Milei planifica desde Europa una semana clave para relanzar su programa de gobierno

El Presidente regresará de su gira por España, Alemania y República Checa con la sanción de la Ley Bases y el paquete fiscal como objetivo principal. La relación con los gobernadores, el nombramiento de Sturzenegger, la tensión cambiaria, el agotamiento social y la interna opositora son los condimentos de una situación política en ebullición.

El presidente Javier Milei viajó para recibir distinciones en España y Alemania, con un paso por República Checa, en una nueva gira con otra modesta agenda de encuentros con mandatarios. No obstante, aguarda con expectativas lo que será una semana clave por la segura aprobación de la Ley Bases y el paquete fiscal.

A la par, con un gabinete con varios “tocados”, Milei planifica cómo lograr el definitivo desembarco del factótum de sus mega leyes, Federico Sturzenegger, sin producir un conflicto insalvable con el ministro de Economía, Luis Caputo. Es que, más allá de los resquemores lógicos que genera en el “rockstar” Caputo la llegada de Sturzenegger, no parece que con el apoyo del Presidente alcance para disipar nubarrones que la propia gestión económica genera.

Federico Sturzenegger

Los bonos caen, el riesgo país sube, los exportadores de granos no liquidan y los mercados se impacientan. En ese escenario, el ministro tuvo que salir a desmentir que el FMI presione para una devaluación y para el fin del dólar “blend” (que otorga un esquema 80 % de cotización oficial y 20 % al contado con liqui para quienes liquiden).

En términos políticos, el actual esquema hubiera sido una sorpresa para propios y extraños hace unos meses. No eran pocos los dirigentes que apostaban a que el primer gran freno que el programa de Milei sería la calle, en medio del desplome del consumo, la destrucción del aparato productivo y la consecuente pulverización del empleo que este implica.

Pero, aunque comienzan a verse síntomas de agotamiento en el apoyo popular al Presidente, aún no se ve una respuesta social acorde al nivel de crisis que los libertarios han propinado a las grandes mayorías.

Está claro que tampoco es la política la que se encuentra en posición de imponer condiciones. Atados a las urgencias de sus distritos, los gobernadores de todos los partidos, se hincan a los vaivenes de una gestión inexperta. El jueves pasado, Día de la Bandera, pudieron verse un par de muestras de esto.

Pullaro acto día e la bandera 2.jpg

Por un lado, en el acto compartido con el presidente en Rosario, el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, planteó con mucha claridad las necesidades del interior productivo en materia de distribución federal de los ingresos, obras públicas y desarrollo de la producción o la educación. Fue un discurso desafiante y de sumo interés, enunciado en la propia cara de Milei. Pero luego, cuando el Presidente volvió a prometer la continuidad del ajuste feroz que viene liderando, el propio Pullaro aplaudió con énfasis. Más tarde, en Casa Rosada, el primer mandatario se reunió con los gobernadores de Salta, Tucumán, Jujuy y Catamarca. Las exigencias fueron muy inferiores al apoyo y la genuflexión.

El Gobierno aprovecha la interna opositora, pero el establishment presiona

En el sector más radicalizado de la oposición, las cosas no están mejor. El kirchnerismo continúa transitando una interna muy profunda que no le permite encontrar una síntesis que, al menos, le permita blindar al principal apuntado por el poder central, Axel Kicilloff.

La búsqueda del ahogo financiero a la provincia de Buenos Aires es evidente y el exministro de Economía de Cristina Kirchner parece afrontarla con menos apoyo interno del que el sentido común prescribiría. En su entorno expresan este malestar, a pesar de que no responsabilizan a la expresidenta por esto.

Axel Kicillof

Tanto por los tiempos lógicos para que la calle se agite como por la necesidad de un proceso que dé cuenta de una nueva etapa en los liderazgos dentro de la oposición, Milei y su elenco pueden gozar de tiempo hasta para cometer torpezas. La espantosa gestión en el Ministerio de Capital Humano es un buen ejemplo. El caso de la canciller Diana Mondino, otro.

En cambio, el establishment económico y financiero parece adelantarse y, a pesar de la simpatía que tienen por los cambios estructurales regresivos que el libertario propone, no está dispuestos a resignar ganancias para apoyar un plan que no parece hacer pie en alternativas viables.

Dejar anclado el tipo de cambio y posponer obligaciones para sostener un superávit que -a todas luces- es ficticio puede servir para engañar a los legos pero no a quienes auscultan debilidades y fortalezas de modo cotidiano para asegurar o generar nuevas ganancias.

¿Podrá la administración Milei encontrar un rumbo de estabilización en este sentido que le permita insistir con su plan de profundo ajuste y desmantelamiento del Estado como consiguió su admirado Carlos Menem en los noventa? ¿Sucumbirá por las propias inconsistencias, malas decisiones, urgencias de los exportadores y voracidad del sector financiero como le sucedió a su antecesor de derecha, Mauricio Macri? ¿Cuánto durará la paciencia de la calle y la crisis de representatividad de la oposición peronista? Algunas de estas respuestas requieren más tiempo. Otras, comienzan a encaminarse en las próximas semanas.

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