La escalada verbal entre Moscú y Kiev sumó un nuevo capítulo en las últimas horas cuando la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, calificó al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, como un “drogadicto neonazi” y aseguró que sus intervenciones públicas responden al “delirio de un enfermo”.
En declaraciones reproducidas por medios oficiales rusos, la funcionaria sostuvo que las expresiones del mandatario ucraniano no pueden ser consideradas simples posicionamientos políticos. “Lo que dice no son declaraciones, es el delirio de un enfermo”, afirmó ante la prensa. Además, lo acusó de manipular el proceso electoral en su país y de sostener una narrativa que, según Moscú, busca encubrir la situación interna de Ucrania.
Las críticas se intensificaron tras la participación de Zelenski en Múnich, donde cuestionó al primer ministro húngaro, Viktor Orbán. Allí deslizó que el líder húngaro debería pensar menos “en cómo hacer crecer su barriga” y más en fortalecer su Ejército.
Zajárova recogió esas palabras y respondió con mayor dureza. Afirmó que quien “destruyó el Ejército de su país con dinero europeo, incluidos fondos húngaros” no está en condiciones de dar lecciones. La portavoz insistió en la caracterización de Zelenski como un dirigente “neonazi”, una acusación reiterada por el Kremlin desde el inicio de la invasión rusa.
Orbán, por su parte, eligió un tono más institucional para responderle a Zelenski. En su réplica, señaló que el debate no es personal, sino que involucra el futuro de Hungría, Ucrania y Europa.
En paralelo, voces desde el propio escenario político ucraniano también sumaron críticas. El diputado Alexánder Dubinski comparó al presidente con “un macaco rabioso en Múnich”, al sostener que “ataca a todo el mundo”.