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Sol Cudos defiende el título mundial en duelo histórico con Kim Clavel en Canadá

La invicta boxeadora argentina afrontará este sábado en Montreal el desafío más grande de su carrera: retener el cinturón mínimo de la Federación Internacional de Boxeo frente a la experimentada canadiense Kim Clavel.

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  • Sol Cudos nació, se crió y vivió siempre en Yaraví, un barrio de Moreno, provincia de Buenos Aires. Su papá es Ángel Cudos, exfutbolista que pasó por Argentinos Juniors, Huracán, Defensa y Justicia, además de ser autor del gol histórico que dio el ascenso a Ituzaingó. Jugaba de 8 y quienes lo vieron en la cancha aseguran que era muy bueno . Su mamá, Sonia, trabajaba cuidando chicos hasta quedó embarazada de su primera hija.

    Sol nunca vio a su padre dentro de una cancha como profesional: él se retiró poco después de su nacimiento y comenzó a trabajar como colectivero en la empresa La Perlita para sostener a la familia. De él heredó la pasión por el deporte, la disciplina, la constancia y la capacidad de competir. “También me enseñó a que siempre resuelva sin importar lo que pase. Que no me frustre. Que siempre le busque la vuelta a todo. A que si me faltaba algo lo reemplazara con otra cosa y siga. Siempre me enseñó a resolver y a intentar hacer lo mejor de mí con lo que tenía, en el lugar que estaba. Me enseñó a adaptarme, a cuidarme y a tener disciplina. Siempre me dio seguridad para que confiara en mí. Siempre me dijo que dejara todo y sin presión de nada. Que lo haga por mí”.

    De chica era tranquila, pero tenía una costumbre particular: meterse en peleas ajenas. Una vez, en la escuela Florencio Molina Campos, una amiga se estaba peleando con otra chica del curso. Sol quiso intervenir como mediadora, pero la discusión se volvió contra ella. “¿Qué te pasa? ¿Encima que estoy tranquilizando las cosas te la agarrás conmigo?”, respondió indignada. Insulto va, insulto viene, la cosa se picó. Ese día no pasó nada, pero quedó la bronca.

    Tiempo después, aquella chica la esperó a la salida del colegio junto a su prima. Esperaron a que estuviera sola para fajarla, pero Sol no tenía intensiones de dejarse pegar. La prima avanzó decidida y, apenas se acercó, recibió una trompada en la cara que puso fin a la pelea. La otra chica ni se animó a intervenir. Sin embargo, en Moreno los conflictos rara vez terminan cuando uno cree que terminan: durante meses siguieron buscándola para vengarse, y hasta llegaron a amenazar a su propia madre. La conclusión fue clara: si no aprendía a defenderse, en algún momento iba a cobrar.

    Sol Cudos

    Foto Nelson Leandro Quispe - @BoxeoDePrimera

    El Taekwondo y la piña prohibida

    En ese contexto, Sol acompañó a su hermano menor a la primera clase de Taekwondo. Con su único hermano los une una curiosidad: ambos nacieron el mismo día, un 3 de julio, aunque con cuatro años de diferencia. “No puede ser”, pensó al enterarse la fecha del nacimiento, aunque hoy disfrutan celebrar los cumpleaños juntos. Ambos tienen un lazo especial y se definen como “falsos mellizos”.

    Durante aquella clase, el entrenador notó cómo Sol observaba con atención y le ofreció probar. “¿Querés entrenar, Sol?”. “No profe. Yo vine a acompañar a mi hermano, no pagué la cuota”, respondió. “No importa, probá, y si te gusta, te quedás”, insistió. La invitación terminó en una experiencia insólita: el profesor la hizo ponerse guantes, cabezal y protectores para enfrentar a una alumna experimentada. Cinturón rojo. Nadie le explicó las reglas. La otra salió a lanzar patadas con furia, y Sol, instintiva, esperó el momento justo para meter una piña directa a la nariz de la rival.

