En medio de la caída de la imagen de Milei, ¿qué impacto tienen los casos Libra y Adorni?

El Gobierno atraviesa semanas marcadas por casos que tensionan la narrativa anticasta que impulsa. En ese contexto, distintos consultores analizan el presente de la gestión y advierten sobre variables que comienzan a modificarse.

En medio del deterioro de la imagen de Javier Milei, el Gobierno transita un presente atravesado por dos casos de fuerte repercusión mediática: la presunta estafa vinculada a la criptomoneda Libra y las contradicciones entre la declaración jurada del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y su estilo de vida, que incluyen un viaje privado a Punta del Este y la adquisición de bienes no consignados oficialmente. En diálogo con C5N, distintos analistas examinaron el momento que atraviesa la gestión y advirtieron sobre el impacto potencial de estos episodios en la opinión pública.

Según el último estudio de la consultora Innova, un 59% de los consultados tiene una valoración negativa sobre la gestión de Javier Milei, contra un 41% que lo ve de forma positiva. Al profundizar sobre la categorización del Gobierno, y en el marco de los casos que surgieron en los últimos días, un 60% catalogó a la gestión como corrupta, frente a un 30% que la calificó como honesta. Al consultar sobre Manuel Adorni en particular, la brecha se agranda: un 70% cree que es corrupto, frente a un 26% que lo ve como un funcionario honesto.

Adorni corrupto

Los datos se conocen la misma semana en que, por cuarto mes consecutivo, cayó el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora la Universidad Torcuato Di Tella, al ubicarse en 2,30 puntos. La gestión de Javier Milei consolida así una tendencia descendente iniciada en noviembre, con una caída acumulada del 6,5% en lo que va del año.

El nivel actual de confianza se ubica por debajo del registrado a esta altura del mandato de Mauricio Macri, aunque todavía por encima del de Alberto Fernández en 2022. Entre los componentes más afectados se destacan la evaluación general del Gobierno y la preocupación por el interés general. El deterioro se produce tras el pico alcanzado en noviembre de 2025, luego de las elecciones legislativas, y se profundiza con caídas consecutivas en diciembre, enero, febrero y marzo.

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“Entre el caso Adorni y el caso Libra se observan dos variables clave que, hoy, explican su distinto impacto en la agenda y en la opinión pública, y por las cuales el caso Adorni concentra mayor protagonismo.”, explicó en diálogo con C5N el director de Innova, Guillermo Variego. Sobre este punto, detalló que “el caso Adorni es novedoso, recién aparece en agenda" y que "la contradicción entre las acciones del jefe de Gabinete y su posicionamiento político construido son contundentes, mientras que el caso Libra ya lleva varios capítulos y no es de fácil comprensión para todas las audiencias”. Además, hizo hincapié en que “el caso Adorni afecta a un dirigente en particular, por lo que la defensa es prácticamente unipersonal, mientras que el caso Libra pone en discusión los atributos del líder del espacio y por decantación a todo el Gobierno”.

Para Facundo Nejamkis, director de Opina Argentina, “es difícil medir el impacto que este tipo de escándalos tienen en la opinión pública. Más aún definir cuál tiene más peso”, aunque afirmó que el caso Adorni tiene más impacto en el corto plazo, ya que “las figuras designadas por los presidentes suelen tener el rol de ser sus fusibles y por lo tanto la sociedad les suele tener menos paciencia”. Por otro lado, sostuvo que “el estado actual de la economía y la caída en las expectativas configuran un escenario poco propicio para que los escándalos de corrupción pasen desapercibidos”.

La directora de Comunicación de Analogías, Marina Acosta, detectó que “desde febrero del año pasado, a partir del escándalo Libra, la corrupción escaló como una de las principales preocupaciones de la ciudadanía argentina”, lo que generó que “desde ese entonces hasta ahora, cada vez que preguntan a la ciudadanía si cree que en este Gobierno hay corrupción, seis de cada diez encuestados contestan ‘mucho-bastante’”.

Por su parte, el también director de Innova, Martín Ostolaza, se refirió al impacto que pueden tener estos casos en la narrativa oficial, y resaltó que si bien “este Gobierno demostró sentirse cómodo surfeando, e incluso creando polémicas y crisis, esto no quiere decir que sean ignífugos o resistentes a todo”. “Lo que genera esta dinámica de Gobierno es una complejidad mayor para dimensionar, sin contar con la perspectiva temporal, el daño que puede dejar cada crisis o escándalo atravesado. Se puede afirmar que erosionan la narrativa, aunque se torna imposible dimensionar por el momento con qué profundidad”, subrayó. Lo que advirtió es que “mientras no asomen opositores competentes, no hay espacios o actores que puedan capitalizar las crisis oficialistas”.

En el mismo sentido, Nejamkis señaló que “un Gobierno que hace de la renovación de la política una de las vigas principales de su programa sufre más cuando se conoce una situación o un caso que contradice esa narrativa", mientras que Acosta analizó que “el Gobierno se ha quedado prácticamente sin narrativas” y que “ya no puede levantar la bandera de la transparencia institucional porque sus propios funcionarios son los protagonistas de escándalos de corrupción”. “La persistencia en el tiempo de este tipo de hechos, además de dañar su reputación, hace que la ciudadanía empiece a ver la corrupción como un rasgo identitario del Gobierno. Desde la perspectiva de una parte de la opinión pública, los casos de corrupción no son hechos esporádicos sino endémicos”, describió.

En cuanto al caso Adorni en particular, y el impacto que pueda tener en la mesa chica de Gobierno, Variego describió una dinámica de gestión “sin hoja de ruta clara”. “Al ser una estilo imprevisible y altamente personalista, el impacto de toda crisis que no afecta directamente al principal líder del espacio no afecta el funcionamiento del gobierno”, remarcó. Por eso, apuntó que en este tipo de casos, “el impacto recae sobre el dirigente involucrado sin arrastrar necesariamente al resto de las áreas”. “La demostración empírica se observa en la cantidad de renuncias y recambios de funcionarios, incluso candidatos, en los contextos más impensados y escandalosos. Los episodios que pueden dejar marcar y erosionar con más profundidad la gestión son los que protagoniza Javier Milei”, resumió.

Al profundizar en este punto, Acosta indicó que “los casos de corrupción deterioran la confianza de la ciudadanía en las instituciones en general y en los funcionarios públicos en particular" y que "no sólo esmerila la imagen de los dirigentes afectados, en tanto el régimen y su legitimidad son erosionados, sino que además conlleva efectos sobre la participación política y la aparición de fenómenos como la desconfianza institucional”.

Por último, Nejamkis concluyó: “El jefe de Gabinete es el jefe de la administración de gobierno y la persona más relevante después del presidente en la estructura formal de gobierno. Es difícil pensar que los cuestionamientos a si figura no afecten la dinámica cotidiana de gobernar”.