial recuerdo de ir con mi abuelo y mi mamá al maravilloso Los Ángeles, inaugurado en 1945, y que desde 1965 solo pasaba películas de Disney. En 2008 debió convertirse en multiespacio para sortear la crisis, y hoy su lugar lo ocupan una sala de teatro y una cadena de hamburgueserías. También era el preferido de Yamila Rambaldi, de @buenosairesperdida, quien resaltó, pese a no haberlo conocido, "un enorme mural de Maruja Mallo, llamado Armonía plástica, que se destacaba junto con un voladizo de 11 metros de longitud, que se extendía sobre la planta baja como un puente".

    "Veíamos ahí casi todos los estrenos e ir al cine era nuestra salida obligada de fin de semana. Ir al centro a ver una peli y a almorzar comida rápida era un gran plan, un lujo de otra época. En ese momento recuerdo que en las paredes estaban pintados los personajes de las películas y había una calesita en el primer piso. El lujo en diseño había quedado atrás, ya no había una gran sala, sino que se habían subdividido en varias pequeñas. Ya no había señal del famoso mural de Mallo y la planta baja, donde había estado la sala principal, se convirtió en un local de comida rápida. Posiblemente era el comienzo del fin", recordó, agridulcemente.

    calle de los cines Lavalle ciudad autonoma de Buenos Aires 1985 neon

    El imponente Cine Los Ángeles fue proyectado por los arquitectos Abel López Chas y Federico Zemborain en estilo racionalista.

    También vi varias en el Cine General Paz, de Cabildo e Ignacio Rivera, que abrió en la década de 1940 con su fachada art decó y elegantes escaleras de mármol. Sufrió varios golpes durante el siglo XXI, pero el letal se lo dio la pandemia de Covid-19: cerró en 2021, debido a la incapacidad de sus dueños de realizar las modificaciones necesarias en aquellos tiempos para evitar los contagios.

    No muy lejos de ahí, en el barrio de Saavedra, frente a la plazoleta triangular delimitada por Ricardo Balbín (en aquellos años Avenida del Tejar), Tronador y García del Río, había dos cines: el Aesca y el Cumbre. Así los evocó Walter, de @bainesperada: "El Cumbre sobrevivió hasta fines de los '70. Era un típico cine de barrio con función en continuado, el boletero anciano y un chocolatinero que pasaba por los pasillos ofreciendo maní con chocolate, bombón helado y alguna otra cosa más".

    "Recuerdo que allí llegué a ver Los diez mandamientos, con Charlton Heston, un film que duraba tanto tiempo que tenía un intermedio, que no era habitual. Cerró y allí se instaló un supermercado que trabajó durante un par de décadas hasta también desaparecer. Al lado había una típica galería de barrio que se llamaba Los Alpes. Hoy, tanto el edificio que fuera del cine/supermercado como la galería fueron demolidos y se construyeron edificios de departamentos", relató. Por su parte, en la planta baja de lo que fue el Aesca, funciona hoy un Banco Ciudad.

    Cine Aesca Saavedra Avenida del Tejar

    El antiguo Cine Aesca de Avenida del Tejar, en Saavedra.

    El barrio de Flores, con sus infaltables Hombres Sensibles, fue un importante eje de la cultura nocturna porteña durante buena parte del siglo XX, y albergó a unos veinte cines. La cuadra de Bonorino entre Rivadavia y Falcón contaba con dos, uno frente a otro: el Bonorino, hoy un restaurante; y El Coliseo, donde hoy se erige un estacionamiento. Uno de los más imponentes fue el Cine Teatro Pueyrredón, que funcionó por más de un siglo: inaugurado como sala teatral en 1873 (cuando el barrio ni siquiera pertenecía a la Ciudad), cerró sus puertas en 1989. Hoy, apenas sobrevive el Rivera Indarte, a media cuadra de la plaza, como parte de una cadena.

    Cine Teatro Pueyrredón Flores Ciudad Autónoma de Buenos Aires

    El Cine Teatro Pueyrredón de Flores, en estado de abandono.