    “¡No, Sol! ¿Qué hacés?”, exclamó el entrenador. “En esta disciplina no valen las piñas a la cara. Es de los hombros para abajo”. Ella replicó: “Pero dígamelo antes de ponerme los guantes. Yo no voy a dejar que me peguen”. La otra chica se fue llorando, sangrando y angustiada. Quizás nunca volvió a entrenar. Su madre solo la miró con resignación: “Sol…”, le dijo, mientras con los ojos pareció hacer un gesto que como diciendo “¿Qué voy a hacer con vos?”.

    Ángel Contreras, Alias “El Campeón”

    No me gustaba el Taekwondo porque tenía muchos protocolos. Yo quería ir a las piñas directo”, recuerda Sol. Entonces le pidió a su papá que la dejara practicar boxeo. Ángel dudó, pero aceptó; Sonia, en cambio, estaba convencida de que su hija estaba loca.

    Entre los chicos del barrio, Sol había escuchado hablar de un profesor en Moreno centro que daba clases de boxeo. Su nombre era Ángel Contreras, alias “El Campeón”. Un tipo de otra época: veterano, noble, que cargaba un bolso lleno de guantes y cabezales para que todos pudieran entrenar sin excusas. Si veía talento y esfuerzo, te entrenaba aunque no pudieras pagar, como hizo con Sol las veces que decía que no podía entrenar porque su padre aún no había cobrado su salario.

    La primera vez que Sol tiró una mano, él la interrumpió: “¿De dónde venís? Vos ya hiciste boxeo”. Ella negó: “No, profe, solo me peleé en la calle”. Ahí recibió una advertencia: “Si me entero de que andás peleando afuera, no pisás más este gimnasio”.

    Con apenas 15 años y 42,5 kilos. peso por debajo del promedio de la categoría mínima del boxeo femenino, empezó a entrenar en serio. Se enamoró del gimnasio: había encontrado un lugar en el mundo. Avanzaba tan rápido que “El Campeón” un día decidió convocar a su papá para hablar. Sol creyó que le iba a decir que no tenía condiciones y que no la iba a entrenar más. Todo lo contrario, quería probarla en una pelea a tres rounds en una exhibición de box que se iba a realizar en la sociedad de fomento de Mi Barrio. Sol aceptó sin dudarlo. Su papá tuvo algunas reservas, creía que aún le faltaba entrenamiento pero confiaba en la opinión de Contreras. Su madre no quería saber nada y decidió no ir a esa primera pelea, pero aceptó la decisión de su hija.

    Sol siempre había peleado en la calle y a mano limpia. Creía que con guantes y casco iba a ser más fácil. Estaba confiada. Su padre lo notó, por lo que antes de subir al ring, le dio un consejo invaluable: “Sol, no salgas a cruzar con todo desde el primer round porque te vas a ahogar. Vas a volver al rincón y se te van a endurecer las piernas. Va a haber mucha gente y sos nueva. Así que vos tranquila. Camina, observa y después ver qué haces con las manos”. Sol escuchó con atención las palabras de su padre, pero apenas sonó la campana se las olvidó y salió a tirar piñas sin parar. Se fundió. “¿Qué hago acá?”, preguntó sin aire y sin piernas. En el segundo round lo mismo. Volvió al rincón exhausta y su entrenador le sugirió terminar ahí. Ya había visto lo que quería ver. “No, campeón. Yo vine a pelear. ¿Cuántos rounds son? ¿Tres? Voy a hacer los tres”. El Campeón le dio agua, le sacó la transpiración y Sol volvió a salir al ring. Se cagaron a palos hasta el último minuto. La pelea terminó en empate.

