“Cuando levanté la Copa pensé en mi vieja, en mi viejo y en toda la gente que estaba en la Argentina”, pronunció Diego Maradona apenas terminó la final del Mundial de 1986 ante Alemania Federal en el místico estadio Azteca. Él pensó en su familia y en un país entero, y todos se quedaron con la imagen del Diez levantando la Copa del Mundo.
En cada aniversario de aquel México 1986, las postales son esa y, sin dudas, los goles que le hizo a Inglaterra. Pero detrás de cada fotografía hubo un recorrido mucho más complejo que una simple consagración.
Esa Selección no llegó a territorio mexicano como la gran favorita. El ciclo de Carlos Bilardo era cuestionado, las críticas desde buena parte de la prensa eran constantes y hasta existían dudas sobre el funcionamiento del equipo. De hecho, la clasificación se logró apenas ocho minutos antes que finalice el encuentro contra Perú en las Eliminatorias.
El Doctor era mirado de reojo porque incluso, sobre sus espaldas, pesaba la comparación y los honores de César Luis Menotti. El camino no era fácil. Pero el exentrenador de Estudiantes se animó a defender su sistema táctico, innovador para la época, y sostenía una convicción inquebrantable: si Pelusa encontraba el contexto adecuado, Argentina podía competir contra cualquiera.
Los futbolistas compraron una idea que exigía sacrificio permanente, solidaridad y una disciplina táctica poco habitual para la época. Y, sobre todo, entendieron que tenían al mejor futbolista del mundo.
México 1986: el inicio que generó ilusión
La Selección integró el Grupo A con Italia, Bulgaria y Corea del Sur. Su debut fue ante la selección asiática y comenzó con el pie derecho: ganó por 3 a 1 con goles de Oscar Ruggeri y dos de Jorge Valdano.
Tras el buen debut, se venía el partido más bravo: Italia. La poderosa selección europea representaba un fuerte examen para saber exactamente cuál era la realidad futbolística de la Albiceleste. En tan solo siete minutos los italianos se pusieron en ventaja, pero los argentinos tuvieron paciencia, y pasada la media hora de juego apareció Maradona para sellar la igualdad final.
El gol de Diego Maradona a Italia
El último, frente a los búlgaros, fue victoria por 2 a 0 gracias a los gritos de Valdano y Jorge Burruchaga. Pero lo más importante era el juego que plasmaba la Selección dentro del campo de juego. Había con qué ilusionarse.
En octavos de final se jugó el clásico sudamericano, donde Argentina ganó por la mínima diferencia a Uruguay con gol de Pedro Pablo Pasculli. Ya en cuartos fue otro encuentro que no pasó desapercibido, en donde para el pueblo argentino estaba latente la guerra de Malvinas Argentina frente a Gran Bretaña. Muchos lo tomaron como una "revancha", donde Diego, dentro del campo de juego, supo hacer historia de la que nunca nadie olvidará jamás.
México 1986: noventa minutos que cambiaron la historia de Maradona
Si existe un partido capaz de resumir la carrera de Maradona, probablemente sea el de los cuartos de final frente a Inglaterra.
El contexto excedía al fútbol. Apenas cuatro años antes había finalizado la Guerra de Malvinas y el encuentro adquirió una carga emocional imposible de ignorar para ambos países. Antes de que comenzara el partido, el capitán y referente del equipo, arengó a sus compañeros con una frase histórica: “Nos mataron a nuestros pibes, no podemos perder”.
En la parte suplementaria llegaron las emociones: en apenas cuatro minutos, el Diez empezó a escribir la primera página de lo que terminó siendo la historia mejor recordada en la historia del deporte. Primero llegó la “Mano de Dios”, un gol que todavía genera debates y simboliza la picardía futbolera elevada a categoría mundial.
Poco después apareció el que muchos consideran el mejor gol de todos los tiempos, conocido como “El Gol del Siglo”: el “barrilete cósmico” arrancó en su propio campo, dejó en el camino a Hoddle, Reid, Butcher, Fenwick y al arquero Shilton, y anotó el 2 a 0 inolvidable y que incluso, fue elegido oficialmente como el mejor gol en la historia de los mundiales por una encuesta global de la FIFA. Más allá de que Lineker logró convertir el tanto de descuento, el marcador no se movió del 2 a 1 a favor de los argentinos.
