Cómo evitar caer en la trampa de la profecía autocumplida

Una reflexión sobre cómo nuestros miedos y pensamientos pueden convertirse en trampas que condicionan el presente, y sobre el poder que tenemos para romper esas creencias y construir un futuro propio, libre y consciente.

¿Qué es eso que llamamos habitualmente “profecía autocumplida”? Yo diría: es lograr, mediante las propias acciones (conscientes o inconscientes), que aquello a lo que tanto tememos se vuelva realidad.

Una verdadera trampa. Mi experiencia me indica que hay muchísima gente que sufre constantemente por temores similares.

Tienen miedo de repetir una experiencia, miedo de calcar una relación poco feliz que les resultó muy dolorosa, miedo de no poder zafar de eso a lo que están condenados, como si el futuro estuviera escrito en las páginas de algún libro.

Muchos, créase o no, ven las cosas en esos términos: condenas, sentencias, penas que cumplir.

Pero las profecías, creo yo, por el contrario, están ahí como pruebas que debemos superar, como obstáculos necesarios en el camino que debemos sortear para ganar en evolución y libertad.

El único artífice de tu vida sos vos. Nadie más.

Y ese protagonismo te da el derecho y la responsabilidad de cambiar sobre la marcha, de improvisar, de desoír esos peligros que te acechan.

Podés torcer el rumbo de las cosas.

Si de verdad estás a cargo de las riendas de este juego que es la vida, entonces no existe profecía que te haga temer. Ni propia ni ajena.

El futuro es tuyo, y de nadie más.

No estás condenado a transitar las peripecias de un guion ajeno.

Tenés libre albedrío.

Eso quiere decir que podés proyectar tus propios deseos y visualizar tu propio futuro. Y aquí, como en muchos otros aspectos de este divino juego que es la vida, una de las claves esenciales está en nuestros pensamientos.

Si creés que estás perdido, estás perdido.

Si creés que no podés, pues no vas a poder.

Si querés hacer algo pero sentís que es imposible, entonces no creo que lo logres jamás. Por analogía, si creés que algo malo va a pasar, entonces seguramente va a pasar. En la vida no solo triunfan los valientes o los veloces: también ganan los que creen que las cosas buenas son posibles.

Cuando le temés a algo, en general estás pendiente de ese algo.

Y la mayoría de las veces ese pensamiento constante termina atrayendo esa situación de la que buscabas escapar.

Por eso es muy importante que tengas pensamientos positivos.

Si visualizás tu futuro, visualizalo con dicha y sin apego al resultado.

Sabé que si de verdad creés en lo que proyectás, el Universo se va a encargar de que suceda.

Nuevamente, otra de las claves para escapar a este tipo de profecías radica en conocer nuestra verdadera esencia.

Si descubrís que todo está en vos, y que todo es perfecto, nada podrá dañarte, ni siquiera el miedo.

Por otra parte, si lográs vivir en el aquí y ahora (ese único lugar donde el Ser verdadero puede expresarse), y no en el pasado ni en el futuro (donde la mente se pone el disfraz de los personajes), vas a ver que tampoco existen las amenazas.

El temor a una profecía es el temor a reiterar algo.

Y solo se puede reiterar algo del pasado.

Y el pasado, tesoro mío, no existe. Ergo, no te puede dañar.