    “Después de esa primera pelea se me despertaron las ganas de ser boxeadora. No pensé en el cansancio ni en los golpes. Ese día bajé y le pregunté a mi papá qué podíamos hacer para estar mejor física y técnicamente". Su padre le dijo que tenía que empezar a entrenar todos los días en vez de tres veces por semana. También le propuso fondo y empezaron a correr juntos para mejorar el estado físico y la resistencia. "Mis primeros 4 kilómetros fueron eternos. Casi me muero. No le podía seguir el ritmo a mi papá, eso que el ya estaba retirado y estaba grande”. A los dos meses se organizó una nueva pelea. Sol volvió más preparada y ganó. Así también ganó la tercera, la cuarta y así, dando comienzo a una acumulación de victorias y de manera invicta. Desde que pisó el gimnasio de El Campeón nunca más volvió a pelearse en la calle, las chicas sin entrenamiento dejaron de ser consideradas rivales.

    Cudos

    Foto Nicolás Suarez

    El progreso de Sol fue tan evidente que su propio entrenador tuvo que tomar una dura decisión para el desarrollo de su carrera. Un día volvió a convocar a su padre para charlar. Frente a ambos dijo que no podía seguir entrenando a Sol. Ella volvió a pensar que la dejaba por falta de condiciones para seguir creciendo. "Yo me enojé. Se me venía el mundo a bajo. Le dije que si tenía algún problema conmigo que me lo diga en la cara". Pero los motivos de Contreras eran otros. Él entendía que Sol había aprendido todo lo que le podía enseñar y necesitaba de alguien mejor para poder seguir creciendo. Además ya se sentía grande, casi no podía manoplear y acompañar en las peleas le costaba cada vez más.

    Entonces hizo algo no común entre los entrenadores de boxeo. No fue egoísta y entendió que cambiar de equipo era lo mejor para el progreso de Sol. Él sabía que estaba para cosas grandes y no quería ser una piedra en su camino. “Tenés que buscar un equipo que la federe a Sol. Ella tiene que empezar a tener peleas que en el día de mañana le permitan sacar la licencia como profesional. Si la dejo acá le cortó la carrera”, le dijo Ángel, su entrenador, a Ángel, su padre.

    Fue triste. Sol no quería dejar el gimnasio, a su entrenador y a sus amigos. Pero finalmente entendió lo que le estaban diciendo. Quería seguir peleando y venciendo a las rivales. Probar de qué estaba hecha y hasta dónde podía llegar. Con nuevo equipo y un entrenamiento más exigente, la joven de Moreno se consolidó. Ganó peleas, se hizo conocida y empezó a forjar un estilo propio: técnica, estratégica, defensiva, pero con potencia cuando era necesaria. Pocas veces fue la favorita en la previa de una pelea. Eso nunca le importó, al contrario, la motivaba. “Siempre se sorprenden”, dice.

    A dar pelea: del ring al quirófano y del quirófano al ring

    Así fue como Sol comenzó a intensificar su trabajo físico. Dio el salto al profesionalismo, ganó todas sus peleas y hoy se mantiene invicta. Su nombre empezó a sonar con fuerza en el ambiente del boxeo: la promesa comenzaba a convertirse en realidad.

    En ese camino, un día la entrevistaron en Radio Pública de Moreno. Allí conoció al Mendo, un cantante y rapero de música urbana que hace RKT. Al terminar la charla, él le propuso componer un tema para sus salidas al ring. “Me explicó qué era lo que hacía, me preguntó mi historia, yo le resumí todo y ahí quedó”, recuerda Sol.

    Tiempo después, surgió la posibilidad de disputar el título sudamericano de peso mínimo en el Casino de Buenos Aires. Entonces Sol llamó al Mendo y le pidió que, si el tema estaba listo, lo interpretara en vivo en su salida. Así fue el estreno de “A dar pelea”, un temardo diría el piberío. La presentación se transmitió por televisión y, gracias a las redes, pudo verse en todo el mundo.

    “Quedó muy bueno porque cuenta mi vida y además tiene ritmo para que la gente se despierte cuando salgo. Las peleas son a la noche y para mí la noche es fiesta. Por más que vayas a pelear o lo que sea, tenés que estar bien arriba. Desde que salí campeona lo pongo en todos lados”, dice orgullosa. Ahora, esa canción también sonará en Canadá. No cualquiera puede darse el lujo de tener un tema propio.

