A 50 años del golpe, la historia de las mellizas Carranza se sigue escribiendo: "El dolor es infinito"

Mariana Sanmartino reconstruye la historia de sus tías Cecilia y Adriana, secuestradas a los 18 años por la dictadura. El relato de una herida que atraviesa generaciones y una marcha que este año llevará un cartel nuevo: "Vivimos nuestra infancia con su ausencia, teniéndola siempre cerca".

Mariana Sanmartino vive en La Plata y es una de las pocas personas que conserva el teléfono fijo en su casa. El martes 10 de marzo sonó y desde el otro lado una persona del Juzgado N°3 de Córdoba le comunicó que la tenían que notificar por novedades respecto a la desaparición de sus tías mellizas: Cecilia y Adriana Carranza.

“Me empezó a temblar todo, literal, a sentir un hormigueo. Creí que me desmayaba”, relató Mariana en diálogo con C5N. Por una coincidencia del destino, ella tenía previsto viajar a Córdoba al día siguiente para dictar una clase en la UNC, así que, tras cortar la llamada, no dudó ni un minuto en contarle a su hermana y ambas viajaron hacia el juzgado.

Mellizas Carranza (1)
Cecilia y Adriana fotografíadas de pequeñas.

Cecilia y Adriana fotografíadas de pequeñas.

Las mellizas Cecilia y Adriana Carranza nacieron el 6 de julio de 1957 en San Francisco. Hijas de Gregorio Carranza y Olga Gamberale, formaban parte de una familia numerosa de nueve hermanos, de los cuales hoy sobreviven tres, todos mayores de 75 años.

En 1975, las jóvenes se mudaron a la capital provincial para iniciar sus estudios en la Universidad Nacional de Córdoba: Cecilia en Ciencias de la Educación y Adriana en Ciencias de la Información. Ambas fueron secuestradas el 5 de mayo de 1976 en la pensión donde vivían, en el barrio General Paz.

Una vez en Córdoba, Mariana, su hermana y el abogado Ramiro Fresneda fueron recibidos por el juez Miguel Hugo Vaca Narvaja y el secretario Miguel Ceballos. Allí les confirmaron que, tras el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en el predio donde funcionó el centro clandestino de detención La Perla, se identificó un resto perteneciente a una de las hermanas Carranza: un diente.

Sin embargo, al ser mellizas, si bien la pieza hallada dio un resultado positivo del 99,99%, es imposible determinar técnicamente a cuál de las dos perteneció.

“Nos parece re importante que se diga que no son las dos. Lo que nos dice es que hay una melliza Carranza que fue asesinada en La Perla y otra melliza continúa desaparecida y no podemos saber cuál de las dos es”, remarcó Mariana “Nos parece re importante que se diga que no son las dos. Lo que nos dice es que hay una melliza Carranza que fue asesinada en La Perla y otra melliza continúa desaparecida y no podemos saber cuál de las dos es”, remarcó Mariana

La noticia llegó unos días antes de que la madre de Mariana, hermana mayor de las mellizas, cumpliera 88 años. Tras recibir la notificación, sus hijas se comunicaron con ella por videollamada mientras epasaba unos días de descanso en Villa General Belgrano: casualmente, o por obra del destino, muy cerca de donde viven sus otros dos hermanos.

“Es el momento que no tuvieron”, dijo Mariana emocionada, y añadió: "Darle en definitiva a mi vieja una buena noticia, que remueve mucho horror... Por fracciones de segundos quedó congelada, llorando, confundida”. Esa misma tarde, los tres hermanos se reunieron; la mamá de Mariana definió el encuentro como algo similar a “estar de velorio”. Una especie de “cierre” al duelo que se extendió durante 50 años.

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La desaparición de las mellizas Carranza marcó a toda una familia. Mariana recordó el impacto que tuvieron la ausencia, la incertidumbre y la constante búsqueda en su abuela, quien tuvo a las mellizas a los 47 años: “Mi abuela puso hasta sus últimos días el guante de la comunión de las mellizas debajo de la almohada. La tortura fue eterna. El dolor es infinito y hay que estar en los zapatos de cada quien para ver qué hace con esos dolores”.

Para Mariana, la desaparición de las mellizas no es una historia que solamente marcó a su familia, sino un elemento constitutivo de su propia identidad. A pesar de la diferencia de edad, el vacío que dejaron Cecilia y Adriana se transformó en una presencia constante que moldeó las generaciones siguientes.

Mariana reconstruyó la imagen de sus tías a través de los relatos de sus hermanas mayores, quienes convivieron con ellas y guardan detalles cotidianos: desde el póster de Raphael que colgaba en su habitación hasta los bikinis de crochet que usaban.

En las charlas con sus primas, esa marca generacional surge, está latente: “Lo que sí es muy propio y reconocemos todas son las presencias de estas ausencias en nuestra crianza y nuestra vida. Eso sí lo sentimos en primera persona. Vivimos toda nuestra infancia con su ausencia, teniéndola siempre cerca de todo”.

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“Nos atraviesa y es parte de la historia familiar y es parte, algo que les salió implacablemente bien, de los resultados de la perversión de las desapariciones. No era solo la reprimenda al desaparecido, que seguro torturaron antes de asesinar sino también la acción siniestra en más de 30 mil familias: son 30 mil desaparecidos y desaparecidas más la familia. Cuánta gente rota, torturada”, sentenció.