“Creo que es un gol soñado. No porque lo haya hecho yo. Como dice el Negro Enrique, que me dejó solo. Dice que me dio un pase que me dejó solo. Me la da lejos del arco. Tengo la suerte de encarar y ver a los ingleses que no me podían agarrar”, recordó alguna vez durante una entrevista a ESPN y agregó: “Cuando yo lo veo dudar a Fenwick, le tiro la pelota para adelante. Se la tiro a él. Cuando se la tiro adelante, él me quiere meter la mano, pero yo venía a cien por hora. A mí no me paraba nadie”.
Pese a la dificultad de tenerlo de frente a Shilton y que le tapaba el arco Diego tomó la decisión de amargar, jugar cortita: “Shilton queda despatarrado y la empujo”. Ese fue lo que terminó siendo el 2 a 0 final y un partido que convirtió a Maradona en inmortal.
El Mundial que perteneció a Diego
Diego Maradona disputó los siete partidos del torneo, convirtió cinco goles y dio cinco asistencias. Participó de manera decisiva en la mayoría de los tantos argentinos y fue elegido el mejor jugador del campeonato.
Maradona manejó los tiempos de cada encuentro, a veces soportando marcas asfixiantes, jugando lesionado, apareció cuando el equipo más lo necesitó y convirtió actuaciones que todavía hoy son utilizadas como parámetro para medir el rendimiento de cualquier figura en un Mundial.
El propio Bilardo se jactó más de una vez de resumirlo de manera sencilla: “Nosotros teníamos al mejor del mundo”. Pero también hubo un equipo que supo acompañar a su capitán para lograr trascender generaciones.
Los héroes de México ‘86 detrás del héroe
Resumir lo que fue México 1986 únicamente en Diego Maradona sería una injusticia con un plantel que respondió en cada instancia decisiva.
Es que el equipo estaba armado por 11 guerreros dentro de la cancha y otros tantos que esperaban en el banco de suplentes para hacer su tarea, complementar y sumar. Y así, fue. “Teníamos un líder futbolístico extraordinario, pero también un grupo muy comprometido”, resumió en algún momento Jorge Valdano al recordar lo que fue integrar ese equipo.
La denominada columna vertebral estaba intacta, Nery Pumpido transmitía tranquilidad desde el arco. Oscar Ruggeri imponía carácter en cada cruce. Sergio Batista equilibraba el mediocampo. Valdano aportaba goles e inteligencia para asociarse con Maradona. Y Jorge Burruchaga aparecía siempre cuando el equipo necesitaba profundidad.
Formación de Argentina en 1986
A todos ellos se sumaron los Héctor Enrique y Julio Olarticoechea, que se ganaron un puesto en el 11 inicial, y la importancia del gol de Pasculli para clasificar a los cuartos de final, entre otros. Bilardo logró que cada pieza entendiera exactamente cuál era su función.
El pase que valió la segunda Copa del Mundo
En semifinales, el choque fue contra Bélgica, obteniendo el pase a la final gracias a la victoria por 2 a 0, con los dos gritos del ex-Newell's. Mientras que, el último encuentro fue ante Alemania Federal: los dirigidos por el Doctor comenzaron 2 a 0 arriba en el marcador, pero los alemanes no se dieron por vencidos e igualaron el choque poniéndole suspenso y dramatismo.
Pelusa no podía quedar afuera del protagonismo y metió un gran pase gol para Burruchaga y, a siete minutos del final, la Argentina volvió a estar arriba en el marcador y sellar el 3 a 2. No fue un gol más. Fue la asistencia que terminó de sellar la segunda Copa del Mundo para Argentina.
México 1986 trascendió el resultado deportivo porque construyó un símbolo nacional. Durante décadas, el argentino se sintió identificado por la gran representación que sintieron dentro y fuera del verde césped. Y sobre todo cuando nació la leyenda del pibe de Villa Fiorito acompañado por los otros guerreros que supieron dejar el legado argentino en lo más alto, coronarse en el mítico Estadio Azteca y quedar en la historia mundial para terminar bordando la segunda estrella.