    Embed - A DAR PELEA (SOL CUDOS) (feat. DJ GABY)

    Pero el buen momento deportivo no se reflejaba en lo económico. El boxeo en la Argentina paga poco, y en el femenino mucho menos. Faltan apoyos, inversión y auspicios que permitan que el deporte recupere el lugar histórico que supo tener. Para eso hacen falta campeones, y a los campeones hay que sostenerlos.

    Sol siempre vivió con sus padres y en un momento decidió ayudar con los gastos del hogar y de su carrera. “Si no estuviera viviendo con mi familia no podría haber hecho la carrera que hice. Ellos me ayudan mucho. Mi papá siendo parte de mi equipo. Y mi mamá con las comidas. Ella está atenta a todo”, cuenta.

    Así, empezó a trabajar y a estudiar. Entre pelea y pelea cursaba materias para ser técnica en Instrumentación Quirúrgica. Con la pandemia, aprovechó la oportunidad de dedicarse de lleno a los estudios y en apenas tres años se recibió. Realizó pasantías en el hospital público de Moreno y en la clínica Alcorta. También trabajó ad honorem para adquirir práctica, hasta que empezó a cubrir guardias y logró que le pagaran.

    Sin embargo, cuando llegó la gran oportunidad de su vida, tuvo que elegir: trabajar 12 horas en un quirófano y al mismo tiempo entrenar para la máxima competencia era inviable. Con el sueldo que le otorgaba la promotora OR Promotions, el respaldo de la Subsecretaría de Deportes de la Municipalidad de Moreno y el apoyo de algunas marcas, pudo aliviar la carga económica de su familia y concentrarse en la espera de su gran desafío.

    Choque de soles: polémicas en la pelea del año

    Sol Cudos es una boxeadora técnica, estratégica y rápida. Su disciplina defensiva es uno de sus sellos, al igual que su capacidad para priorizar la inteligencia en el ring por encima de la potencia bruta, aunque cuando debe sacar las manos, lo hace con precisión. Todavía no define cuál es su golpe favorito, pero reconoce cierta debilidad por el gancho al hígado. “Hay que encontrar el momento indicado para sacarlo. Tiene que ser quirúrgico. Cuando entra es hermoso”, explica. Y agrega: “Cuando metés una buena piña sentís una satisfacción enorme porque aparece todo lo que trabajaste, lo que venías practicando. Todo lo que entrené se vio arriba del ring”.

    Su primer referente siempre fue su padre. Pero cuando comenzó a apasionarse por el boxeo, se fijó en figuras como Marcela “La Tigresa” Acuña, Yésica Bopp, Alejandra Olivera, Manny Pacquiao y Juan Carlos “Cotón” Reveco, entre otros. Era la generación que marcaba la escena cuando ella daba sus primeros pasos.

    Con el tiempo, entre pelea y pelea, decidió visitar al "Campeón" que había sido parte de su camino. Imaginó que él ya no la recordaría: estaba muy mayor. Sin embargo, la reconoció enseguida. “¿Cómo andás, asesina?”, le dijo, como solía gritarle desde las tribunas cuando la acompañaba ya sin ser su entrenador. Siempre que podía iba a verla y, cuando no, le pedía a su hija que le pusiera las peleas por televisión. “Vio todas mis peleas. Yo no lo podía creer”, recuerda Sol. Contreras no llegó a verla consagrarse en un título mundial, pero tampoco hacía falta: él estaba convencido de que ese destino ya estaba escrito.

    La oportunidad grande llegó. La pelea que esperaba para dar el salto y mostrarse al mundo, pero también para intentar que el boxeo dejara de ser solo gloria y empezara a darle sustento económico. El desafío era enorme: disputar el vacante título mundial de peso mínimo de la Federación Internacional de Boxeo contra una compatriota, Sol “La Picante” Baumstarh, reconocida por su jerarquía y experiencia. La Picante llegaba como favorita. Cudos lo hacía invicta, con 9 victorias y dos empates, campeona sudamericana y Fedelatin AMB. El escenario estaba armado para un combate histórico.

