Trump cumple 80 años: el personaje central de la era de la política-espectáculo

El presidente estadounidense celebra hoy sus 80 años con un acto de artes marciales mixtas en la Casa Blanca y con el ruido de fondo de una protesta nacional en su contra. Su recorrido, desde magnate inmobiliario y celebridad televisiva hasta líder de un movimiento que redefinió la derecha global, resume una época en la que la política sucumbió a la lógica de las redes sociales.

Este domingo, Donald John Trump celebra su 80º cumpleaños, y lo hace fiel a su propia mitología: ocupando el centro de la escena y tan cómodo con las críticas furibundas como con los elogios pasados de rosca. Lo importante, como siempre, es que no se pueda dejar de hablar de él.

Mientras en las principales ciudades de Estados Unidos se llevarán a cabo actos de protesta bajo el lema No Kings, Trump planea festejar su aniversario con un evento de artes marciales mixtas de la UFC en los mismísimos jardines de la Casa Blanca, lo que ya a provocado al menos un par demandas en cortes federales. No hay metáfora más adecuada para su trayectoria. En la era de la "política-espectáculo", el conflicto no se gestiona en los pasillos parlamentarios; se dirime en un cuadrilátero, bajo los focos y ante millones de espectadores sedientos de enfrentamientos.

No kings

Trump no inventó la espectacularización de la política, pero se convirtió en su encarnación más acabada, la unidad de medida de un fenómeno que hoy atraviesa al mundo. Al cumplir 80 años, el magnate neoyorquino no solo celebra su marca personal, sino la consolidación de un cambio de era: el momento en que la trifulca digital devoró por completo al debate público y proyectó a otros outsiders de ultraderecha a lugares de poder que nadie en su sano juicio hubiera imaginado.

El millonario que se convirtió en válvula "anti-sistema"

Para comprender al Trump octogenario que hoy intenta polarizar y marcarle la cancha al resto del planeta, es indispensable rastrear los orígenes de su avatar público. Mucho antes de que el Make America Great Again (MAGA) se convirtiera en un mantra de nuestra época, Trump ya se estaba haciendo ducho en las dinámicas del espectáculo en la Nueva York de los años 80 y 90.

A diferencia de los políticos tradicionales, formados en las facultades de derecho, en la militancia de base o en las estructuras partidarias, la escuela de Trump fueron los diarios sensacionalistas, la prensa rosa y el mercado inmobiliario concebido como un teatro de vanidades.

El verdadero catalizador de su mutación política ocurrió en 2004 con el estreno del reality show El Aprendiz. Durante más de una década, a través de la pantalla de la popular cadena NBC, Trump no solo se coló en los hogares estadounidenses, sino que ahí construyó el arquetipo que más tarde lo impulsaría hasta la Casa Blanca: el líder Alfa, el ejecutor implacable, el hombre de negocios con la mecha corta que castigaba la incompetencia con un latiguillo que se convirtió en icono pop: You're fired (Estás despedido).

Trump El Aprendiz

Cuando Trump descendió por las escaleras mecánicas doradas de la Torre Trump en junio de 2015 para anunciar su primera candidatura presidencial, el sistema político estadounidense lo vivió como un chiste o una movida de relaciones públicas. Pobres, no tenían idea de lo que se venía. No supieron ver que las reglas del juego habían cambiado. El electorado, saturado de viejas narrativas, movilizado emocionalmente por las entonces novedosas redes sociales y en crisis con las promesas de bienestar del capitalismo, había encontrado la vía de escape para todo ese vapor. Un especulador millonario como promesa anti-sistema: signo de tiempos confusos.

El conflicto permanente y el fin del filtro mediático

El politólogo francés Guy Debord acuñó a finales de los años 60 el concepto de "la sociedad del espectáculo", una tesis que afirmaba que las relaciones sociales ya no se daban entre personas, sino a través de imágenes y narrativas mediatizadas. "Todo lo que una vez fue vivido directamente se ha convertido en una mera representación", sostenía Debord.

Años más tarde, Trump se convirtió en la más grande comprobación empírica de esa teoría. Comprendió, antes que nadie en la derecha o la izquierda, que en el ecosistema digital contemporáneo la atención es el bien más valioso (hasta puede que sea lo único valioso), y que el método más rápido para conseguirla es la indignación y el espectáculo constante.

Durante sus campañas y mandatos, Trump se despojó deliberadamente del filtro de los medios de comunicación tradicionales. A través de sus perfiles en redes sociales —primero en Twitter y luego en su propia plataforma, Truth Social— estableció una línea de comunicación directa y sin editar con sus seguidores.

La prensa tradicional, atrapada en la necesidad de generar clics y audiencias (un cambio de paradigma que tiene una relación estrechísima con el ascenso de la política-espectáculo), se convirtió en el vehículo involuntario de su show. Al intentar desmontar sus mentiras o exageraciones, los medios terminaban amplificando su mensaje y validando su papel de "anti-sistema", capaz de enfrentar incluso a la "maldita" casta mediática.

El modelo exportador de la ultraderecha global

Al alcanzar los 80 años, la figura de Trump hace tiempo que dejó de ser un fenómeno específicamente estadounidense para convertirse en la matriz de exportación de un nuevo modo de hacer política que impulsó a outsiders de la ultraderecha en un sinfín de países del mundo y que tiene entre sus grandes "aprendices" a Javier Milei.

Javier Milei y Donald Trump

Si hay algo absolutamente novedoso que el trumpismo demostró, es que los escándalos que antes destruían una carrera política en cuestión de horas —procesos judiciales, filtraciones de audios comprometedores, vínculos con prostitutas— pueden ser transformados en combustible electoral si se gestionan como giros de guion dentro de una narrativa de victimización y épica. Si hay una lección que sacar de su larga y sinuosa carrera es que el político contemporáneo se ha convertido, antes que nada, en un generador de contenido.

TEMAS RELACIONADOS