Comprender estas bases podría orientar futuras estrategias de prevención y bienestar.
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Una investigación científica encontró vínculos entre la vida centenaria y variantes genéticas muy antiguas.
El análisis comparó ADN de personas mayores de 100 años con el de generaciones más jóvenes.
Parte de esa herencia biológica proviene de cruces con poblaciones humanas arcaicas.
Los especialistas aclaran que los hábitos cotidianos siguen siendo decisivos junto al factor hereditario.
La posibilidad de alcanzar edades muy avanzadas podría estar influida por la genética heredada de ancestros remotos, según una investigación que analizó las bases biológicas de la longevidad extrema. El trabajo se enfocó en personas que superaron el siglo de vida manteniendo un buen estado general.
El interés por entender por qué algunas personas viven más que otras fue creciendo en los últimos años, especialmente en sociedades con mayor esperanza de vida. La ciencia busca determinar cuánto depende este fenómeno de los cuidados personales y cuánto de características transmitidas a lo largo de miles de años.
En ese sentido, los resultados permiten conocer una mirada evolutiva que conecta la supervivencia en ambientes prehistóricos con la salud actual, mostrando que ciertos rasgos biológicos del pasado todavía tienen efectos visibles en la población contemporánea.
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Qué dice el estudio sobre la longevidad extrema
El análisis genético realizado sobre personas que vivieron más de cien años permitió detectar que muchas de ellas conservan variantes heredadas de poblaciones humanas muy antiguas. Estas huellas biológicas no surgieron en épocas recientes, sino que se originaron en grupos que habitaron Eurasia hace miles de años y que lograron adaptarse a contextos naturales muy exigentes.
La selección natural en esos entornos favoreció características que hoy siguen siendo beneficiosas, como una mayor capacidad de reparación celular, un sistema inmunológico más eficaz y un metabolismo preparado para resistir situaciones de estrés. Con el paso del tiempo, ese material hereditario se integró al ADN de los humanos actuales y continuó transmitiéndose entre generaciones.
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Los investigadores observaron que la longevidad no depende de un único gen, sino de un conjunto de variantes que actúan de manera conjunta. En los casos estudiados, quienes presentaban mayor proporción de ascendencia vinculada a antiguos cazadores-recolectores tenían más probabilidades de superar los 100 años, lo que da a suponer una ventaja biológica acumulativa.
Además, se identificaron zonas específicas del genoma, como el cromosoma 12, donde estas variantes influyen en funciones clave relacionadas con la regulación metabólica, la preservación de las células y la respuesta frente a enfermedades. Aun así, los especialistas remarcan que los hábitos de vida, el entorno social y el acceso a la salud siguen siendo determinantes en el envejecimiento saludable.