Javier Milei y la disputa "traumática" en la construcción de su ego personal y su "yo" político

La Argentina está sometida a un Presidente atípico, que prioriza su ego por encima del bien común. Con los viajes, en su mayoría a título personal, busca un reconocimiento que no tiene en su país. Una personalidad frágil, en construcción y por momentos desequilibrada tiene en vilo a una nación.

Para persistir en el esfuerzo de analizar al ser humano que nos gobierna debemos echar mano más frecuentemente al mundo de la psicología que al político. Pero como quien escribe no es un “instruido” en la temática acudiremos a las fuentes para sumergirnos en el desafío que propone este escrito.

Los incesantes viajes de Milei para recibir premios de kermés o para estrecharse en un abrazo con sus ídolos de turno marcan los rasgos de una personalidad política, ciertamente desconocida hasta hoy.

Según los especialistas en la temática, el ego es una instancia psíquica que permite que todo individuo se reconozca a sí mismo y en ese proceso construya su propia personalidad. Sigmund Freud entendía al "yo" como un “ente intermedio entre la estructura biológica de la persona y el mundo que lo rodea, o sea la parte consciente de la mente…" Esta cita es oportuna para entender el accionar de un presidente que vive en una disputa “traumática” en la construcción de su ego personal y su “yo” político.

¿Por qué y para qué viaja Milei?

Ninguno de los viajes presidenciales han sido de carácter oficial, con la excepción del G7 y algún otro. La mayoría han sido por deseos personales en pos de la construcción de su ego. Milei sale de la Argentina para mendigar el reconocimiento que no tiene fronteras adentro, sale a buscar el abrazo político que lo potencie en su locura autoritaria de pais. La idea de ser un “líder internacional” lo seduce y lo autoconvence de su misión mesiánica. En estos días nos solo aseguró haber influenciado en los resultados electorales de España, sino de ser el líder liberal más importante del planeta.

El reconocimiento otorgado por la alcaldesa de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, la Medalla Internacional de la Comunidad Madrileña, es una distinción sin historia ni importancia alguna, sin embargo es un mimo al ego de un presidente sin afectos personales ni políticos puertas adentro. Anteriormente, esta distinción fue otorgada al golpista venezolano Juan Guaidó, y al actor de reparto de la OTAN, Volodímir Zelenski ,que llevó a Ucrania a una guerra demencial. Esos tristes nombres lo anteceden en el reconocimiento.

Milei con Díaz Ayuso

Al momento de escribirse este artículo el presidente arribaba a Alemania, para recibir el premio de la Sociedad Hayek, un reconocimiento que apenas lo destaca por lo que piensa y dice impunemente y no por lo que hace a efectos de su país.

En una personalidad frágil, en construcción y por momentos desequilibrada por dicho proceso, este tipo de premios de kermés fortalecen la construcción de su ego. Alguien en su vida lo reconoce, como no lo han hecho ni su padres, ni su entorno, con la evidente excepción de su hermana Karina Milei. Alguien debe decirle al aventurero libertario que es distinto, que es esperado y que es fundante en sus políticas. Lo necesita como el agua.

El abrazo con sus ídolos como Donald Trump o Elon Musk van en un mismo sentido, cumplir un sueño personal que lo ubique, en relación con su ego, en un nivel de relevancia de que él mismo quiere convencerse.

MILEI-TRUMP
Donald Trump y Javier Milei se saludaron en un mitin de ultraderecha en Estados Unidos.

Donald Trump y Javier Milei se saludaron en un mitin de ultraderecha en Estados Unidos.

La aventura de un Presidente que busca su propia personalidad

¿Qué importancia puede tener todo lo aquí mencionado en torno a la situación de nuestro país? La respuesta es sencilla: la Argentina es hoy la aventura de un hombre en busca de su propia personalidad que se configura en la medida en que puede demostrar sus propias teorías económicas, sociales y es reconocido al mismo tiempo por sus ídolos internacionales.

La crueldad que se evidencia en sus decisiones están viciadas por la atrofia de una mirada egocéntrica que solo busca autosatisfacerse, el mundo que lo rodea no forma parte de su análisis político, el “otro” es siempre un extraño que le debe veneración, reverencia para confirmarle su lógica mesiánica.

Cuando un país es gobernado por un hombre que está convencido de ser el principio y fin de todo, y que todo lo que sucede debe satisfacerlo, donde su deseo individual está por encima del bien colectivo y su capricho mesiánico es el orden a establecer, ese país, su sociedad comienza a recorrer un camino sinuoso que lo conduce inevitablemente al totalitarismo. Pero no a un totalitarismo que por definición concentra y domina todo desde el Estado (porque en este caso se lo desprecia), sino en torno a un hombre y sus caprichos, lo que lo hace mucho aún peor.

¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Cómo le hemos entregado tantos años de historia, los últimos 40 años de democracia a un ser que nada tiene de “ser social”, ni “ser democrático”?… Será una pregunta a la que debemos seguir encontrándole respuesta.

Milei Casino de Madrid

Los instrumentos por los cuales estamos acostumbrados a analizar y leer la política parecen estar en desuso frente a un sujeto que no repara en lo institucional, ni en lo ético, ni en lo moral, ni en las frecuentes emocionalidades sociales. Fue el mismo Freud quien también habló del “superyó”, afirmando que es la parte de la “psiquis” que representa los pensamientos morales y éticos. He aquí el riesgo más latente porque Milei no los reconoce, por lo tanto no reconoce límites.

Muchos filósofos de la antigüedad concebían la idea de que si Dios no existía o si había muerto todo estaba permitido”, esta es la filosofía del libertario Milei, ser un Mesías sin Dios…

La Argentina está frente al riesgo de perderlo todo, sus recursos naturales y económicos, sus normas de convivencia, sus pactos políticos pre existentes, el respeto por la pluralidad, decenas de derechos y todo aquello que nos ha configurado como República ante la ausencia límites claros; el Presidente está mucho más convencido de lo que debe hacer sin reparos que su propia oposición.

Toda una historia, todo un pueblo, toda una Patria detrás de la construcción de personalidad, de un “yo” que a hoy es aún adolescente e irresponsable, tan irresponsable como el voto que lo puso en el lugar que hoy ocupa.

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