    Sol Cudos

    Sin embargo, el deporte, como la vida, siempre trae imprevistos. Cudos debió suspender la primera fecha pactada por problemas de salud. En la previa, el clima se calienta y los rivales pueden convertirse en enemigos. Baumstarh no creyó en la versión de su rival y salió a boquear, quizás como parte del folklore del deporte. Pero para Cudos no se trataba de un simple cruce. “Era un tema mío. Se me bajaban mucho las defensas llegando al pesaje. No le encontrábamos la vuelta con el equipo. Me hicieron un estudio de sangre y saltó que en la preparación física mi profe me sobrepasaba de entrenamiento. Me lo explicaron los médicos porque yo no tenía idea. Cortaba peso y entrenaba como un animalito. No nos dábamos cuenta”, explicó.

    La suspensión fue un punto de inflexión: “Le empecé a decir a mi profe que no me mate llegando a la pelea, porque al bajar de peso mi sistema inmune se debilita. Nos pasa a todos. ‘Si vos me sobre exigís, yo me enfermo rápido’, le dije. Pero Baumstarh salió a decir que era todo mentira. Estaba muy mal asesorada y lo que hizo no me gustó como persona. Entiendo el folklore del boxeo, pero yo con la salud no jodo”.

    Finalmente, la pelea se concretó el 5 de abril, en la Federación Argentina de Boxeo, ya que el Luna Park estaba cerrado por mantenimiento. El clima era tan espeso que se podía cortar con un cuchillo. La expectativa era enorme. En las tribunas, la mayoría acompañaba a Baumstarh. La picante entró con una murga pero la fiesta la puso Cudos con el RKT del Mendo. “Moreno está en la casa”, parecía decirle con la mirada a la rival de Brandsen.

    Embed - Sol Cudos vs. Sol Baumstarth - Boxeo de Primera - TyC Sports

    El combate fue parejo. En la transmisión televisiva, los primeros rounds parecían favorables a Baumstarh: sus golpes eran destacados, mientras que los de Cudos apenas se mencionaban en el relato. Pero arriba del ring la historia era distinta. La Picante arrancó bien, aunque aflojó con el correr de los asaltos. En el séptimo, metió una mano agarrando a Cudos mal parada y hubo cuenta, lo que le dio confianza y la hizo creer ganadora. Desde entonces se dedicó a administrar lo que creía una ventaja. Cudos, en cambio, no bajó la intensidad: siguió trabajando, se mostró ágil y rápida, como en el primer round. Entraba, conectaba y salía. Al sonar la campana final, se sintió vencedora. Los jueces coincidieron: fallo dividido, 95 a 94 para Cudos. Moreno y Argentina tenían una nueva campeona del mundo.

    “Pocas veces me emocioné tanto en mi carrera. Lo primero que se me vino a la cabeza fueron todos los viajes en tren, todo el sacrificio. Ahí dije: lo logré, llegué. Pasó mucho tiempo y estaba ahí, levantando el título del mundo. Parece que pasó todo tan rápido y, sin embargo, fue un camino larguísimo. En ese momento pasaron por mis ojos los años de entrenamiento, todo el esfuerzo mío, de mi equipo y de mi familia. Todo resumido en una imagen: yo con el bolso, rota de cansancio, parada, toda apretada, arriba del Sarmiento”.

    Baumstarh no quedó conforme con el resultado y, por lo que se vio al término del decimo asalto, tampoco con su propia actuación. Al finalizar ni siquiera saludó a Cudos. No fue la Baumstarh arrolladora de otras noches y cometió el error de respetar a su rival. Hay quienes aseguran que temía que la "durmiera" como había sucedido en un sparring tiempo atrás.

