Arqueólogos de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) han hallado en la villa romana de Aiano, en Toscana, una bodega que evidencia la producción de vino a gran escala en el siglo IV d.C.
Los arqueólogos hallaron una treintena de grandes tinajas utilizadas para almacenar vino, junto con dos cuencas de decantación.
Arqueólogos de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica) han hallado en la villa romana de Aiano, en Toscana, una bodega que evidencia la producción de vino a gran escala en el siglo IV d.C.
Entre los hallazgos se encuentran unas treinta grandes tinajas para almacenar vino y dos cuencas de decantación, según informó la agencia de noticias Belga.
El equipo de arqueólogos dirigido por el profesor Marco Cavalieri ha descubierto hasta ahora 4000 metros cuadrados del yacimiento en Aiano, situado en un cruce de caminos entre Siena y Florencia.
Se estima que quedan entre 10.000 y 15.000 metros cuadrados aún por explorar.
La magnitud y disposición de la bodega sugieren que en la época había al menos cincuenta tinajas organizadas en filas, lo que indica que la villa podría haber estado dedicada a la producción de vino a una escala que superaba el consumo local o personal.
El hallazgo de la botella, inicialmente denominada "Speyer", tuvo lugar junto a los restos de un noble del Imperio romano, enterrado en una tumba en tierras alemanas. Esta tumba también albergaba otros diez vasos, junto con un segundo sarcófago que contenía los restos de una mujer y seis botellas de vidrio.
Entre todos los recipientes, solo uno conservaba líquido, que se determinó mediante un estudio detallado como vino con una antigüedad de aproximadamente 1.700 años. Por esta razón, tras su descubrimiento, fue bautizada como "Speyer", en honor a la ciudad cercana del mismo nombre en Alemania.
Desde su descubrimiento hace 157 años, se ha considerado la posibilidad de abrir la botella de vino más antigua del mundo para examinar su contenido en detalle. Sin embargo, en 2018 se determinó que la botella debía permanecer cerrada, principalmente porque no se podía predecir cómo reaccionaría el vino al entrar en contacto con el aire.
A pesar de esto, surge la pregunta: ¿sería peligroso consumir el vino si alguna vez se abriera la botella? Sorprendentemente, la respuesta es que no.
Aunque el vino perdió gran parte de su contenido en etanol, su conservación se atribuye a la capa de aceite de oliva densa que se utilizó para sellar la botella y proteger el vino del aire.
Ante el excelente estado de conservación del vino, considerando su antigüedad, la profesora de enología Monika Christmann de la Universidad Hochschule de Geisenheim determinó que no habría riesgo en consumirlo.