La harina refinada actualmente tiene una composición que genera problemas.
El impacto en la salud de las harinas blancas repercute en los niveles de glucosa en sangre y en el cansancio diario.
Si se abandona el consumo de carbohidratos ultraprocesados, la primera semana ya se ven cambios importantes.
Incorporar reemplazos, como harinas de granos con más fibra, es ideal.
Durante décadas, la harina refinada fue un ítem indiscutido de la mesa diaria argentina. Pan, pastas, pizza, galletitas y productos derivados la volvieron imposible de reemplazar en la alimentación. Sin embargo, en los últimos años, creció la preocupación por el impacto que produce en la salud y cada vez más personas deciden reducirla o directamente eliminarla.
El debate por el impacto de las harinas ultraprocesadas no es menor. Desde el Hospital Universitario Miguel Servet, de Zaragoza, realizaron una investigación que demostró que el consumo excesivo de harinas refinadas puede estar asociado al desarrollo de obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares.
La harina refinada surge de eliminar el salvado y el germen del grano de trigo, conservando solo la parte con mayor cantidad de almidón, el endospermo. El resultado es un producto de textura agradable, ligero, que tiene larga vida útil. El problema es que este alimento termina desprovisto de fibra, vitaminas y minerales. Además, tiene un índice glucémico alto, por lo que contribuye a producir subas de glucosa.
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harina refinada
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Qué le pasa al cuerpo si no consumís harina refinada por un mes
Dejar de consumir harinas procesadas durante 30 días puede generar cambios notorios en el organismo. En una primera etapa, especialmente durante la primera semana, es frecuente sentir cansancio, dolor de cabeza o irritabilidad. Estos síntomas se explican por la reducción brusca de carbohidratos simples, que activan el sistema de recompensa del cerebro. Algunos especialistas lo describen como una suerte de "abstinencia".
Superada esa fase inicial, comienzan a aparecer efectos positivos. Investigaciones de la Universidad de los Andes indican que la eliminación de harinas refinadas favorece una mayor estabilidad del índice glucémico, lo que reduce los antojos y ayuda a controlar el apetito. Al mismo tiempo, disminuyen los picos de insulina, un factor clave en la prevención de enfermedades.
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harina de avena
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En el plano digestivo, muchas personas reportan menos hinchazón y mejor tránsito intestinal. El trigo actual, señalan los expertos, está altamente modificado y genera moléculas difíciles de digerir, que pueden dañar la mucosa intestinal y provocar inflamación. Al retirarlo de la dieta, el intestino tiene la posibilidad de recuperarse.
También puede observarse una leve pérdida de peso, asociada a la reducción de calorías vacías y de la retención de líquidos. A largo plazo, distintos estudios vinculan esta decisión con mejoras en los niveles de triglicéridos, la presión arterial y un menor riesgo cardiovascular.
Reemplazar las harinas refinadas no implica resignar sabor ni variedad. Las versiones integrales, o la avena, el centeno, la quinoa o el trigo sarraceno aportan fibra y nutrientes y son una buena alternativa. Para quienes evitan el gluten, opciones como harina de almendra, coco o arroz integral son otros granos válidos.