Erosión de la democracia: un informe advierte retrocesos críticos en la Argentina de Javier Milei

Un estudio del centro de investigación e innovación democrática Asuntos del Sur detectó señales de retrocesos democráticos durante el gobierno de Javier Milei.

El centro de investigación Asuntos del Sur presentó este jueves el informe "Marcadores de erosión democrática", en el que advierte graves retrocesos en la democracia argentina durante 2025, bajo el segundo año de mandato de Javier Milei. El lanzamiento se realizó en la Embajada de Canadá y fue encabezado por el politólogo y director de la institución, Matías Bianchi. Participaron referentes de la sociedad civil, académicos, periodistas y organismos multilaterales, en un encuentro orientado a debatir un fenómeno en expansión mundial: la erosión democrática.

El documento aplica una herramienta propia de la organización denominada “Marcadores de Erosión Democrática” (MED), diseñada para detectar señales tempranas de deterioro institucional. La metodología combina indicadores institucionales, sociales y discursivos, organizados en seis dimensiones que permiten observar no solo cambios formales sino también transformaciones más difusas, como el clima político, la retórica oficial o la dinámica social.

Estas dimensiones son: contexto político, social y cultural nacional; movilización y legitimación del proyecto ideológico de cambio; participación en redes antidemocráticas globales; competitividad del sistema de partidos; reformas para concentrar el poder; y limitaciones a las libertades civiles y políticas.

El enfoque se inscribe en la teorías sobre autocratización, que entiende que las democracias ya no colapsan de manera abrupta, sino que se degradan gradualmente desde adentro. Bajo ese marco, el informe analiza el segundo año de gestión de Milei y concluye que la Argentina atraviesa una “profundización de la erosión democrática” respecto al período anterior, con varias dimensiones en niveles críticos.

El sistema de clasificación utilizado permite jerarquizar la gravedad de los retrocesos. El rojo indica una crisis profunda, el amarillo un deterioro relevante pero reversible, y el verde una situación de relativa normalidad institucional. Sobre esa base, el estudio organiza un mapa que, lejos de ser homogéneo, combina zonas de alarma con otras donde persisten mecanismos de resiliencia.

En ese marco, el informe contextualiza la actualidad argentina como el resultado de una década de malestar económico, crisis de representación y polarización creciente, factores que facilitaron la irrupción de liderazgos antisistémicos. La llegada de Milei al poder, señala, no es un hecho aislado, sino la expresión de ese proceso acumulado.

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Libertades civiles y políticas: entre la restricción y el disciplinamiento social

El informe ubica este indicador en el nivel más crítico y lo define como uno de los núcleos de mayor deterioro institucional durante el gobierno de Javier Milei. El retroceso se expresa, en primer lugar, en la restricción del derecho a la protesta. La implementación del protocolo antipiquetes aparece como un punto de inflexión: su aplicación no solo limitó la ocupación del espacio público, sino que también habilitó operativos de seguridad con un nivel de intervención que el informe califica como inédito desde el retorno democrático.

A esto se suma el despliegue de violencia estatal en manifestaciones. El documento advierte que estos episodios no deben leerse de forma aislada, sino como parte de una lógica disuasiva más amplia: la protesta deja de ser un derecho garantizado para convertirse en una práctica condicionada.

Otro eje central es la libertad de expresión. El informe documenta un clima de hostilidad hacia el periodismo y la crítica pública, donde la deslegitimación desde el poder político se combina con ataques en redes sociales. En ese marco, se menciona la “violencia estocástica”: el señalamiento de individuos o colectivos que luego quedan expuestos a campañas de hostigamiento. Este conjunto de prácticas, advierte el estudio, no necesariamente implica la eliminación formal de derechos, pero sí su debilitamiento efectivo en la vida cotidiana.

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Movilización y legitimación del proyecto ideológico: la construcción del enemigo

La dimensión discursiva aparece como uno de los rasgos más consistentes del gobierno. El informe sostiene que la narrativa oficial no se moderó tras la llegada al poder, sino que, por el contrario, se profundizó.

El análisis de discursos presidenciales durante 2025 muestra una estructura reiterada: la política es presentada como una confrontación moral entre “el bien” y “el mal”, donde el gobierno encarna una misión transformadora y sus adversarios son caracterizados como enemigos a derrotar.

Un ejemplo claro la insistencia en la idea de una “batalla cultural”. Este tipo de formulaciones, señala el informe, refuerzan la lógica de confrontación permanente y reducen los márgenes para el consenso democrático.

También se documentan ataques personalizados. El caso de la artista Lali Espósito, mencionada de manera reiterada por el propio presidente, es presentado como un ejemplo de cómo el señalamiento desde la máxima autoridad política puede amplificar campañas de hostigamiento.

En paralelo, se registran discursos con contenido discriminatorio hacia colectivos específicos, particularmente vinculados a género y diversidad, y una deslegitimación sistemática de instituciones, partidos y organizaciones sociales, agrupadas bajo la etiqueta de “casta”.