    En el rincón del sudoeste porteño, los cines de barrio tuvieron a El Progreso (en Riestra al 5600, Villa Lugano) como uno de sus últimos baluartes. Nacido en 1929, en los '90 sus dueños, la sociedad de fomento del mismo nombre, debieron alquilarlo a una iglesia evangélica. En 1999, como parte de un programa cultural, reabrió sus puertas, pero las cerró pocos años después para volver a ofrecer el espacio en alquiler a una comunidad religiosa.

    cine El Progreso Villa Lugano Ciudad Autónoma de Buenos Aires

    El Cine El Progreso de Villa Lugano conserva su nombre en la fachada.

    Similar destino sufrió el Cine Aconcagua, en la avenida Mosconi de Villa Pueyrredón, inaugurado en 1945. Resistió hasta los '90, cuando fue alquilado a una iglesia. En 2012, la Legislatura porteña lo declaró de utilidad pública sujeto a expropiación, pero el entonces jefe de Gobierno Mauricio Macri vetó la ley. Los vecinos de la zona se organizaron y promovieron distintas medidas para recuperarlo como espacio cultural, pero sigue abandonado y publicado en alquiler en internet.

    Cine Aconcagua Villa Pueyrredón Ciudad Autónoma de Buenos Aires

    Los vecinos de Villa Pueyrredón siguen luchando por recuperar al Cine Aconcagua.

    Las sucesivas crisis que llevaron al cierre a tantas salas de cine no se detienen. Según datos de Ultracine, la concurrencia en enero de 2026 cayó un 22,93% respecto al año anterior, con un total de 2.085.576 entradas vendidas, en lo que fue la cuarta marca más baja del registro histórico desde 1997. Es cierto que ir al cine es cada vez más difícil: las entradas pueden resultar caras, es difícil encontrar proyecciones subtituladas, hay muchísimas opciones de entretenimiento a un click de distancia y el comportamiento del público se aleja cada vez más de los estándares de la civilización.

    El fenómeno es global: hace poco, se supo que la actriz norteamericana Kristen Stewart compró el histórico cine Highland Theatre de Los Ángeles, inaugurado en 1925 y cerrado 99 años más tarde. "La gente ve películas en sus tablets y televisores, y probablemente viendo un par de cosas a la vez. Es una oportunidad para crear un espacio donde reunirnos, planificar y soñar juntos... Queremos que sea un evento familiar, algo para la comunidad. No es solo para cinéfilos pretenciosos de Hollywood. Lo veo como un antídoto contra toda la basura corporativa, un lugar que aleja la cultura cinematográfica de la simple compraventa", explicó.

    Las salas de cine supieron ser orgullo de los barrios, y fueron tantas que es imposible repasarlas a todas. Democratizaron el acceso a la cultura, entretuvieron a generaciones y formaron parejas y amistades. Comunidad. Cercanía. Por eso seguimos recordando con emoción a los cines, y no a tal o cual vez en la que vimos una película en el sillón de casa.

    Por qué se celebra el Día Mundial del Cine

    La fecha fue establecida por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas norteamericana en 2020, en la previa de la 92ª entrega de los premios Óscar, para que los cinéfilos de todo el mundo celebren sus películas favoritas y que sirviera como excusa para fomentar un vínculo cercano entre el público y los cineastas a través de las redes sociales.

    Por su parte, el Día del Cine Nacional se celebra el 23 de mayo en recuerdo de ese día de 1909, cuando se estrenó La Revolución de Mayo, la primera película argumental, en el Teatro Ateneo de Buenos Aires. El film relata los sucesos que tuvieron lugar en Buenos Aires durante la Semana de Mayo en 1810, que marcaron el inicio del proceso independentista. Aunque se le atribuye al italiano Mario Gallo, historiadores como Lucio Mafud lo ponen en duda y proponen que la autoría corresponde a Juan Mujica.

    Embed - INCAA TV: La Revolución de Mayo (film restaurado de 1909)

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