Para la madre de Mariana, este hallazgo es también el cumplimiento de una promesa silenciosa que sostuvo durante décadas. Ella siempre les dijo a sus padres que no descansaría hasta encontrar a sus hermanas, una búsqueda que parecía imposible y que hoy, a través de una pequeña pieza, encuentra una respuesta incompleta.

Ante la noticia, su deseo es tan simple como profundo: quiere juntar un poquito de tierra del lugar exacto donde fueron hallados los restos en La Perla para llevarla a la tumba de sus padres. Es el ritual que el terrorismo de Estado les robó y que la familia, medio siglo después, finalmente se dispone a recuperar para que los que ya no están puedan descansar en paz.

La fosa donde fueron enterradas las víctimas en La Perla fue removida tiempo después por los militares. A raíz de esto, solamente se pudieron recuperar más de 900 pequeños fragmentos. “Es como una doble desaparición, como seguir desapareciendo, seguir manoseando esos cuerpos, esas vidas que estaban terminadas. Seguir con el morbo”, reflexionó Mariana.

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Las mellizas Carranza.

Las mellizas Carranza.

Sin embargo, en medio de esa fragmentación, aparece la posibilidad de una reparación. El juzgado confirmó que las familias podrán ingresar al predio para estar en los puntos exactos donde se produjeron los hallazgos: “Nos dijeron que vamos a poder ir a estar en los lugares donde se encontraron, van a permitir que las familias vayan. Todo eso se va a poder hacer como para darle a la familia la posibilidad del ritual que la familia necesite, que no tuvo”.

Una de las primeras medidas de la madre de Mariana, una vez que pudo procesar la noticia, fue escribirle una carta al Presidente de la Nación. En ella, con la autoridad que le dan sus 88 años y su historia a cuestas, le hizo un pedido concreto y urgente: que no se interrumpa el financiamiento para los trabajos de identificación que realiza el EAAF. Su labor es necesaria para poder alcanzar la verdad.

Parte de la carta salió publicada en una nota de La Nación. Allí, Olga Carranza escribió: "Creo que no se nos puede negar este derecho, ya que estamos en un país con democracia y donde el lema es 'Viva la libertad, carajo'. Lo que realmente nos hace libres es saber que somos respetados en todos nuestros derechos. Señor Presidente, atienda este pedido por los miles de argentinos que lloran ante tumbas vacías y por mí, que todavía tengo una tumba por llenar".

Un 24 de marzo de 2026 diferente

Para la familia de las mellizas Carranza, este 24 de marzo es absolutamente diferente. Mariana contó que va a marchar en La Plata el 23 y en la Ciudad de Buenos Aires el 24, como todos los años, pero que le hubiera gustado marchar en Córdoba.

"Siempre llevo en mi cuello las fotos de mis tías, pero ahora quiero llevar un cartel que cuente lo que pasó, lo que sabemos de ellas hoy. Quiero llamar la atención, que la gente se pare y me pregunte". Para ella, el relato en primera persona es la forma más contundente de perforar la indiferencia: "Me pasa con gente que me conoce pero no sabía esta parte de mi historia, y me dicen cómo les pega todavía más al tener un relato tan cerca".

Cartel 24 de marzo 21-3-26
Cartel que usó este 24 de marzo Mariana en la marcha.

Cartel que usó este 24 de marzo Mariana en la marcha.

A 50 años del golpe de Estado, la identificación de 12 personas en La Perla no representa el final del camino, sino un recordatorio de lo que falta. Remarca la necesidad de que más personas se acerquen a dar una muestra de sangre: “Hace falta que las personas vayan a dar su sangre, hay más restos para identificar y van a seguir los trabajos en La Perla”.

Desde el Equipo Argentino de Antropología Forense expresaron que, para cualquier persona que tenga un familiar víctima de desaparición forzada entre 1974 y 1983, una muestra de sangre puede ayudar a identificarlo. “Tenemos cientos de restos de desaparecidos de ese período sin identificar por falta de muestras de sangre y podemos informarte si alguno de ellos es tu familiar”, señalaron en su página oficial.

Para contactarlos, puede ser vía telefónica al 0800 345 3236 o por correo electrónico a [email protected].

Memoria hoy y siempre

Mariana es investigadora de CONICET, es doctora en Ciencias de la Educación y Bióloga. Lleva adelante la memoria de sus tías junto a sus hermanas, y también sensibiliza y educa sobre Chagas en el Grupo “¿De qué hablamos cuando hablamos sobre Chagas?”.

Marcela Sanmartino, doctora en Ciencias Matemáticas y hermana de Mariana, lleva adelante la iniciativa “30 mil pañuelos por la memoria”, un proyecto que se dedica a colocar pañuelos blancos con la técnica del mosaiquismo en casas o lugares donde las personas quieran preservar la memoria.

En la cuenta oficial del proyecto de arte, Marcela compartió la noticia de las mellizas junto a una imagen de ellas donde Fernanda Sanmartino, otra de las hermanas, comentó y compartió algunos de los recuerdos que las unen a Cecilia y Adriana: “Nuestras queridas y presentes tías, Adri y Ceci, apenas 6 años mayores, con quienes aprendí a andar a caballo (la Mora), nadar en el río Los Molinos, bailar música en libertad, tomar sol con Sapolan, usar ropa de moda (hotpants de terciopelo marrón y botas altas de gamuza), tanto eso como a expandir nuestras cabezas con conceptos de conciencia social y justicia, todo con sus apenas 17/18 años”.

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