El resultado, según el informe, es un deterioro del debate público: la política deja de ser un espacio de disputa entre adversarios legítimos para convertirse en una confrontación existencial.

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Redes antidemocráticas globales: alianzas, financiamiento y estrategia

En el plano internacional, el informe describe un cambio profundo en la inserción de la Argentina, que pasa a integrarse activamente en redes globales de derecha radical. El vínculo con figuras como Donald Trump, Viktor Orbán o Santiago Abascal no se limita a coincidencias ideológicas. El informe identifica mecanismos concretos de cooperación, como la participación en foros internacionales, como la CPAC, donde se comparten estrategias políticas y discursivas.

Uno de los ejemplos más relevantes es el denominado “aprendizaje autoritario”: la adopción de políticas implementadas en otros países. Entre ellas, la decisión de retirarse de organismos internacionales o el endurecimiento del discurso migratorio en un país donde históricamente no era un tema central.

El documento también menciona episodios de asistencia financiera externa con impacto político. El caso más significativo es la intervención del Tesoro estadounidense en el mercado cambiario argentino durante el período electoral de 2025, interpretado como un respaldo directo al gobierno.

En términos diplomáticos, la Argentina reorientó su política exterior hacia un alineamiento casi exclusivo con Estados Unidos e Israel , rompiendo con tradiciones multilaterales y regionales. Este conjunto de movimientos configura, según el informe, una inserción internacional que no solo redefine la política exterior, sino que también retroalimenta dinámicas internas de erosión democrática.

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Contexto político, social y cultural: una sociedad partida pero no rota

El informe ubica esta dimensión en un nivel de alerta intermedio, donde conviven tendencias preocupantes con elementos de resiliencia. La polarización política aparece como el rasgo dominante. El sistema se organiza en torno a dos grandes bloques, oficialismo y oposición peronista, con escaso espacio para alternativas intermedias. Esta división se refleja incluso en la percepción de la economía: mientras una mayoría oficialista evalúa positivamente la situación, la oposición la percibe de manera negativa, con brechas que superan los 50 puntos.

Sin embargo, el informe señala que esta polarización no se traduce completamente en la vida social: la mayoría de los argentinos mantiene vínculos con personas de distintas posiciones políticas.

Otro elemento clave es la polarización de género. Los datos muestran que los hombres jóvenes tienden a apoyar en mayor medida al gobierno, mientras que las mujeres concentran los niveles más altos de rechazo.

El trasfondo económico completa el cuadro. La inflación récord de 2023, el aumento de la pobreza y la caída de los salarios reales generaron un escenario de malestar que facilitó la emergencia de liderazgos disruptivos.

En ese contexto, el informe identifica también factores menos visibles pero relevantes, como el aislamiento social y la crisis de salud mental, especialmente entre jóvenes, que pueden incidir en la adhesión a discursos antisistémicos.

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Reformas orientadas a concentrar el poder: gobernar por excepción

El segundo indicador en amarillo se centra en la dinámica institucional y el equilibrio de poderes. El informe advierte sobre el uso intensivo de herramientas excepcionales, como los Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) y los vetos presidenciales. Estas herramientas, si bien previstas por la Constitución, adquieren otra dimensión cuando se convierten en mecanismos habituales de gobierno.

Entre los ejemplos, se mencionan decisiones vinculadas a políticas sensibles, como jubilaciones, universidades o discapacidad, que fueron modificadas o revertidas por vía ejecutiva. También se registran tensiones con el Poder Judicial y recortes significativos en áreas del Estado, interpretados como parte de una estrategia más amplia de reconfiguración institucional.

Otro punto relevante es el abandono o debilitamiento de vínculos con organismos multilaterales, lo que reduce los controles externos sobre la política interna. En conjunto, estas prácticas no implican necesariamente una ruptura institucional, pero sí un desplazamiento progresivo del equilibrio de poderes hacia el Ejecutivo.

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Competitividad del sistema de partidos: una institucionalidad que resiste

La única dimensión en verde funciona como un contrapeso dentro del diagnóstico general. El informe destaca que la Argentina mantiene elecciones libres y competitivas, con alternancia posible y un sistema político que sigue funcionando formalmente.

Sin embargo, esta fortaleza convive con señales de fragilidad. La más evidente es la crisis de los partidos de centro, que perdieron peso electoral y capacidad de articulación. El caso de la UCR y la Coalición Cívica, reducidas a niveles mínimos de representación, es citado como ejemplo.

El PRO, por su parte, aparece absorbido en gran medida por el oficialismo, mientras que el peronismo se presenta fragmentado. El resultado es un sistema polarizado, con dos grandes bloques y escasa capacidad de mediación.

A esto se suma la caída de la participación electoral, que en 2025 alcanzó su nivel más bajo desde 1983. El informe advierte que, aunque la competencia electoral sigue vigente, la ausencia de acuerdos amplios entre fuerzas moderadas debilita uno de los mecanismos clásicos de defensa democrática.

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Informe completo

MARCADORES DE EROSIÓN DEMOCRÁTICA 26

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