    El resultado generó polémica y mucho debate en medios y redes. “Eso pasa con las buenas peleas. Baumstarh y Cudos tienen que estar orgullosas de haber protagonizado la pelea del año en el boxeo femenino del país y de escribir una página en la historia grande del boxeo. Son dos grandes campeonas”, reflexionó un especialista del deporte. Hoy, todo el ambiente pugilístico pide revancha. El tiempo dirá si llega. Mientras tanto, con cinturón en su poder, Cudos quiere sumar experiencia en el exterior y marcar la diferencia económica que tantas veces se le negó.

    Cudos Ba

    Sol Cudos vs. Kim Clavel: la primera defensa fuera del país

    El próximo 27 de septiembre, Sol Cudos defenderá su título mundial en Canadá. La velada se llevará a cabo en el Teatro St-Denis de Montreal y la rival será la local Kim Clavel. Nacida en esa ciudad hace 35 años, Clavel debutó como profesional en 2017 y rápidamente escaló en las categorías menores: en 2019 conquistó el cinturón NABF y, tres años más tarde, el título mundial minimosca del Consejo Mundial de Boxeo (WBC). De guardia ortodoxa y con 1,55 metros de altura, se caracteriza por un boxeo técnico, paciente y muy móvil, con foco en la defensa y en la acumulación de puntos más que en la potencia de nocaut.

    “Ella es muy movediza, tiene mucha resistencia y es de sacar muchas manos. Yo voy a estar siempre con la guardia arriba, firme, tranquila. Tengo que estar precisa, sobre todo porque es una rival muy rápida”, analizó Cudos. Si bien la argentina va con un plan de pelea, sabe que en el boxeo la estrategia puede cambiar sobre la marcha. “Me estoy preparando para boxear y estar justa y eficaz. Pero si tengo que ir al intercambio también lo voy a hacer”, advirtió.

    Aunque llega como campeona, Cudos será visitante, como en gran parte de su carrera. “Yo me preparo como para cualquier pelea. No me importa si voy de visitante o de local. En Argentina nunca fui favorita. Ahora voy afuera, conozco menos gente, es otro idioma, pero yo voy a subir a hacer lo de siempre, lo del día a día. Así que estoy tranquila. Confío mucho en mi trabajo diario. Me preparo para laburar los 10 rounds y después ir resolviendo a medida que pasa la pelea”. Como en cada combate, deja todo en manos de Dios: “Yo me preparo para dejar todo. Lo único que pido siempre es que tanto yo como mi rival bajemos con salud, porque esto no deja de ser un deporte”.

    Kim Clavel

    La previa no fue sencilla. Además de entrenarse fuertemente, Sol debió atravesar una serie de trámites burocráticos. Junto a su padre y a su entrenador, Cristian Loyola, tuvo que viajar varias veces desde Moreno a la Capital para gestionar la visa que les permitiera ingresar a Canadá. Cuando al fin la obtuvieron, llegó otro requisito: estudios médicos adicionales, pese a que recientemente había renovado su licencia de boxeo. En tiempo récord debió realizarse análisis de sangre, prueba de embarazo, test de VIH y hepatitis, además de una resonancia cerebral. “No es fácil que te den turnos de un día para el otro y el tiempo no sobra. Yo solo quería entrenar y tenía que hacer un montón de trámites. Al final te la pasás haciendo más papeles que entrenando. Mientras tanto, Clavel está tranquila, esperando en un hotel de lujo. La juegan con eso. Pero todo eso es motivación también. Yo trato de adaptarme a la situación y entrenar igual”.

    Pese a los obstáculos, asegura llegar en su mejor momento: preparada, con experiencia y mucha fortaleza mental y espiritual. “Vengo de tener muy buenas peleas contra grandes rivales. Llego en un momento muy bueno de mi carrera. Motivada por salir afuera y representar a Moreno y a la Argentina”.

    Cudos siente un profundo orgullo de representar a su partido y a su país. “A mí me encanta el deporte y me motiva mucho poder representar mis raíces de esta manera, siendo campeona del mundo y peleando afuera. Estoy muy contenta. Yo soy de barrio, vengo de familia trabajadora, y eso me llena de emoción y orgullo. Además me gusta poder inspirar a los más chicos, darles entusiasmo para practicar un deporte, cumplir metas, objetivos. Es lo que siempre soñé: más allá de ser campeona del mundo, siempre quise poder inspirar a los que siguen mi carrera”.

