Un preso acosó y extorsionó a una menor por redes sociales y lo sentenciaron por abuso sexual con acceso carnal

Desde un penal, un hombre coaccionó a una adolescente a grabarse y realizar actos sexuales sobre su propio cuerpo en videollamadas bajo amenaza de exponerla ante sus conocidos. La Justicia de Morón lo condenó a 20 años de cárcel.

El Tribunal en lo Criminal Nº4 de Morón condenó al preso Orlando Tristán Novillo a 20 años de prisión por abuso sexual con acceso carnal contra una adolescente que tenía 12 años cuando el condenado la captó con perfiles falsos en redes sociales haciéndose pasar por un menor de edad o por un reclutador de modelos. Los abusos se sostuvieron desde 2020 hasta 2023.

Novillo también fue condenado por tenencia de material de abuso sexual infantil, extorsión, amenazas y defraudaciones, porque durante el periodo menciono obligó a la menor a entregar datos de casi 40 tarjetas de crédito y débito de sus padres. El reo sometió a la menor a un esquema de intimidación constante, amenazas de difusión de material íntimo, exigencias sexuales y videollamadas de contenido explícito, logrando un control sostenido de su voluntad.

La sentencia de los jueces Carlos Roberto Torti, Rodolfo Castañares y Verónica Vanesa Gerez es histórica porque la Justicia por primera vez reconoció que el abuso sexual con acceso carnal es posible a través de plataformas digitales, sentando un precedente para futuros casos de grooming y acoso digital.

"Durante ese período, la víctima permaneció sometida a una situación de control y coacción permanente durante más de tres años, lo que en los hechos configuró un verdadero cautiverio de carácter psicológico y digital. En ese contexto, se trata de una sobreviviente", destacó el tribunal en el fallo.

Además, este caso demuestra la importancia de la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas, porque la menor rompió el silencio con una docente, lo que derivó en la activación de protocolos y la intervención judicial. Novillo tiene condenas por hechos similares de 2008, 2012 y 2017, y por eso fue declarado reincidente.

Qué delitos comprobó la Justicia

Los jueces dieron por probado que Novillo sometió psicológica y sexualmente a la denunciante durante tres años desde el Servicio Penitenciario Bonaerense a través de Instagram, WhatsApp y otros canales de mensajería. Primero generó un vínculo de confianza con la víctima que derivó en un proceso de coacción permanente, basado en amenazas de difusión pública de imágenes íntimas obtenidas previamente.

"El acusado comenzó el requerimiento de imágenes del cuerpo de la niña como a la madrugada del 13 de enero de 2020, a las 5:13, le solicitó fotografías en ropa interior para lo que le dijo era una campaña de modelaje, accediendo la niña", detalló la resolución a la que accedió Infobae.

De esta forma, la menor fue compelida a producir y enviar fotografías y videos con contenido sexual, a participar en videollamadas de carácter sexual explícito y a soportar prácticas abusivas que el tribunal calificó como "gravemente ultrajantes" para su edad y grado de desarrollo.

Los datos de las tarjetas que le proporcionó la menor bajo coacción fueron utilizadas para realizar consumos y operaciones no autorizadas en múltiples comercios y plataformas. Además, el acusado exigió transferencias de dinero en efectivo y depósitos a través de sistemas de pagos extrabancarios y billeteras virtuales de alrededor de $350.000 en total.

De las pericias informáticas realizadas tras los allanamientos y secuestros, surgió la existencia de decenas de videos y fotografías con representaciones sexuales de personas menores de 18 años. Entre ellas también había imágenes que, según el dictamen médico-forense, correspondían a niños y niñas de menos de 13 años. También tenía registros de conversaciones, documentación de identidad, capturas de pantalla de movimientos financieros y datos personales de múltiples víctimas.

Durante los tres años en los que se extendieron los múltiples delitos, la adolescente desarrolló un cuadro de traumatismo psíquico, con síntomas de ansiedad, aislamiento, descenso del rendimiento escolar, recuerdos intrusivos, alteraciones del sueño y conductas autodestructivas. En agosto de 2022 debió ser internada tras ingerir medicación sin prescripción, episodio que los jueces vincularon con el contexto de amenazas y hostigamiento constante.

"No me gusta que me vean llorando, pienso que me vería débil", sostuvo la denunciante y detalló cómo se sintió cuando rompió el silencio tras tres años de violencias: "Las primeras noches después de contarlo dormí con un cuchillo al lado o con mis papás".

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