    Tras conseguir el cinturón mínimo de la Federación Internacional de Boxeo, la Subsecretaría de Deportes de Moreno le organizó una sorpresa con chicos y chicas de distintos gimnasios. “Me dijeron que me querían saludar y fue una mentirita piadosa. Cuando llegué estaban todos los chicos de las escuelitas de boxeo. Me emocioné mucho y la pasé re lindo. Los chicos estaban contentos, tocaban el cinturón y no lo podían creer. Yo intenté darles motivación y eso me reconforta. Más allá de la tele, del título y del éxito, poder motivar a un chico o que un chico te tenga de ídolo es lo mejor del deporte”.

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    Con emoción, recordó sus propios comienzos: “Yo arranqué como todos ellos. Fui constante, le metí mucho esfuerzo. Si yo lo logré, ellos también lo pueden lograr. No sé si el día de mañana voy a tener familia o no, pero sé que nunca le voy a decir a un chico que se dedique a otra cosa porque no va a llegar. Yo no voy a hacer eso, porque lo logré. Con todo el orgullo les voy a decir que lo intenten”.

    La campeona también subrayó el papel de su familia en cada etapa de su camino. “Algunos padres, a lo mejor por las experiencias que tuvieron, viven frustrados y sin querer frustran a sus hijos. En mi caso fue todo lo contrario. Mi papá llegó a donde quería llegar. Lo logró y fue feliz. Después se dedicó a trabajar, pero siempre estuvo orgulloso de lo que hizo. Mis padres siempre me apoyaron. Nunca me cortaron las alas. Nunca me dijeron que deje el boxeo ni me sugirieron buscar algo más seguro. Nunca me plantearon la posibilidad de que me fuera mal. Siempre me dejaron decidir y me bancaron. Si me iba bien, bien, y si no, también estaban ahí. Eso fue lo que me impulsó a animarme a transitar este camino. Para ellos siempre fue un ‘sí, sí, sí’. Eso fue el puntapié a todo esto. Por eso siempre les agradezco a mi mamá y a mi papá por nunca frenarme”.

    En esa línea, dejó un mensaje dirigido a los padres: “Yo, a donde voy, siempre les digo que apoyen a sus hijos en lo que sea. Lo mío fue el boxeo, pero otros chicos quizás quieren ser doctor, periodista o profesor. Lo más importante es que los apoyen. Después te puede ir bien o mal, es la vida. Pero el apoyo de la familia es fundamental. Eso es lo que me enseñaron a mí”.

    El sueño de defender el título en Moreno

    Cudos planea extender su invicto durante muchos años, idealmente hasta el día de su retiro. También sueña con conquistar los títulos de las principales organizaciones y convertirse en campeona indiscutida, un hito histórico para el deporte argentino. Sin embargo, su mayor anhelo es defender la corona en su propio país, especialmente en su Moreno natal. “Me encantaría regalarle una defensa a toda la gente de Moreno para que lo disfruten al igual que yo”, confiesa. Se imagina peleando en una noche de verano, al aire libre, en algún club del partido: “Que sea una fiesta”. Aunque no es sencillo organizar un evento de esa magnitud en Argentina, ella está convencida de que nada es imposible.

    Si bien todavía queda mucho camino por recorrer, Cudos ya piensa en el día de su retiro y en cómo seguir ligada al deporte. “No descarto volver a los quirófanos, tengo el título guardado así que nunca se sabe. Pero me gusta mucho el boxeo. Cuando me retire me gustaría seguir enseñando. Me encanta el quirófano, pero el boxeo me apasiona, si no no hubiera pasado ni por la mitad de las cosas que pasé”. Su proyecto a futuro es abrir su propio gimnasio y volcar allí toda la experiencia acumulada a lo largo de su vida.

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